Consulta de columna
¿Cuándo hay que operar la columna? Los tres factores que los neurocirujanos tienen en cuenta
El dolor cervical y lumbar es muy frecuente y puede aumentar con la edad, cuando el desgaste progresivo de las estructuras de la columna empieza a hacerse más evidente. Sin embargo, tener cambios degenerativos en las vértebras, los discos o las articulaciones no significa necesariamente que sea necesario pasar por quirófano. La clave está en identificar qué está provocando los síntomas y, especialmente, determinar si existe algún tipo de afectación neurológica.
La denominada patología degenerativa de la columna engloba diferentes alteraciones que afectan de forma progresiva a los discos intervertebrales, las articulaciones, los ligamentos y otras estructuras vertebrales. Entre las patologías que con mayor frecuencia llegan a las consultas de Neurocirugía se encuentran la discopatía degenerativa, las hernias discales y la estenosis del canal vertebral.
«La columna es el principal soporte estructural del cuerpo y está sometida durante toda nuestra vida a cargas, movimientos y esfuerzos. Con el paso de los años sus estructuras van degenerando, aunque la edad no es el único factor que interviene», explica el Dr. Francisco Villarejo, jefe de Servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario La Luz, del grupo Quirónsalud.
Además del envejecimiento, los trabajos que implican esfuerzos físicos repetidos, las sobrecargas mantenidas, determinadas prácticas deportivas y algunos hábitos posturales pueden contribuir al deterioro de las estructuras de la columna.
Cuándo ir al traumatólogo
Uno de los principales retos consiste en distinguir un episodio habitual de dolor de espalda de aquel que puede estar relacionado con una alteración estructural que requiere un estudio más detallado.
Cuando el dolor persiste, especialmente en personas de mayor edad o si aparece acompañado de otros síntomas, es importante realizar una valoración clínica que permita determinar su origen.
«El dolor es importante, pero no debemos fijarnos únicamente en cuánto duele. La pérdida de fuerza, las alteraciones de sensibilidad o de los reflejos pueden indicarnos que existe una afectación neurológica y requieren una valoración adecuada», señala el neurocirujano.
El estudio comienza con la historia clínica y la exploración física y neurológica. En función de los resultados, el especialista puede solicitar pruebas de imagen como radiografías, resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TAC).
Estas pruebas permiten analizar con mayor detalle las estructuras de la columna y detectar alteraciones como hernias discales, estenosis del canal o cambios degenerativos.
Pero encontrar una anomalía en una prueba de imagen no significa automáticamente que haya que operar. «Una resonancia puede mostrarnos una lesión, pero la decisión terapéutica no debe basarse únicamente en una imagen. Tenemos que comprobar que existe una correspondencia entre lo que vemos, los síntomas del paciente y los hallazgos de la exploración neurológica», subraya el especialista.
Tratamiento conservador
Cuando no existen criterios que indiquen la necesidad de una intervención quirúrgica, el tratamiento suele comenzar por medidas conservadoras.
Dependiendo de las características de cada paciente, pueden incluir fisioterapia, rehabilitación, analgesia y tratamiento antiinflamatorio, además de ejercicios y medidas destinadas a recuperar la movilidad y mejorar la función.
La cirugía se reserva fundamentalmente para aquellos casos en los que existe una lesión estructural que explica los síntomas
La cirugía se reserva fundamentalmente para aquellos casos en los que existe una lesión estructural que explica los síntomas, aparecen signos objetivos de afectación neurológica o el dolor continúa pese a haber realizado un tratamiento conservador adecuado.
Tres elementos para operar
El Dr. Villarejo resume la indicación quirúrgica en tres elementos fundamentales:
- Debe existir una prueba radiológica que identifique la lesión
- Una exploración clínica o neurológica compatible
- Unos síntomas que no mejoren con el tratamiento conservador
«La cirugía tiene sentido cuando todos estos elementos encajan en un mismo diagnóstico».
En determinadas situaciones, especialmente cuando existe un déficit neurológico significativo o progresivo, la valoración quirúrgica puede adquirir una mayor prioridad.
Así ha evolucionado las técnicas
La cirugía de columna ha evolucionado de forma notable durante las últimas décadas. Algunas hernias discales se trataban tradicionalmente mediante hemilaminectomía y discectomía, mientras que determinadas estenosis del canal podían requerir laminectomías amplias. En casos graves de discopatía degenerativa también podían emplearse técnicas de artrodesis.
Actualmente, siempre que las características de la lesión y del paciente lo permiten, la tendencia es resolver el problema provocando el menor daño posible en las estructuras sanas que rodean la zona afectada.
En el Hospital Universitario La Luz, el equipo del Dr. Francisco Villarejo apuesta por la microcirugía de columna mediante microscopio quirúrgico para abordar diferentes patologías degenerativas.
En este sentido, el doctor explica que el microscopio nos proporciona una iluminación muy potente, gran aumento y una visión tridimensional del campo quirúrgico. Podemos identificar con mucha precisión las estructuras nerviosas y trabajar sobre la zona que está provocando el problema intentando preservar al máximo los tejidos circundantes.
En determinadas hernias discales, el objetivo es retirar mediante un abordaje reducido el fragmento de disco que está comprimiendo las estructuras nerviosas. En pacientes seleccionados también pueden emplearse espaciadores interespinosos.
Para algunas estenosis del canal, la microcirugía permite realizar procedimientos de descompresión como la flavectomía, que consiste en retirar el ligamento amarillo cuando contribuye a la compresión, o la foraminotomía, destinada a ampliar el espacio por el que salen las raíces nerviosas.
En determinados pacientes con patología degenerativa también pueden utilizarse sistemas de estabilización o espaciadores. Las técnicas más extensas, como la instrumentación mediante tornillos transpediculares, se reservan para aquellos casos en los que están indicadas.
Cirugía menos agresiva
La cirugía mínimamente invasiva no consiste únicamente en realizar una incisión más pequeña. Su objetivo es reducir la manipulación de músculos y huesos necesaria para llegar hasta la zona afectada, preservar las estructuras sanas y facilitar la recuperación posterior.
«Siempre que podamos solucionar el problema mediante una cirugía menos agresiva, evitando actuaciones innecesarias sobre hueso, músculo o articulaciones, estaremos favoreciendo una recuperación más llevadera para el paciente», afirma el Dr. Villarejo.
La elección de la técnica quirúrgica debe individualizarse en cada caso. La localización de la lesión, el grado de degeneración, la posible existencia de inestabilidad vertebral, los síntomas neurológicos, las características anatómicas y el estado general del paciente son algunos de los factores que deben analizarse antes de decidir el procedimiento.
Para el especialista, la evolución de la cirugía de columna pasa precisamente por una mayor personalización del tratamiento: no se trata de operar una imagen radiológica, sino de tratar al paciente y la repercusión real que la lesión tiene sobre su calidad de vida.
«El objetivo no es hacer más cirugía, sino indicar correctamente cuándo es necesaria y, cuando lo es, resolver el problema con la técnica que permita obtener el mejor resultado causando la menor agresión posible», concluye el jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario La Luz.