Fundado en 1910
Javier Gómez de Liaño

A los cinco años de El Debate

Todos nos debemos al calendario, a nuestra vocación y a la suerte. La vida sigue como si tal cosa. Ojalá que el periódico continúe muchos años dando vueltas sobre su eje

Act. 04 oct. 2026 - 07:48

Han pasado 5 años desde que un buen día, Alfonso Bullón de Mendoza y Bieito Rubido emprendieron la aventura de refundar El Debate. Lo hicieron con el lema de defender la verdad en libertad. Hoy, tras este lustro de vida, quienes hacen el periódico se sienten orgullosos de cumplir la misión para la que nació y que tan necesitada está de reafirmarse ante la obsesión de algunos de acabar con los medios de comunicación y sacrificar el derecho a transmitir o recibir libremente información veraz. Se trata de una actitud que, en relación a España, se produce cuando la prensa asume la desagradable obligación de denunciar los abusos de poder cometidos en el seno del partido y de la familia del presidente del Gobierno y que recuerdan a la Ley de Defensa de la República de 1931 que castigaba la publicación de noticias que fueran «una agresión contra el nuevo orden».

Aunque no pertenezco al gremio, siempre me pareció que el periodismo consiste en contar lo que sucede y hacerlo para servir a los demás, lo cual significa que el periodista no puede ponerse al servicio de la nada como sinónimo de estar al servicio del poder, de la negación o del temor, que a la larga es algo que implica la negación de todo. Un periódico realmente comprometido es el que se jura lealtad a sí mismo y a sus lectores. Es más. Cuantas veces tengo la ocasión y ésta es una de ellas, me ratifico en que no existe ley que obligue a un periodista a depender de nadie. Esto es un dogma incontestable. A un medio de comunicación no se le pueden parar los pies por dar noticias ciertas, ni ser objeto de presión, ni dejarse coaccionar por el poder de la política o del dinero, que viene a ser lo mismo. Porque no le demos vueltas. Al poder, para satisfacer su bulimia, le sobra la prensa independiente, como le sobra una justicia independiente, y lo que le engorda es un periodismo reducido al silencio, un periodismo de compra y venta, un periodismo implicado en los amorales tejemanejes y chanchullos de unos y otros.

Lo sentenció con mano maestra el juez Hugo Lafallette Black, miembro de la Corte Suprema de los Estados Unidos entre 1937 a 1971: «La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes. Sólo una prensa libre y sin trabas puede denunciar, de una manera eficaz, los engaños del Gobierno (…)». Algo semejante había dicho 150 años antes Thomas Jefferson, presidente de los Estados Unidos desde 1801 a 1809, al declarar que «entre un país con gobierno y sin periódicos y un país con periódicos, pero sin gobierno, yo me quedo con esto último».

Es cierto que en el mundo puede haber y de hecho las hay, democracias de diferentes calidades, mejores y peores, plenas y raquíticas, pero no es menos verdad que sin una prensa libre una democracia vive en permanente riesgo. La libertad de expresión no es un derecho exclusivo de los periodistas. Es, sobre todas las cosas, un derecho humano esencial en el que se asienta. No basta, pues, con la existencia de medios de comunicación diversos e independientes, sino que es preciso que sean la voz de los ciudadanos. En esto consiste el periodismo. En contar lo que sucede y hacerlo con libertad. Quien busca en la libertad algo que no sea la libertad misma, es que ha nacido para esclavo. En la libertad no caben los espejismos, ni los señuelos, y no hay mayor siervo que quien se tiene por libre sin serlo. La libertad misma determina la libertad de palabra, aunque para algunos esto de la libertad de expresión, hablada o escrita, es algo así como una úlcera que no es grave, pero sí fastidiosa y que encima no se cura con psicoterapia.

Éste y no otro es el marco desde el que hay que examinar la tarea y la responsabilidad de la prensa. De ahí y es una reivindicación que hoy resulta apremiante, la necesidad de que el periodismo se aleje del poder político, del económico y de las propias tentaciones de dominio. Nada más peligroso para una democracia que los medios de comunicación sirvan intereses ajenos a su misión de ser vehículos del pensamiento. Téngase muy presente que sólo en la sociedad abierta existen periodistas libres. Nunca en una sociedad cerrada se dará un periodismo independiente. El periodista es, a un tiempo, la vista, los oídos y la boca de la sociedad. Por eso, toda dictadura se ve obligada a cegar sus ojos, a taponar sus oídos y a sellar sus labios. Y, precisamente por eso, en sentido opuesto, es imprescindible que el periodista escriba la verdad según su leal saber y entender. Con ella es como se hace frente a los autócratas y enemigos de la democracia empeñados en denigrar a la prensa para que la ciudadanía ignore las pruebas de sus fechorías.

«Sólo los pueblos informados pueden tomar decisiones libres». Esto es lo que el Papa León XIV dijo el 12 de junio de 2025 ante casi 5.000 periodistas reunidos en el aula Pablo VI del Vaticano. Al final de su intervención, con la sala en silencio y en un tono claro y sereno, recordó la necesidad de custodiar el valioso bien de la libertad de expresión e hizo una llamada a la conciencia de la comunidad internacional. Al oír al Santo Padre, bien podría decirse que la libertad de prensa cuenta con la mejor de las «bendiciones», aunque es muy probable que su mensaje caiga en el saco roto del sátrapa de turno.

Porque «una prensa libre y responsable es el mejor instrumento para educar la mente del hombre y mejorarla como ser racional, moral y social». Así rubricó el Pontífice su reunión con los periodistas. O sea, lo mismo que pensaba su dilecto san Agustín cuando decía aquello (Sermones 344, 4) de que la verdadera libertad no consiste en hacer lo que nos da la gana, sino en hacer lo que debemos hacer porque nos da la gana. Se trata de un dogma incontestable. No hay norma que obligue a un periodista a depender de nadie.

En fin. Tengo para mí que El Debate, al cumplir sus primeros 5 años de vida, ha alcanzado el área del éxito y que ello es fruto del cotidiano desvelo, de la arriesgada audacia y de la terca tenacidad de situar la verdad como principio rector de su existencia. Lo escribe Bieito Rubido cuando en su último libro que titula Contar la verdad y tras confesar que nunca pensó que la libertad de prensa podría estar en peligro en España, declara que cuarenta años de oficio no le hicieron dejar de creer en el periodismo. De ahí la tranquilidad del lector de que El Debate con sus periodistas remando incluso a contracorriente, seguirá siendo fiel consigo mismo y con sus destinatarios. Al fin y al cabo, un periódico no es de su editor, ni de quien lo dirige, ni de los que trabajan en él, ni de los accionistas, sino de los lectores y de su ansia de una información sin límites.

Feliz cumpleaños, pues, a El Debate. Todos nos debemos al calendario, a nuestra vocación y a la suerte. La vida sigue como si tal cosa. Ojalá que el periódico continúe muchos años dando vueltas sobre su eje. Confiemos en la diosa de la libertad que, aun por débil o herida que esté y se pongan como se pongan los déspotas y tiranos, no hay quien acabe con ella, y que el lema del periódico siga siendo idéntico al que presidió su nacimiento.

  • Javier Gómez de Liaño es jurista y fue vocal del Consejo General del Poder Judicial
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