Neuralgia de trigémino
Día Internacional de la Neuralgia del Trigémino
Neuralgia del trigémino: qué es, cuáles son sus síntomas y cómo tratarlo
Más de 35.000 personas padecen este trastorno neurológico en España
La neuralgia del trigémino, un trastorno neurológico que provoca episodios de dolor facial extremo, afecta en España a más de 35.000 personas y cada año se diagnostican alrededor de 2.000 nuevos casos, según los datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN).
El Dr. Roberto Belvís, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología explica: «El nervio trigémino es el principal nervio sensitivo de la cara: sus tres ramas recorren la frente y el ojo, la mejilla y la mandíbula, y es también responsable de la musculatura de la masticación. Cuando este nervio se irrita o se comprime, puede generar episodios de dolor tan intensos que la comunidad médica lo sitúa entre los tipos de dolor más intensos que existen», afirma el doctor este 7 de octubre, Día Internacional de la Neuralgia del Trigémino.
El dolor presenta unas características muy concretas. El dolor de la neuralgia del trigémino tiene un carácter muy característico:
características del dolor
- Aparece de forma súbita
- Intensidad similar a una descarga eléctrica
- Puede desencadenarse ante estímulos tan cotidianos como hablar, masticar, sonreír, bostezar, lavarse la cara o los dientes, o simplemente cualquier roce sobre la piel.
- En la gran mayoría de los casos (más del 90 %) afecta a un solo lado de la cara, y son las ramas maxilar y mandibular las que se ven implicadas con mayor frecuencia
- El dolor bilateral es poco habitual.
Más frecuente a partir de los 50 años
La neuralgia del trigémino puede aparecer a cualquier edad, aunque su frecuencia aumenta con los años y es algo más habitual en mujeres que en hombres, en una proporción aproximada de 1,5 a 1.
El pico de aparición se sitúa entre los 50 y los 55 años, mientras que las tasas más elevadas de prevalencia se registran a partir de la sexta década de vida. Se estima que alrededor del 0,3 % de la población española desarrollará este trastorno a lo largo de su vida.
En la mayoría de los casos se trata de la denominada neuralgia del trigémino clásica, causada por la compresión de la raíz del nervio por un vaso sanguíneo. Alrededor del 15 % de los casos son secundarios a otras enfermedades, como la esclerosis múltiple o determinados tumores. En aproximadamente un 10 % no se identifica una causa concreta y se consideran idiopáticos. Las formas familiares son poco frecuentes y representan entre el 1 % y el 2 % de los casos.
Un diagnóstico tardío
Uno de los principales problemas de esta enfermedad es precisamente reconocerla. Al no ser el tipo de dolor facial más frecuente, puede confundirse inicialmente con problemas dentales, migraña, cefalea en racimos, trastornos de la articulación temporomandibular, sinusitis u otitis.
«Uno de los mayores problemas de esta enfermedad es el retraso en su diagnóstico. Al no tratarse del tipo de dolor facial más frecuente, es habitual que en la primera consulta se confunda con otras patologías más comunes como problemas dentales, migraña, cefalea en racimos, trastornos de la articulación temporomandibular, sinusitis u otitis, entre otras, lo que hace que más del 40 % de los pacientes reciba inicialmente un diagnóstico erróneo y que el diagnóstico definitivo se demore, de media, al menos un año. Para ayudar a reducir estos tiempos, el Grupo de Estudio de Cefaleas de la SEN publicó un documento de consenso dirigido a los profesionales sanitarios con los criterios diagnósticos y las pautas de tratamiento de la enfermedad, que puede consultarse», señala el Dr. Roberto Belvís.
Más allá del dolor físico
El impacto de la neuralgia del trigémino va más allá del dolor físico. La ansiedad y la depresión son casi tres veces más frecuentes en estos pacientes que en la población general. Además, un 34 % ve reducida su capacidad laboral y más de la mitad experimenta algún tipo de limitación en sus actividades cotidianas.
El trastorno también puede provocar aislamiento social, alteraciones del sueño y problemas de alimentación, ya que algunos pacientes llegan a evitar masticar por miedo a desencadenar una nueva crisis. En los casos más graves pueden aparecer conductas suicidas asociadas a los episodios de dolor, razón por la que la enfermedad ha llegado a ser conocida como «la enfermedad del suicidio».
«Por eso insistimos tanto en la importancia de intentar acortar los tiempos de diagnóstico, porque cuanto antes se identifique la enfermedad, antes se puede empezar un tratamiento adecuado para tratar de evitar que esta enfermedad condicione por completo la vida de los pacientes», destaca el Dr. Roberto Belvís.
Tratamientos para controlar el dolor
El tratamiento inicial de la neuralgia del trigémino es farmacológico. Según la SEN, con las opciones disponibles actualmente entre el 80 % y el 85 % de los pacientes logran quedar libres de dolor a largo plazo.
Sin embargo, alrededor de un 20 % no responde adecuadamente al tratamiento o desarrolla efectos adversos que obligan a valorar otras alternativas. En estos casos pueden plantearse diferentes procedimientos, desde técnicas percutáneas y radiocirugía hasta intervenciones quirúrgicas como la descompresión microvascular, especialmente cuando se confirma que un vaso sanguíneo está comprimiendo el nervio.
«En los últimos años, ciertas las técnicas diagnósticas han ganado precisión y son capaces de identificar con mayor claridad la compresión del nervio por un vaso sanguíneo, lo que permite seleccionar mejor a los pacientes que realmente podrían beneficiarse de una cirugía. Además, se han mejorado ciertas técnicas intervencionistas mínimamente invasivas, como determinadas modalidades de neuromodulación y radiofrecuencia, que pueden plantearse en pacientes seleccionados, especialmente cuando el tratamiento farmacológico no consigue controlar adecuadamente el dolor. Unas alternativas que han ampliado las posibilidades de tratamiento para aquellos pacientes en los que la medicación no resulta suficiente o que no son buenos candidatos a una cirugía convencional», concluye el Dr. Roberto Belvís.