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21 de julio de 2024

Foca monje

Foca monjeCreative Commons

Así es la foca monje, la especie en peligro de extinción que ya se explotaba en la Edad Media

Las principales causas de su declive están relacionadas con la degradación y pérdida de hábitat debido a la ocupación humana

Las focas monje (Monachus monachus) son una de las especies en España que, junto al urogallo cantábrico, el lince ibérico, el quebrantahuesos o el oso pardo, se encuentran en peligro de extinción. Se trata de una de las especies más raras que existen, siendo además el único representante europeo del género Monachus.

Históricamente, tal y como recoge el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), la especie se distribuía a lo largo de las costas del Mediterráneo y el Mar Negro. En el Atlántico, se distribuía a lo largo de la costa africana, desde el Estrecho de Gibraltar hasta Mauritania, y en la Península Ibérica hasta el mar Cantábrico por el norte. También se localizaba por las islas de la Macaronesia.

Actualmente, sin embargo, únicamente se reproduce y aparece con regularidad en dos áreas atlánticas: Cabo Blanco (Marruecos-Mauritania) e islas Desertas en Madeira (Portugal). En el Mediterráneo, su distribución actual se restringe a tres áreas: costas del este de Marruecos-oeste de Argelia, costas del mar Jónico de Grecia y costas del Egeo de Grecia, Turquía y Chipre.

Este animal tiene como hábitat tanto zonas pelágicas, pequeñas islas y zonas costeras, aunque siempre en áreas protegidas del acceso de sus depredadores terrestres, según comentan desde la Fundación CRAM. Se encuentra exclusivamente en áreas donde hay cuevas con entradas desde el mar y en playas pequeñas protegidas por acantilados o por la marea alta. Es en estas cuevas, especialmente en aquellas con playas internas, donde se reproduce.

Las caracteriza su cuerpo fusiforme y robusto, una cabeza redondeada y un hocico prominente. Pueden alcanzar entre 2 y 2,8 metros de largo y un peso de entre 240 y 300 kilos. Aunque su temporada de reproducción abarca todo el año, solo tienen una cría cada temporada reproductiva.

Amenazas

La foca monje del Mediterráneo es una de las especies de pinnípedos más amenazadas del mundo, con poblaciones extremadamente reducidas. Las principales causas de su declive están relacionadas con la degradación y pérdida de hábitat debido a la ocupación humana. En concreto, durante la Edad Media, los exploradores europeos y los colonizadores las capturaban, principalmente en las islas Canarias (S. XIV y XV), por el alto valor de su piel y grasa, lo que condujo a la desaparición de las colonias establecidas en playas.

Según apuntan desde el Miteco, hasta el siglo XX fue perseguida principalmente por pescadores al causar daños en las artes de pesca y por ser, supuestamente, responsable de la disminución de la pesca costera. A principios del siglo XX se fomentaba oficialmente su muerte y se pagaban recompensas por ello.

Este incremento de la presión humana ha desplazado a las focas de sus hábitats naturales, junto con la destrucción y alteración de estos entornos. El desarrollo industrial en zonas costeras y el auge del turismo también han contribuido significativamente a la pérdida de su hábitat.

Además, la interacción con la pesca ha tenido un impacto considerable. La sobreexplotación pesquera, la pesca para la comercialización de su piel y aceite, y la captura accidental en redes de pesca han afectado gravemente a las poblaciones de focas monje. La pesca industrial también ha reducido sus fuentes de alimento, exacerbando la situación.

Otras amenazas importantes que han afectado a esta especie en el Mediterráneo incluyen enfermedades causadas por la proliferación de algas tóxicas, como las mareas rojas, que provocaron una mortalidad masiva en 1997. Los vertidos de petróleo, la entrada de especies invasoras a través del Canal de Suez y la contaminación también han sido factores significativos en su declive.

Conservación

Entre las medidas y acciones para la conservación de la foca monje del Mediterráneo se destacan la protección legal de su área de distribución mediante diversas leyes nacionales, tratados regionales e internacionales, y reglamentos de la Unión Europea. Además, se han determinado y establecido áreas protegidas específicas, como reservas naturales, y se han implementado medidas para proteger las cuevas utilizadas para la cría y el descanso de las focas. Para controlar la actividad pesquera en áreas habitadas por focas, se han introducido regulaciones específicas, y se han creado centros de rescate y rehabilitación para focas enfermas y heridas, especialmente para cachorros.

La investigación y el monitoreo continuo de las poblaciones de focas monje son esenciales, por lo que se realizan estudios para censar y seguir de cerca a estas poblaciones. Además, se llevan a cabo acciones de sensibilización y educación dirigidas principalmente a las comunidades locales para fomentar la conservación de la especie. Estas campañas buscan aumentar la conciencia sobre la importancia de proteger a la foca monje del Mediterráneo y su hábitat, involucrando a la población en los esfuerzos de conservación.

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