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Fábricas emitiendo gases de efecto invernaderoEuropa Press

La ONU alerta de que la temperatura global podría aumentar hasta 2,8 ºC este siglo si no se reducen las emisiones

Las previsiones del organismo muestran una diferencia considerable entre esas reducciones necesarias y la evolución que se produciría si los países mantuvieran sus políticas actuales

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha advertido este miércoles de que el planeta podría superar en los próximos años el umbral de calentamiento de 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Ante esta perspectiva, el organismo considera imprescindibles «recortes urgentes y estrictos» de las emisiones de gases de efecto invernadero para reducir tanto la intensidad como la duración de ese aumento de las temperaturas y conseguir que el calentamiento global retroceda antes de que termine el siglo.

La advertencia figura en el Informe sobre la Brecha de Emisiones de 2026, elaborado por esta agencia de Naciones Unidas, cuya sede se encuentra en Nairobi. El documento plantea que, incluso bajo el escenario de rebasamiento «más bajo posible», la temperatura media del planeta alcanzaría un máximo de entre 1,7 y 1,8 grados hacia mediados de siglo. Posteriormente, debería descender hasta situarse nuevamente por debajo de los 1,5 grados en 2100.

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, insistió en que superar temporalmente ese límite no significa que deba abandonarse el objetivo climático recogido en el Acuerdo de París de 2015. «El rebasamiento no es una rendición. Todavía podemos mantenerlo lo más pequeño y corto posible y lograr que las temperaturas vuelvan a estar por debajo de los 1,5 ºC para finales de siglo», señaló Guterres en el documento.

Por su parte, la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, puso el acento en las consecuencias de prolongar el calentamiento por encima de ese umbral. «Cada fracción de grado y cada año adicional de calentamiento por encima de los 1,5 ºC aumentan los impactos y riesgos climáticos, como las inundaciones mortales, las olas de calor y los incendios forestales que han azotado a muchas naciones este año», advirtió.

Las emisiones deberán caer un 69 % antes de 2040

Para conseguir que el aumento de las temperaturas se ajuste al escenario de rebasamiento «más bajo posible», el PNUMA establece una serie de objetivos de reducción de los gases de efecto invernadero. En concreto, las emisiones mundiales tendrían que disminuir un 18 % en 2030, un 45 % en 2035 y un 69 % en 2040, tomando como referencia los niveles registrados en 2025.

Sin embargo, las previsiones del organismo muestran una diferencia considerable entre esas reducciones necesarias y la evolución que se produciría si los países mantuvieran sus políticas actuales. En ese supuesto, el calentamiento global podría llegar a los 2,8 grados a lo largo de este siglo y continuar aumentando posteriormente.

El panorama tampoco permitiría alcanzar los objetivos climáticos si todos los Estados cumplieran íntegramente sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), los compromisos en los que cada país recoge sus previsiones de emisiones y las políticas que pretende aplicar para reducirlas.

Según las estimaciones del informe, la ejecución completa de esos compromisos situaría el incremento de la temperatura mundial en 2,6 grados.

De hecho, el cumplimiento de las NDC únicamente supondría una disminución de las emisiones del 5,8 % para 2030 y de entre el 11 % y el 15 % para 2035, siempre en comparación con los registros de 2025. Se trata de porcentajes alejados de los recortes que el PNUMA considera necesarios para limitar al máximo el rebasamiento del umbral de 1,5 grados.

La agencia también constata un empeoramiento de sus previsiones respecto a las publicadas anteriormente. «Estos resultados son peores que las proyecciones del año pasado, debido a la retirada de los Estados Unidos del Acuerdo de París y la revisión de las estimaciones de las emisiones históricas», explica el organismo.

A esta circunstancia se suma que las nuevas contribuciones nacionales presentadas desde la publicación del informe de 2025 «han tenido un impacto insignificante en esas proyecciones».

Además de reducir las emisiones, el escenario de menor calentamiento exigiría retirar de la atmósfera y almacenar de forma permanente 320 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2) durante el presente siglo. Esa cantidad equivale aproximadamente a ocho veces las emisiones mundiales contabilizadas en 2024.

La posibilidad de alcanzar semejante volumen de eliminación de carbono tampoco está garantizada. El PNUMA reconoce las dificultades existentes para desarrollar esta tarea en las condiciones previstas.

«Sin embargo, desafíos socioeconómicos y tecnológicos hacen que las probabilidades de lograrlo sean inciertas», lamenta la agencia.

Los avances climáticos siguen siendo insuficientes

El diagnóstico del organismo internacional también examina el cumplimiento de los objetivos contemplados en el primer Balance Global (GST), desarrollado entre 2021 y 2023 como parte de los mecanismos del Acuerdo de París para evaluar los progresos mundiales frente al cambio climático.

Sus conclusiones indican que los avances registrados en la mayoría de los ámbitos analizados continúan siendo «insuficiente», según la valoración recogida en el informe.

Entre los principales problemas identificados figuran la utilización de combustibles fósiles y la deforestación. El documento también señala la evolución de las emisiones de CO2 procedentes de los sistemas energéticos, las asociadas al transporte por carretera y las correspondientes a otros gases, como el metano.

En estos sectores, las emisiones han continuado aumentando, se han estabilizado o presentan reducciones que no alcanzan la velocidad necesaria para cumplir los objetivos establecidos.

No obstante, el PNUMA considera que todavía existen posibilidades de revertir el calentamiento y recuperar niveles de temperatura iguales o inferiores a 1,5 grados.

El organismo sostiene que «se puede conseguir» y destaca los resultados obtenidos mediante la aplicación de políticas climáticas, tanto nuevas como reforzadas, que han favorecido «decenas de cambios estructurales en países desarrollados y en desarrollo». Estas transformaciones han conseguido una «reducción significativa» de las emisiones, según las conclusiones de la agencia.

Para fundamentar esta valoración, el informe ha examinado más de 220 análisis relacionados con medidas públicas adoptadas en diferentes sectores, entre ellos el eléctrico, así como instrumentos económicos destinados a reducir las emisiones, como los impuestos sobre el carbono.

Otro de los avances destacados tiene que ver con las energías renovables. Desde la aprobación del Acuerdo de París, la capacidad mundial de generación de electricidad mediante estas fuentes ha aumentado a un ritmo tres veces superior al que se había previsto inicialmente.

El PNUMA utiliza estos resultados para subrayar que las reducciones de emisiones pueden materializarse mediante decisiones políticas y transformaciones estructurales, aunque insiste en la necesidad de acelerar las actuaciones para cumplir los objetivos climáticos.

«Contamos con una gran cantidad de casos de éxito que demuestran que las emisiones se pueden reducir rápidamente. Ahora, corresponde a las naciones implementar urgentemente políticas que impulsen reducciones rápidas, profundas y sostenidas», concluyó Andersen.