Un factor que agrava este escenario es la gestión de las materias activas
Agricultura
Los agricultores alertan a Europa: se quedan sin herramientas eficaces contra las plagas
La falta de soluciones que sean técnicamente eficaces y económicamente sostenibles está dejando a los productores en una posición de «total indefensión»
La patronal Fepex y las Cooperativas Agro-alimentarias de España han lanzado un nuevo aviso sobre la precaria situación que atraviesa el campo. En un entorno marcado por la crisis climática y la creciente resistencia de las plagas, el sector se enfrenta a «una preocupante reducción de herramientas de control».
La falta de soluciones que sean técnicamente eficaces y económicamente sostenibles está dejando a los productores en una posición de «total indefensión», lo que amenaza directamente la supervivencia de numerosas fincas agrícolas.
Un factor que agrava este escenario es la gestión de las materias activas. Estas sustancias no solo deben superar un control regulatorio sumamente estricto, sino que su disponibilidad queda a menudo sometida a las estrategias comerciales de las empresas químicas.
De hecho, es una situación que genera un vacío peligroso cuando la industria decide retirar productos que, aunque siguen siendo fundamentales para el agricultor por la ausencia de relevos viables, han dejado de ser rentables para los fabricantes.
Desigualdades en el mercado europeo
A este problema se suma un marco normativo que destaca por su rigidez y su pesada carga burocrática. La falta de coherencia en la aplicación de las leyes dentro de la propia Unión Europea provoca desigualdades entre los productores de distintos países y altera el funcionamiento del mercado común.
Esta situación se vuelve aún más crítica ante la entrada de productos de terceros países, los cuales compiten con ventaja al no estar sometidos a las mismas exigencias fitosanitarias, lo que perjudica al productor europeo y «genera confusión en el consumidor final».
Las organizaciones advierten de que la trayectoria actual del sistema es «difícilmente sostenible en el corto plazo» si no se producen ajustes que equilibren la normativa con la realidad del trabajo en el campo. Por ello, consideran urgente «transitar hacia un enfoque más coherente» que proteja la viabilidad de la producción europea sin renunciar a la seguridad alimentaria.