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16 de julio de 2024

Polyana Resende, durante una ecografía

Polyana Resende, durante una ecografíaBBC

Salud

Salvan la vida de un bebé tras quemarle un tumor cuando aún estaba en el útero

Una milagrosa operación logra eliminar una rara malformación congénita a un niño que se encontraba en su semana 29 de gestación

La periodista brasileña Polyana Resende Brat, de 34 años, dio a luz a su primer hijo, Ragnar, el pasado 18 de mayo. Aunque ella y su marido ya habían elegido el nombre hacía tiempo, las aciagas circunstancias por las que tuvo que pasar antes venir al mundo le brindan un significado especial. Al igual que el aguerrido rey vikingo Ragnar Lodbrok, de quien lo hereda, el pequeño libró su propia batalla cuando todavía estaba en el vientre de su madre. Y aunque su victoria podía implicar ciertas dificultades desde el punto de vista médico, la ciencia le ayudó a ganarla.

Polyana estaba todavía en su segundo trimestre de gestación cuando los médicos detectaron la presencia de un tumor en el pecho del feto. Se trataba de una extraña condición conocida como «secuestro pulmonar», caracterizada por la aparición de una masa con aspecto de pulmón y que recibe flujo sanguíneo, pero que, sin embargo, carece de función.

Pese a que el tumor era benigno, es decir, no cancerígeno; estaba creciendo y comprimiendo los órganos de bebé, además de robar parte de la sangre del cuerpo y provocar que se depositara agua en la región del pulmón. Por ello, los médicos le expusieron a la joven la crudeza de la situación: si no la operaban, el bebé moriría. Y si daba a luz de urgencia, al encontrarse todavía en la semana 29 de gestación, también lo haría.

«Fue desesperante. Tenía que mantener la fe y buscar los mejores especialistas. Tenemos que valorar la ciencia y saber que puede ir de la mano de la fe. Es lo que mi esposo, quien estuvo a mi lado durante todos los procedimientos, y yo, hicimos», explicó Polyana en declaraciones a la BBC.

Para llevar a cabo la operación, los médicos debían cauterizar uno de los vasos sanguíneos para que el tumor dejase de recibir sangre. Asustada, pidió opinión a otros médicos, pero todos le dijeron lo mismo, por lo que terminó accediendo. Pero aunque la operación fue bien, a los diez días descubrieron que la circulación del tumor había tomado otro camino y, en consecuencia, la masa había vuelto a crecer.

Plan B

Por suerte, no todo estaba perdido. El plan B pasaba por utilizar la misma técnica empleada en la primera operación pero en el bebé, con el propósito de destruir la formación tumorosa al completo. Polyana no perdió la esperanza. «Ya habían oído de parte nuestra y de otros doctores que una segunda cirugía podía ser necesaria, pero las expectativas eran altas», explica la doctora Danielle do Brasil, miembro del equipo que realizó la cirugía.

Tras casi cuatro horas de operación sin anestesia, la intervención fue un éxito, esta vez sin sorpresas ni complicaciones inesperadas. «Fue la decisión más difícil de mi vida. En una cirugía fetal, no siempre sabemos los pasos de todo lo que va a ocurrir. Tenía un objetivo móvil, que era el tumor, dentro de otro objetivo móvil, que era el líquido amniótico, y estaba tratando de alcanzar la masa con algo que no se podía mover: la aguja», asegura la cirujana.

Con 3,2 kilogramos y 49 centímetros y sin rastro de cicatriz alguna en su cuerpo, Ragnar, el guerrero brasileño, terminó imponiendo su «sed de vida», como bien apunta su madre ahora que puede sostenerle en brazos.

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