El castañero Juan José de la Rosa en su puesto de castañas en Sevilla
Los castañeros llegan con el otoño: «Aunque haya 30 grados, la tradición no se toca»
Un veterano como Juan José de la Rosa tiene sus castañas a la venta cada tarde en la calle San Jacinto de Sevilla, donde reconoce que las ventas son menores por el todavía intenso calor
Aunque los termómetros superan todavía los 30 grados centígrados en el sur de España, los castañeros han llegado puntuales a su cita, ya que, por mucho que sus clientes lleguen todavía con manga corta a sus puestos cada tarde, la castaña tiene marcado en su calendario que se prepara caliente y en la calle desde el mes de octubre.
Es una fecha inamovible. Y por eso, un veterano como Juan José de la Rosa tiene sus castañas a la venta cada tarde en la calle San Jacinto de Sevilla, donde reconoce a Efe que las ventas son menores por el todavía intenso calor, pero la tradición de vender las castañas asadas desde principios de octubre es inamovible para el calendario de los profesionales del sector.
Juan José tiene su puesto en el barrio de Triana, uno de los puntos típicos de la ciudad para buscar la humareda de su horno con la llegada del otoño. «Se nota que hay menos ventas por el calor, eso es lógico, y estamos ya esperando el cambio de tiempo que tiene que llegar», dice mientras atiende a una turista británica que le ha pedido el primer cartucho de la tarde.
Eso sí, «es una tradición, y el tiempo de las castañas no se toca», igual que no se mueve la finalización de su periodo castañero, que llega casi a principios de febrero, y lo que sí es flexible es el horario, porque los puestos podrían estar colocados hasta la medianoche si fuese necesario, pero el trasiego en las calles decrece mucho desde las 21:30 horas más o menos, la gente se va a cenar, y la venta, que se inicia unas tres horas antes, ya está más que hecha.
Un secreto: el horno
Juan José tiene 60 años, y comenzó a vender castañas con su padre cuando tenía solo 10. Ese medio siglo de experiencia le hace ver su trabajo con la perspectiva de un experto, que maneja un secreto esencial para que su producto se distinga: su horno está hecho de barro de arcilla, el mismo material con el que ha trabajado siempre.
En realidad, un horno castañero se puede fabricar con bidones de hierro, latas grandes de metal o antiguos calderos, con la condición de que tengan agujeros para que pase el aire y el calor del carbón, pero a pesar de la diversidad de materiales, él no tiene dudas, y usa el mismo tipo de elemento con el que trabajaba ya su padre.
Y otra cosa es «llevar unos cuantos años ya haciendo castañas, porque cuando más tiempo llevas, mejor las haces», de modo que asegura que «los nuevos no las hacen igual, y por muy buenas que sean las castañas, no salen igual que buenas».
Mención aparte para la materia prima. Él trabaja con castañas del Valle del Jerte, en Cáceres, que este año ha producido más de tres millones de kilos de producto. El calor ha hecho que la producción se adelante, y eso hace que no falten, a la espera de que otras zonas, como la sierra de Huelva, comiencen su producción.
Turistas y vecinos por igual
Otra cosa que señala el castañero es que no hay un perfil concreto en su clientela. «Las castañas les gustan a todo el mundo, turistas o vecinos, las compran todos», y, aunque durante la entrevista el sol pega de lleno en la calle, no duda de que será un buen año de ventas, «porque siempre tienen mucho éxito las castañas tostaítas calentitas».
La temporada no ha hecho más que empezar. Juan José colocará todas las tardes el carrito con su horno en la calle trianera, y cuando llegue casi la primavera será cuestión de hacer balance.
Mientras tanto, el resto del año trabaja como experto en maquinaria en una empresa sevillana, y cuando el otoño llama a la puerta vuelve a sus castañas, en una dinámica que ni el cambio climático parece que podrá cambiar en mucho tiempo.