La catarata aparece cuando el cristalino pierde progresivamente su transparencia
Día Mundial de la Visión
Volver a leer sin gafas después de años puede ser una señal de cataratas: estos son los síntomas
Volver a leer sin gafas después de años utilizándolas puede parecer una buena noticia. Sin embargo, en algunos casos, este cambio puede estar relacionado con la evolución de una catarata y con las modificaciones que experimenta el cristalino, la lente natural del ojo.
Se trata de un fenómeno que puede pasar desapercibido porque el paciente no siempre lo interpreta como un problema visual. En determinadas cataratas, especialmente las de tipo nuclear, el cristalino puede modificar la graduación del ojo y provocar un desplazamiento hacia la miopía. Como consecuencia, algunas personas pueden comprobar que leen mejor sin sus gafas habituales, aunque al mismo tiempo hayan perdido calidad de visión a distancia.
En España, más de 120.000 personas esperaban a finales de 2025 para someterse a una intervención de cataratas, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad. A escala mundial, la catarata constituye una de las principales causas de discapacidad visual y ceguera. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 94 millones de personas presentan problemas de visión relacionados con cataratas no tratadas.
Con motivo del Día Mundial de la Visión, la Clínica Oftalmológica Martínez de Carneros explica cuáles son las primeras señales que pueden alertar de una catarata, qué factores pueden favorecer su aparición y cuándo puede ser recomendable valorar una intervención quirúrgica.
El cristalino pierde transparencia
La catarata aparece cuando el cristalino pierde progresivamente su transparencia. Aunque la visión borrosa o nublada es uno de sus síntomas más conocidos, los primeros cambios no siempre se manifiestan como una pérdida evidente de visión.
En las cataratas de tipo nuclear, por ejemplo, el cristalino puede experimentar cambios que modifican la graduación y desplazan el ojo hacia la miopía. Esto puede hacer que una persona que necesitaba gafas para leer descubra que ya no las necesita para realizar esta actividad. Esa aparente mejoría no significa necesariamente que la visión haya mejorado.
«Hay pacientes que llegan a consulta sorprendidos porque creen que están viendo mejor de cerca y, sin embargo, han empezado a perder calidad visual a distancia. Ese cambio en la graduación puede formar parte de la evolución de una catarata y es uno de los motivos por los que conviene no valorar únicamente si necesitamos o no gafas, sino cómo ha cambiado nuestra visión en su conjunto», explica la Dra. Paloma Martínez de Carneros, oftalmóloga de la Clínica Oftalmológica Martínez de Carneros.
Además de los cambios en la graduación, existen otros síntomas que pueden aparecer de forma progresiva: visión borrosa, mayor sensibilidad a los deslumbramientos –especialmente al conducir de noche–, menor intensidad en la percepción de los colores o necesidad de cambiar con frecuencia la graduación de las gafas.
La catarata no solo es de ancianos
La edad es el principal factor de riesgo para desarrollar cataratas. Con el envejecimiento, las proteínas del cristalino sufren modificaciones que pueden hacer que esta estructura pierda progresivamente su transparencia. A partir de los 70 años, muchas personas presentan cataratas o ya han sido intervenidas para tratarlas.
Sin embargo, el envejecimiento no es el único factor relacionado con su aparición. La diabetes, el tabaquismo, la exposición prolongada a la radiación ultravioleta, determinados tratamientos con corticoides, los antecedentes familiares, los traumatismos oculares y algunas cirugías oculares también pueden incrementar el riesgo o favorecer que la catarata aparezca antes.
Entre estos factores, la diabetes requiere especial atención. Las personas con esta enfermedad presentan un mayor riesgo de desarrollar cataratas y pueden hacerlo a edades más tempranas. Mantener bajo control las enfermedades crónicas y realizar revisiones oftalmológicas resulta especialmente importante cuando existen factores de riesgo.
«Aunque la catarata está estrechamente relacionada con el envejecimiento, no deberíamos pensar que cualquier cambio visual antes de una determinada edad es imposible o que necesariamente tiene que esperar a los 70 años. Existen factores que pueden hacer que aparezca antes y, ante una pérdida de calidad visual o un cambio llamativo en la graduación, lo recomendable es comprobar cuál es la causa», señala la especialista.
Cómo reducir factores de riesgo
No existe una manera de prevenir por completo las cataratas asociadas al envejecimiento. Sin embargo, determinadas medidas pueden ayudar a reducir algunos de los factores que favorecen su aparición.
Entre ellas se encuentran proteger los ojos de la radiación ultravioleta, evitar el tabaco, prevenir los traumatismos oculares y mantener controladas enfermedades como la diabetes.
Ante cualquier cambio llamativo en la visión, especialmente si aparece una modificación inesperada de la graduación o una pérdida de calidad visual, una revisión oftalmológica puede ayudar a determinar si existe algún problema en el cristalino.
No es necesario esperar para operar
Durante años ha estado extendida la idea de que era necesario esperar a que una catarata estuviera muy avanzada para realizar la cirugía. Sin embargo, actualmente la decisión de intervenir no depende de que la catarata alcance un determinado grado de madurez.
La indicación quirúrgica se valora en función de cómo afecta la catarata a la visión y a la calidad de vida de cada paciente
«No hay que esperar a que una catarata esté completamente avanzada para plantear una intervención. La indicación quirúrgica se decide de manera individual y tiene que ver con la calidad visual del paciente y con el impacto que esa pérdida de visión tiene en su día a día. Además, hoy contamos con herramientas como el láser de femtosegundo, que permite realizar con mayor precisión algunas de las fases de la cirugía, y con diferentes tipos de lentes intraoculares que podemos seleccionar en función de las características y necesidades de cada paciente», explica la Dra. Martínez de Carneros.
En qué consiste la operación
La intervención consiste en retirar el cristalino afectado y sustituirlo por una lente intraocular. La elección de esta lente se realiza de manera personalizada y tiene en cuenta factores como las características del ojo, la graduación, las actividades habituales y las expectativas visuales del paciente.
La evolución de las cataratas tampoco es igual en todas las personas. Por este motivo, no existe un momento único para realizar la intervención. La valoración por parte de un especialista permite determinar hasta qué punto los cambios en el cristalino están afectando a la calidad visual y decidir, en función de las circunstancias de cada paciente, cuál es la opción más adecuada.