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Una persona fumando en una terrazaEuropa Press

Más del 70 % de las personas con trastornos mentales fuma y casi ninguna recibe ayuda para dejarlo

En personas con enfermedades graves, como la psicosis crónica, la nicotina actúa de forma distinta en el cerebro, lo que ayuda a explicar la elevada dependencia

Más del 71 % de las personas con trastornos mentales atendidas en dispositivos de salud mental y adicciones en España presenta criterios de trastorno por consumo de tabaco (TUT). Así lo señala el estudio Trastorno por Uso de Tabaco en España (TUT-ESP), impulsado por la Fundación Española de Patología Dual y pendiente de publicación.

El TUT está reconocido como un trastorno mental en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) de la Asociación Americana de Psiquiatría. Pese a su elevada prevalencia, el 73 % de estos pacientes nunca habría recibido tratamiento para reducir o abandonar el consumo, ni psicológico ni farmacológico, ni una combinación de ambos.

«Las personas con trastornos mentales, especialmente los más graves, suelen presentar además otro trastorno mental como es el TUT», explica el doctor Néstor Szerman, psiquiatra e investigador del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón y presidente de la Fundación Patología Dual. «Como ocurre con otras adicciones, se trata de una enfermedad cerebral que requiere un tratamiento adecuado».

Entre las opciones terapéuticas se encuentran tratamientos farmacológicos como la vareniclina. Sin embargo, muchos pacientes, incluso con una clara voluntad de dejar de fumar, no lo consiguen o no acceden al abordaje más adecuado, señala el especialista.

Junto a los fármacos, existen alternativas no farmacológicas para la cesación o la reducción del consumo. Entre ellas destacan los dispositivos electrónicos de administración de nicotina y las bolsitas de nicotina de uso oral.

Un estudio reciente publicado en la revista Nicotine & Tobacco Research muestra que los fumadores que comienzan a utilizar el cigarrillo electrónico como complemento al tabaco convencional tienen más probabilidades de dejar de fumar, tanto a corto plazo (cuatro semanas) como a largo plazo (un año), en comparación con quienes continúan fumando exclusivamente.

Según Szerman, en personas con trastornos mentales graves, como la psicosis crónica, la nicotina actúa de forma distinta en el cerebro, lo que ayuda a explicar la elevada dependencia. «La transición progresiva hacia un tratamiento sustitutivo, incluso combinada inicialmente con tabaco tradicional, mejora el pronóstico», afirma.

El estudio también concluye que, aunque no se logre el abandono total, la combinación de cigarrillos electrónicos y tabaco convencional facilita una reducción significativa del consumo. Esto implica una menor exposición a sustancias químicas nocivas y se enmarca en la llamada terapia de reducción de daños.

Este enfoque lleva tiempo siendo defendido por la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) y la Fundación Patología Dual, que consideran que debería contemplarse siempre en el tratamiento del TUT en personas con otros trastornos mentales graves.

«Tradicionalmente, el tratamiento del consumo de tabaco en España ha recaído en la neumología, con un enfoque centrado únicamente en la cesación total», señala Szerman. «Esto no siempre tiene en cuenta los mecanismos cerebrales compartidos con otros trastornos mentales ni ofrece alternativas a quienes no consiguen dejar de fumar».

Las consecuencias son graves. Las personas con patología dual mueren, de media, entre 15 y 25 años antes que la población general, en muchos casos por enfermedades relacionadas con el tabaco, como patologías cardiovasculares, respiratorias o cáncer.

«Más allá de creencias o juicios morales, los pacientes necesitan respuestas basadas en la evidencia científica», concluye Szerman. «Y la evidencia respalda el tratamiento sustitutivo como una herramienta terapéutica eficaz para las personas con patología dual».