Tractores a las puertas del Parlamento Europeo, en Estrasburgo (Francia)Manuel Yaben

Dentro de la resistencia del campo en el corazón europeo de Estrasburgo: «No quiero esto para mis hijos»

Así se vivió esta jornada histórica para los agricultores y ganaderos del viejo continente en el Parlamento Europeo

Martes 20 de enero en Estrasburgo (Francia). Una fila interminable de tractores se aposta en las avenidas que dan paso al Parlamento Europeo. La noche, como las revoluciones de los agricultores que han vuelto a protagonizar una manifestación histórica en una de las sedes de la democracia europea, ha caído.

El frío y la brisa traspasa cualquier capa de abrigo. Bajo cero y con una humedad cercana al 90 %, las lumbres calientan a los agrarios que pasarán una madrugada gélida a la intemperie con la esperanza de que los europarlamentarios aprueben la solicitud al Tribunal de Justicia de Unión Europea (TJUE) que casi con total seguridad puede frenar la aplicación provisional del polémico acuerdo entre la UE y Mercosur.

La realidad parece ajena dentro del Parlamento: varios grupos de eurodiputados -se intuyen conversaciones en alemán- brindan con champán en la conocida como 'Cafetería de las flores' de la institución. «Aquí es normal. Los parlamentarios celebran así cuando consiguen sus objetivos en las votaciones», apunta un eurodiputado español.

La capital de Alsacia amanece, pero la niebla impide cualquier amago del sol de salir. El entorno próximo al Parlamento está blindado. El camino está plagado de vehículos policiales para cortas las calles y una decena de efectivos de la Gendarmería aguarda en cada furgón, aunque la convivencia con los agrarios es totalmente pacífica y cordial.

Hilera de tractores hacen noche a las puertas del Parlamento Europeo, en EstrasburgoManuel Yaben

La sensación de cita trascendental se percibe en los pasillos y las salas del Parlamento. «Nuestra idea es retrasar todo lo posible la alianza con Mercosur para pararla cuando lleguemos al poder», indica en conversación con El Debate Mireia Borrás, diputada de Vox en el grupo Patriotas por Europa y miembro de la Comisión de Agricultura, antes de la ajustada votación.

«No estamos en contra del comercio ni queremos una autarquía, lo que exigimos son condiciones comerciales justas y mismas reglas de juego. Actualmente, los productores europeos se enfrentan a una burocracia verde asfixiante; mientras, se abren las puertas a productos de fuera de la UE que no pasan ni una décima parte de esos controles. Es como una carrera donde uno va cargado con diez kilos de piedras y el otro va libre. Defendemos la preferencia comunitaria para asegurar que se respeten las mismas reglas», asevera Borrás, que confía en que la Eurocámara considere alguna de las dos resoluciones presentadas en este sentido por Patriotas por Europa o por La Izquierda y Los Verdes.

«Esto no es competencia, es ruina» apostilla la eurodiputada de Vox, que además ahonda en el valor de mantener la Política Agraria Común (PAC) en un fondo específico y fuera del fondo único del Marco Financiero Plurianual (MFP), tal y como ha propuesto la Comisión.

Un paseo entre las máquinas basta para comprobar la desconfianza de los que han pasado la noche entre la cabina del tractor, las fogatas y con la compañía de vinos de la zona y algún que otro destilado. «Hay que entrar en calor», señala Bertrand mientras rellena de combustible el grupo electrógeno con el que dan electricidad. «Un poco de música para animarse», apostilla un joven agricultor

Un grupo de agricultores franceses en las protestas del 20 y 21 de enero en Estrasburgo (Francia)Manuel Yaben

Bertrand es un ganadero francés de vacuno. Un apretón de manos basta para saber cuál es modo de vida. Sus manos, voluminosas y endurecidas, hablan más de él que cualquier currículum. Tiene unos 50 años y su vida está a unos pocos kilómetros de la frontera con Alemania. «Yo me dedico a mis vacas, pero mi mujer y mis hijos van a trabajar a diario a Alemania. Ellos trabajan en el manejo de máquinas y lo prefiero porque nosotros no podemos competir si se hace el trato con Mercosur. No quiero esto para mis hijos», explica contrariado, ya que recuerda que «quizá en 20 años los puestos de trabajo actuales de mis hijos no existirán, pero los humanos tendremos que comer igualmente y con este pacto las explotaciones como la mía desaparecerán».

El acelerón por ratificar la negociación con Mercosur pesa mucho en el campo. El pesimismo se palpa después de casi 72 horas de acción en el Parlamento Europeo. El arroz comunitario, las barbacoas y las bebidas calientes espolean a los agrarios a pocos minutos de la decisión. Dentro del Parlamento hay más confianza por conseguir una victoria que puede marcar el curso de la guerra política en la que se ha convertido el acuerdo: «No podemos consentir que el campo sea siempre la moneda de cambio para pagar otros intereses como la defensa o la industria. Esto pone en riesgo la soberanía alimentaria. Si no hay agricultura no hay alimentación, y sin alimentación no hay Europa», recalca Borrás.

Pancarta 'Quien siembra la miseria recolecta la colera' en un tractor en EstrasburgoManuel Yaben

El voto se produce. Cada apoyo se antoja clave. Los propios europarlamentarios reconocen minutos antes que de poco sirve echar cuentas porque la cosa va a estar muy apretada. Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, anuncia el resultado: 334 síes se imponen a los 324 noes. El TJUE tendrá que emitir un dictamen sobre si la forma en la que se ha formulado el acuerdo con Mercosur es legal o no, por lo que, con mucha seguridad, la aplicación provisional tendrá que esperar muy probablemente al menos un año -de seis a 18 meses- hasta que el Tribunal se pronuncie. En caso de que la Comisión maniobre para conseguir la aplicación, pese al gran coste político que puede suponer, el TJUE podría declarar una suspensión cautelar.

La alegría y la sorpresa de los diputados europeos se cuelan en la intervención de Metsola. Un día más, hay champán y ruido de brindis en la Cafetería de las flores. Esta vez las charlas son en francés. Fuera hay aplausos, abrazos y algún petardo, aunque todo de manera fugaz. La fila infinita de tractores ha desaparecido en menos de una hora. Hay prisa por llegar a casa y Bertrand y sus cinco amigos tienen tres horas de tractor por delante rumbo al noreste de Estrasburgo. Los agricultores y ganaderos son conscientes de que quedan muchas batallas por librar.