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El fundamento técnico reside en la capacidad del metal para actuar como un espejoPixabay

El sorprendente uso del papel de aluminio en las paredes que recomiendan los arquitectos

La documentación visual mediante fotografías del antes y el después resulta fundamental para que los técnicos detecten cambios

El uso de papel de aluminio en las paredes interiores ha ganado popularidad en el ámbito de la eficiencia doméstica debido a sus propiedades físicas para gestionar la temperatura. Los arquitectos y técnicos en edificación sugieren el empleo de este material como una solución económica y sencilla para reducir el gasto en calefacción durante los meses de frío.

El fundamento técnico reside en la capacidad del metal para actuar como un espejo frente a la radiación infrarroja, evitando que el calor generado por los emisores térmicos se pierda a través de los muros exteriores.

La aplicación más recomendada consiste en situar láminas de aluminio en el hueco existente entre el radiador y la pared. Habitualmente, gran parte de la energía producida por la calefacción es absorbida por el ladrillo o el hormigón, traspasando el cerramiento y disipándose hacia la calle. Al colocar esta barrera reflectante, el flujo de aire caliente rebota y vuelve hacia el centro de la habitación.

Para obtener un resultado óptimo, los expertos aconsejan fijar el papel sobre un panel rígido de cartón o corcho, asegurando que la cara más brillante quede orientada hacia el radiador, lo que maximiza el rebote térmico.

El origen de las humedades en viviendas

Por otro lado, también sirve para identificar el origen exacto de las humedades en viviendas. Esta técnica, recomendada por arquitectos, aprovecha las propiedades aislantes del metal para crear una cámara estanca sobre la superficie analizada, permitiendo distinguir si el agua procede del interior del muro o de la condensación del aire ambiental.

La sencillez del proceso, que solo requiere cinta adhesiva y una lámina de aluminio, lo convierte en una opción recurrente para evaluar el estado de edificios antiguos o estancias con poca ventilación, como las cocinas.

El procedimiento consiste en sellar un trozo de papel de aluminio sobre la pared, tensando los bordes con cinta para evitar que el aire circule por debajo. Tras un periodo de reposo de entre 24 y 48 horas, se procede a retirar el material para inspeccionar ambas caras. Si existen gotas o manchas oscuras en la parte del aluminio que estaba pegada al muro, se confirma que el agua se filtra a través de la propia estructura, mientras que un metal seco señalaría un problema derivado únicamente de la falta de aireación en la habitación.

La documentación visual mediante fotografías del antes y el después resulta fundamental para que los técnicos detecten cambios sutiles o el avance de eflorescencias. En casos donde se perciba moho activo, desprendimiento de revestimientos o un fuerte olor a cerrado, la prueba sirve como evidencia necesaria para solicitar una intervención estructural profunda.