Implante dentalGetty Images

Implantes dentales: cuánto hay que esperar para reponer un diente perdido

Los implantes dentales se han relacionado durante mucho tiempo con pacientes de edad avanzada. Sin embargo, pueden ser una alternativa para adultos de edades muy distintas. A la hora de valorar su colocación, los años no son el único elemento que se tiene en cuenta. El estado del hueso y de las encías, la salud general y determinados hábitos del paciente resultan igualmente relevantes.

Cuando se pierde un diente, una de las dudas habituales es si existe una edad concreta a partir de la cual resulta adecuado sustituirlo mediante un implante. La respuesta depende de varios factores. Antes de tomar una decisión es necesario analizar las condiciones de la boca, las características de la pieza perdida y el estado de salud de cada paciente.

«En consulta, lo primero que queremos saber es qué ha pasado con ese diente y cómo está el resto de la boca. A partir de ahí valoramos el hueso disponible, las encías, la mordida y la salud general del paciente. Son todos estos elementos los que nos permiten decidir si un implante es una buena opción y cómo debemos planificarlo», explican la Dra. Almudena Herraiz y el Dr. Joaquín Huesca, especialista en implantología.

El estado del hueso y de las encías

Entre los primeros aspectos que deben examinarse se encuentran la cantidad y la calidad del hueso existente en el lugar en el que falta el diente. Después de una extracción o de la pérdida de una pieza dental, ese hueso puede reducirse de manera progresiva. De este modo, el tiempo transcurrido desde que se produjo la pérdida también puede condicionar el tratamiento.

A esta valoración se suma el estado de las encías. Cuando existe una enfermedad periodontal activa, es necesario tratarla y controlar previamente la inflamación antes de proceder a la colocación del implante. El estudio no termina ahí. También se comprueba cómo se encuentran los dientes próximos, cuánto espacio existe y de qué manera encajan las piezas dentales durante la mordida.

«El implante necesita un entorno sano. Si hay una enfermedad de las encías sin tratar o no tenemos suficiente hueso, primero tenemos que solucionar esas cuestiones. En algunos casos también hay que preparar la posición de los dientes antes de colocar la pieza que falta», señalan los expertos.

Pacientes jóvenes

La edad adquiere una importancia especial cuando se trata de pacientes jóvenes. En estos casos existe una condición imprescindible: los maxilares deben haber completado su crecimiento. Mientras el desarrollo óseo continúa no se recomienda colocar implantes dentales.

Una persona de 60, 70 u 80 años puede ser candidata si las condiciones de su boca y su estado general de salud permiten el procedimiento

Ese momento suele producirse alrededor de los 18 años, aunque no ocurre necesariamente a la misma edad en todas las personas. Una vez superada esta etapa, el hecho de cumplir años no constituye por sí solo un impedimento para recurrir a este tratamiento.

Así, una persona de 60, 70 u 80 años puede ser candidata a llevar un implante si tanto las condiciones de su boca como su estado general de salud permiten realizar el procedimiento. Por tanto, después de que finalice el crecimiento, la valoración deja de depender fundamentalmente de la edad y pasa a centrarse en las circunstancias particulares de cada paciente.

La salud general y la medicación

Antes de realizar la intervención también resulta necesario conocer el estado general de salud. Algunas enfermedades pueden incrementar el riesgo de que aparezcan complicaciones cuando no se encuentran correctamente controladas. Del mismo modo, determinados medicamentos pueden hacer necesarias medidas específicas.

La diabetes es uno de los ejemplos. Tener esta enfermedad no descarta de forma automática la posibilidad de recibir un implante, aunque resulta importante que se encuentre controlada. En paralelo, el paciente debe informar de la medicación que toma habitualmente, con especial atención a aquellos tratamientos que afectan al metabolismo óseo.

Los hábitos personales constituyen otro elemento de la valoración. El tabaco, una higiene oral deficiente o el bruxismo pueden repercutir en los tejidos situados alrededor del implante y también influir en su mantenimiento posterior.

«A veces pensamos que un paciente joven parte con ventaja simplemente por ser joven, pero no necesariamente es así. Si fuma, tiene una periodontitis activa o no puede mantener una buena higiene, esos factores pueden ser mucho más relevantes para el tratamiento. Lo mismo ocurre al revés: ser mayor no significa que una persona no pueda tener unas condiciones muy buenas para llevar un implante», apunta la doctora.

Valorar pronto cómo sustituir el diente

La colocación de un implante no tiene por qué realizarse inmediatamente después de perder una pieza. No obstante, sí resulta conveniente estudiar pronto las diferentes opciones de tratamiento. El paso del tiempo puede ir acompañado de una pérdida de hueso que complique posteriormente la colocación del implante y que, en algunos casos, obligue a realizar tratamientos adicionales.

El paso del tiempo puede ir acompañado de una pérdida de hueso que complique posteriormente la colocación del implante

Mantener durante años el espacio dejado por un diente perdido también puede tener consecuencias en el resto de la boca. Los dientes vecinos pueden desplazarse y esos movimientos pueden terminar modificando la mordida.

Por este motivo, preguntarse únicamente si una persona «tiene edad» para colocarse un implante ofrece una visión incompleta. La edad sí determina un momento concreto en los pacientes más jóvenes, ya que es necesario esperar a que haya terminado el crecimiento de los maxilares. A partir de entonces, sin embargo, son otros factores los que adquieren un peso fundamental.

El hueso disponible, la situación de las encías, el estado general de salud, la medicación, determinados hábitos y las características particulares de cada boca son los elementos que permiten establecer si un paciente puede recibir un implante y cómo debe planificarse el tratamiento. La decisión, por tanto, requiere una valoración individual de todas estas circunstancias.