Árbol frutal en Extremadura
Extremadura pierde el 20 % de hectáreas de frutales por falta de mano de obra con 11.000 subsidios agrarios
Los agricultores alertan de la desaparición de cultivos sociales desplazados por los mecanizables
La comunidad autónoma con la tasa de desempleo más alta de España, Extremadura, ha visto reducida su superficie de frutales en producción en 4.500 hectáreas en los últimos cinco años «fundamentalmente por falta de mano de obra».
Las estadísticas del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) muestran que en marzo de 2025 la región tenía 11.604 perceptores de subsidio agrario y renta agraria, con un gasto acumulado en 2025 aproximado en este concepto de 28,27 millones de euros; sin embargo, desde 2019 se ha perdido un 21 % de esa superficie de frutales —de un total de 21.700 hectáreas a 17.200—, cultivos que generan un importante valor económico y social.
«Nos vamos a cargar la capacidad productiva de todos los productos que no sean mecanizables. Los empresarios prescinden de los frutales y optan por cultivos mecanizables. Cambiamos toda la cadena de valor que aportan los frutales por un fondo sin nombre ni apellido que explotará una tierra y distribuirá unas ganancias que no se quedarán en Extremadura ni fijarán población», lamenta en conversación con El Debate Luis Cortés, coordinador estatal de la Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos y responsable de la organización en Extremadura.
Cortés indica que la dificultad para encontrar mano de obra es extensible a más zonas del país, aunque el perjuicio es especialmente significativo para Extremadura: «Es muy triste que cultivos rentables como los frutales se dejen de explotar porque no hay gente para trabajar con una tasa de paro por encima del 17 %».
El portavoz de Unión de Uniones señala ejemplos como el de las ciruelas, donde el poderío de Extremadura como referencia nacional y exportadora se vería sustituido por producciones superintensivas. «La riqueza que deja la ciruela en todo el tejido agroalimentario queda reducida. Entrará una cosechadora en una tierra, cogerá el fruto y no habrá ni personal para seleccionar, ni transportistas ni absolutamente nada», condena Cortés.
Ciruelas en un campo de Extremadura
Los agricultores reclaman que tanto la Junta de Extremadura como el Gobierno central a través del Ministerio de Trabajo actúen para evitar esta decadencia: «No es un problema único de Extremadura, ya que vemos como Huelva, que es una de las provincias con más paro de España, necesita traer mano de obra de África. Necesitamos medidas extraordinarias para dar permiso de trabajo a los inmigrantes que están en una situación irregular, pero el Ministerio no nos hace caso. Para la vicepresidenta y ministra, Yolanda Díaz, es más importante reducir la jornada laboral para que cada vez trabajemos menos y el campo se muera».
Cortés calcula que, con una necesidad de 60 jornales al año para trabajar cada hectárea de frutales, se han perdido unos 300.000 jornales en esta actividad en el último lustro. «Eso solo en jornales directos de la producción, habría que sumarle lo que se crea luego en transporte, almacenamiento, exportación, maquinaria...», asevera el dirigente de la organización profesional agrícola.
El detalle que más daña a los extremeños es que la pérdida no tenga nada que ver con falta de precio o de demanda de sus frutas, sino que sea consecuencia de la imposibilidad para encontrar fuerza de trabajo. «5.000 hectáreas son miles de jornales y millones de kilos de fruta que se dejan de producir. La cuestión es que de los extremeños se olvida todo el mundo. Es una tragedia, no puede ser que el término municipal de Don Benito, con alrededor de 4.000 hectáreas de frutales, tenga 400 personas cobran el subsidio agrario de desempleo», concluye Cortés, que insta a la Junta de Extremadura y al Ejecutivo para evitar la desaparición de cultivos sociales desplazados por los mecanizables con el consiguiente despoblamiento de la región.