La presidenta del Real Club de Monteros y de la Oficina Nacional de la Caza, Carmen Basarán, comparte un día de caza con sobrinos

La caza que el Gobierno quiere eliminar: «No nos dejan educar a nuestros hijos, es un ataque a la libertad»

Los cazadores se rebelan ante una medida que rompería con una tradición con un fortísimo arraigo social y cultural en España

El frío, la humedad, el cansancio después de una pateada kilométrica, la incertidumbre por un posible encuentro con la presa y la recompensa de la comida y el calor de regreso y el calor del hogar.

La experiencia real de los que de niños han pisado el campo para acompañar a sus familiares y amigos durante un día de caza rompe con todos los estigmas fundamentados en argumentos ideológicos que podría utilizar el Ministerio de Juventud e Infancia para prohibir que los menores de edad participen o asistan a la actividad cinegética.

La iniciativa que podría prohibir a los menores acudir a espectáculos de tauromaquia y a jornadas de caza se articularía a través de la ampliación de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), con la que el Ministerio encabezado por Sira Rego alegaría que los niños que asisten o participan en jornadas de caza estarían expuestos a riesgos físicos, psicológicos y emocionales.

Este razonamiento no solo carece de datos objetivos o estudios científicos, sino que choca con el relato que defienden aquellos que han compartido inolvidables días de caza en su infancia.

«Los recuerdos que tenemos los que hemos ido a cazar desde pequeños no tienen nada que ver con lo que dice el Gobierno sobre supuestos traumas para los niños. No nos dejan educar a nuestros hijos, es un ataque a la libertad gravísimo», apunta en conversación con El Debate Carmen Basarán, presidenta del Real Club de Monteros y de la Oficina Nacional de la Caza.

Basarán, cazadora por los cuatro costados, explica cómo la politización de la caza ha cambiado la percepción de esta forma de entender la naturaleza y la conservación de las especies y el ecosistema: «Yo antes llegaba al colegio orgullosa a contar que mi padre o mi madre habían matado tres venados. Si eso pasa hoy al niño le dicen que sus padres son unos asesinos. La caza permite a los más pequeños estar en contacto con la vida, saber que también hay muerte, pero ahora se quiere que los niños vivan en la ignorancia y pensando que los animales están en las bandejas del supermercado».

Josep Escandell, presidente de la Real Federación Española de Caza (RFEC), denuncia el error que cometería el Gobierno en caso de implementar la prohibición de que los menores de edad no puedan hacer de acompañantes en la caza. «Es un disparate. Pienso en mis recuerdos a los 8 años y se me vienen imágenes que tienen que ver con aprender a respetar e interpretar la naturaleza, cuestiones de seguridad, el frío en las esperas... de todo menos muerte y violencia», recalca el presidente federativo, que destaca «la cultura paralela» que adquiere un niño en esas jornadas: «Recuerdo madrugar, la paciencia en el puesto, esconderme detrás de mi padre para que no me vieran y todas esas cosas que te meten la pasión de la caza en el cuerpo».

Uno de los grandes inconvenientes de los que advierten los cazadores ante la medida planteada por el Gobierno es la barrera que levanta para obstaculizar el relevo generacional. «Los niños son esponjas y muchas aficiones que desarrollan posteriormente vienen de sus padres. Si esto se nota con algo es con la caza, que además es una escuela de valores que enseña libertad, amistad, compañerismo, valentía, resiliencia, esfuerzo, observación y piedad, porque aprendes que no puedes ver sufrir a un animal y debes rematarlo inmediatamente», comenta Basarán, que acentúa el valor de libertad que aporta la cinegética.

Escandell ahonda en que la caza sirve como una valiosa fuente valiosa de aprendizaje para los niños, ya que les enseña conocimientos que, si no se adquieren a temprana edad, difícilmente los prepararán para convertirse en cazadores adultos. «La caza genera un vínculo con la naturaleza que se crea de niño, es casi imposible que a alguien con 20 años le dé por cazar de repente. Nadie empieza a jugar al fútbol con 18 años, pues con la caza es similar», indica Escandell, que exige al Gobierno coherencia con la estrategia nacional cinegética, con la que una amplia mayoría del parlamento se comprometió a velar por la continuidad de la actividad, y que no será posible sin relevo generacional en la caza.