Pastillas para dormirGetty Images

Pastillas para dormir: por qué su uso puede acabar generando dependencia

En 2024 el 4,5 % de la población de 15 a 64 años consumía hipnosedantes a diario o casi a diario durante los últimos 30 días

Dormir se ha convertido en un reto para muchas personas. El estrés, las exigencias del día a día y la dificultad para desconectar al final de la jornada hacen que los fármacos para la ansiedad o el insomnio formen parte de la rutina de una parte de la población. Lo que comienza como una ayuda puntual puede terminar convirtiéndose en un hábito difícil de abandonar.

En España, el consumo de hipnosedantes se mantiene en niveles elevados. El Informe OEDA 2025 señala que el 27,4 % de la población de entre 15 y 64 años había consumido hipnosedantes, con o sin receta, alguna vez en su vida en 2024, el máximo registrado en la serie histórica. Además, unas 456.000 personas iniciaron su consumo durante los 12 meses anteriores a la encuesta.

Los datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) dibujan también un escenario de consumo habitual de benzodiacepinas. Según una encuesta realizada a una muestra representativa de españoles de entre 18 y 70 años, el 22 % tomaba en ese momento tranquilizantes o pastillas para dormir y cuatro de cada diez consumidores actuales de benzodiacepinas afirmaban hacerlo a diario.

De ayuda puntual a rutina

Recurrir a un medicamento para afrontar una etapa de insomnio, ansiedad o estrés puede parecer una solución inmediata. El problema aparece cuando su uso se prolonga y la persona empieza a sentir que necesita la medicación para poder dormir o afrontar el día.

«Muchas personas no identifican que existe un problema porque el consumo está avalado socialmente y normalizado en su entorno», señala Antonio Peña, médico especializado en Adicciones de Esvidas.

A esta normalización se suma otro factor: buena parte de estos tratamientos se inicia con una prescripción médica, lo que puede contribuir a que el paciente perciba el consumo como exento de riesgos. Sin embargo, que un medicamento esté indicado y prescrito no significa que su uso pueda prolongarse indefinidamente. La duración del tratamiento y la retirada deben valorarse de forma individual y con supervisión sanitaria.

El propio OEDA registra que en 2024 el 4,5 % de la población de 15 a 64 años consumía hipnosedantes a diario o casi a diario durante los últimos 30 días.

Del insomnio a la dependencia

En muchos casos, el consumo comienza vinculado a una circunstancia concreta: una época de estrés laboral, un periodo de ansiedad, un duelo o un cambio importante en la vida. La medicación puede proporcionar entonces un alivio a corto plazo. Pero cuando se mantiene durante demasiado tiempo, pueden aparecer tolerancia y dependencia, dos de los riesgos asociados a determinados fármacos utilizados para tratar la ansiedad y el insomnio.

La dependencia no siempre se manifiesta de forma evidente. Puede aparecer también como la sensación de que resulta imposible dormir sin tomar la pastilla, incluso cuando la situación que originó el problema ya ha desaparecido.

«Muchas personas no consumen para dormir mejor, sino para evitar el miedo a no dormir», recalca Adrián Gallardo, director terapéutico de Esvidas.

Esa relación psicológica con el medicamento puede hacer que abandonar el tratamiento resulte especialmente difícil. Por ello, cuando una persona lleva tiempo tomando este tipo de fármacos, no se recomienda suspenderlos por su cuenta: la retirada debe plantearse con un profesional sanitario y, cuando sea necesario, de forma gradual.

El impacto no termina al apagar la luz

Los efectos de los fármacos utilizados para tratar el insomnio o la ansiedad no se limitan a las horas de sueño. Dependiendo del medicamento, la dosis y las características de cada persona, pueden aparecer somnolencia durante el día, problemas de concentración, alteraciones de la memoria o dificultades para desenvolverse con normalidad.

Cuando existe un tratamiento farmacológico, la decisión de mantenerlo, modificarlo o retirarlo debe corresponder al profesional sanitario

La OCU ya ha advertido de efectos como la somnolencia diurna y de las dificultades que algunos consumidores experimentan al dejar estos tratamientos.

«Estos medicamentos no solo influyen en el sueño, sino también en la forma en que la persona se siente y se relaciona con su entorno», asegura el médico de Esvidas.

Además, el uso prolongado de determinados hipnosedantes puede generar dependencia y hacer que la retirada resulte complicada. Por eso, el objetivo no debería ser únicamente conseguir dormir esa noche, sino abordar las causas que están detrás del insomnio cuando este se mantiene en el tiempo.

Dormir mejor sin pastilla

No todos los problemas de sueño requieren medicación. Cuando el insomnio está relacionado con determinados hábitos, estrés o problemas emocionales, existen otras estrategias que pueden ayudar a mejorar el descanso.

Mantener horarios regulares, reducir la exposición a pantallas antes de acostarse y establecer una rutina que permita desconectar progresivamente son algunas de las medidas que pueden favorecer una mejor higiene del sueño. También es importante prestar atención a factores como la ansiedad, el estrés o determinadas situaciones vitales que pueden estar interfiriendo en el descanso.

La OCU recomienda revisar los hábitos de sueño y recuerda que los medicamentos para dormir deben utilizarse bajo supervisión médica y durante el tiempo indicado.

Cuando existe un tratamiento farmacológico, la decisión de mantenerlo, modificarlo o retirarlo debe corresponder al profesional sanitario que conozca el caso. Y ante un consumo prolongado, especialmente si existe sensación de dependencia, abandonar las pastillas de forma brusca puede no ser la opción adecuada.

Dormir bien no consiste únicamente en sumar horas de sueño. También implica recuperar un descanso reparador sin que una pastilla se convierta, con el paso del tiempo, en la condición imprescindible para cerrar los ojos.