Javierito

En este ambiente crecieron los cuatro hijos de Paco y Zabel. Desde pequeños montearon tanto en el monte como en el puesto. Y eso se nota. No me equivoco al decir que hoy son de los monteros con mayor calidad del panorama

Javier, protagonista del artículo, con el macarenazo, también protagonista

Javier, protagonista del artículo, con el macarenazo, también protagonistaCedida por el autor

Es curioso cómo un simple lance puede ser el culmen a algo que viene de muy largo.

Javierito es un tío normal, lo que hoy en día es un gran piropo. Educado y estudioso. Ayuda a sus padres y le gusta pasar tiempo con ellos y sus hermanos. Proviene de una estirpe de grandes aficionados a la caza. Familia de raza venatoria, orgullosa de sus orígenes, española, devota de sus tradiciones y amante de la familia y de lo que representa. Es un clan en el que el trabajo se premia, el legado se transmite y considera.

Su abuelo Paco se enamoró de una preciosa parte de los Montes de Toledo. Le cautivó lo agreste de aquel rincón. Como todo lo que hace, lo cogió con ganas y cuidó con mimo. Mejoró un ecosistema invirtiendo y conservando. Aumentó la población de corzos y mejoró su calidad. Con la aparición de las reses montunas, cortó los ojeos y preparó las manchas para crear una de las acciones de montería más simpáticas, auténticas y tradicionales que hayan existido. En paralelo, creó una gran rehala de perros que en el monte dirigía Salustiano, mundialmente conocido como Tano. Rehala de mastines que, dada su gran relación con Valdueza y con Olías, mejoraba con perros de ambas casas. Me acuerdo, como si la viese, de aquella podenca berrenda terciada de nombre Mica, que crió en Elciego. ¡Qué joya! De la ribera riojana bajó también algún podenco ibérico, de esos pelicerdeños colorados corbatos en blanco, bravos y muy aficionados. De allí vino también el famoso Pirri, un sabueso que fue uno de los padres de aquella puntera rehala.

En este ambiente crecieron los cuatro hijos de Paco y Zabel. Desde pequeños montearon tanto en el monte como en el puesto. Y eso se nota. No me equivoco al decir que hoy son de los monteros con mayor calidad del panorama. Conocen la sierra y sus entresijos, saben de montería y de rehala, y se han convertido, también, en unos grandes tiradores.

Juan, el segundo, siempre tuvo una presencia más destacada que sus hermanos. Se ocupaba más activamente de la rehala y de El Robledo. Este conocimiento adquirido durante años y generaciones pasa ahora a sus hijos Javier, Beltrán y Claudia, que lo han bebido desde pequeños.

Montería en abierto y salvaje en los confines de la tierra de María Santísima

Esta temporada, como otras muchas veces, Javier ocupaba el puesto con su padre. Plaza señalada en casa señera. Montería en abierto y salvaje en los confines de la tierra de María Santísima. Juan prefiere que tiren sus hijos. Es generoso por naturaleza y así lo vive con más intensidad y felicidad.

El autor en una montería en Ávila con Javier y Beltran (a hombros) Hurtado de Amézaga. Hace unos años ya…

El autor en una montería en Ávila con Javier y Beltran (a hombros) Hurtado de Amézaga. Hace unos años ya…Cedida

Al poco de colocarse en el puesto, un chasquido sobresaltó a Javier. Con sobrado oficio pese a su corta edad, se apresta. A la calle asoma un monstruoso verraco que, venteado, pega un rabotazo buscando el perdedero. Le da tiempo a tirar.

- «¿Qué ha pasado?», pregunta su padre.

- «Creo que está pegado, papá», responde Javier.

A los pocos minutos, unos perros ladran en esa dirección. Muy cerca. ¿Llaman a muerto o a parado? Como están solos en una pequeña traviesa de la umbría, Juan, que barrunta que hay algo distinto en ese animal, y tras dar instrucciones a su hijo, acude a la llamada. A unos cincuenta metros se topa con un espectacular macareno que yace muerto en un claro. Los perros muerden al animal aún caliente. Es el jabalí más grande que ha visto nunca. Deja morder y con cuidado, quita a los perros. Hace una rápida foto y vuelve corriendo al puesto para contárselo a Javierito y darle el más fuerte de los abrazos. Comparte la imagen con la propiedad, que se alegra enormemente. Porque la montería es precisamente eso: compartir el lance y alegrarse del éxito del vecino.

Pasan las horas y ya, terminando la montería, en la misma dirección, se monta una buena zaragata. Juan acude raudo con el cuchillo a lo que pensaba que era un agarre. Se encuentra con una imagen dantesca. El perrero, su mujer y un ayudante, lanza en ristre, explotan de gozo. «¡Jefe, mire el cochino que acabamos de matar a los perros! ¡Estaba sacudiendo fuerte!». Juan alucina. Sin decirles nada, saca el móvil del bolsillo, se dirige a ellos, les enseña la foto y les pregunta: «Es este mismo, ¿verdad?». Avergonzados ante la pillada, callan y agachan la cabeza. Juan, serio y decepcionado por el intento de saqueo, les pregunta: «¿Ustedes a qué vienen aquí? ¿Qué ganan con esto?». Y abochornados desaparecen de escena.

Su abuelo, Paco Hurtado de Amézaga, con una particular collera de cachorros.

Su abuelo, Paco Hurtado de Amézaga, con una particular collera de cachorros.Cedida

Padre e hijo arrastran el cochino al cortadero. Son pocos metros, pero pesa lo que vale. Ya en la casa, como suele pasar, era mayor que en el monte. La medición final les dio la razón. Alcanzando una puntuación de 128.38, se mete entre los primeros de España.

Ese cochino es de Javier, pero también es de Paco, de Inés, de Juan, de Luis, de Jaime, de Potoco, de Beltrán, de Tano, de Carlitos… De todos cuantos han estado en la vida de Javier. De todos los que le metieron esto en la sangre. De quienes le han enseñado el oficio.

Este lance, como decía al principio, es el resultado de la transmisión de un legado y del tiempo empleado en fomentarlo. Incentivar la afición y favorecer el aprendizaje a través del conocimiento de generaciones. Gracias a ello, padre e hijo pudieron hacerse con tan magnífico marrano y defenderlo ante las malas artes de rehalas arribistas que existen y que, como les preguntaba Juan, no se sabe para qué van a montear… Sirvió para hacer justicia y, para desde la sobriedad, dar una lección que no olvidarán.

¡Enhorabuena, Javierito!

  • Diego Gómez-Arroyo Oriol es perrero

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas