Encontré el paraiso

Crearon un orfanato para las crías de Bongo, cuyas madres habían sido masacradas por su carne en una imparable escalada del furtivismo que asolaba el país desde la independencia

El monte Kenya desde los jardines del hotel.

El monte Kenya desde los jardines del hotel.Cedida por el autor

Todos los lectores de El Debate, sean cazadores o no, conocerán al actor William Holden. Fue conocido como el «chico de oro» de Hollywood. Su fortuna por las ganancias al cobrar el 10 por ciento de los beneficios en la exitosa película ganadora de siete Oscars, «El puente sobre el rio Kwai» (1957) fueron enormes. Se convirtió en uno de los primeros millonarios de Hollywood, no le fue necesario trabajar más para vivir el resto de su vida y solo aceptó algunos papeles que le interesaban.

Un apasionado cazador y conservacionista

Pero lo que no tantos lectores sabrán es que Holden fue un gran cazador en su juventud y uno de los mayores conservacionistas de la historia en su madurez. Salvó a uno de los antílopes más raros de África de la extinción: el bongo Oriental o de montaña. Los bongos vivían exclusivamente en las montañas Aberdare, en las tierras altas de Kenya. Estaba condenado a la extinción por la caza indiscriminada por carne, todo ejemplar que se moviera.

Holden, cuando alcanzó el éxito realizó un par de safaris de caza en Kenia, entonces paraíso y la meca del safari deportivo. Pero en el año 1959 encontró un pequeño rancho situado junto al Ecuador, en las tierras altos de la colonia. Desde sus terrazas se veía a unos 50 kilometrase Monte Kenya, la segunda montaña más alta de África, con 5.199 metros sobre el nivel del mar. Mantenía su nieve durante todo el año a pesar de estar prácticamente en el Ecuador.

Un amor a primera vista

Holden quedó fascinado por las vistas y, encantado del lugar, lo compró ayudado por un multimillonario del petróleo de Texas. Su intención era convertirlo en un resort de lujo y una reserva de fauna salvaje.

Ya empezaban a oírse en Kenya los rumores del Uhuru o independencia del Imperio Británico. Independencia que casi acaba con la fauna de ese país en apenas 20 años. Cazadores como William Holden y su Mount Kenya Safari Club, colaboraron a que esto no ocurriera.

Kenya era independiente desde 1963. Sin las férreas leyes de caza británicas que los protegieran, empezó la masacre de animales por los furtivos de carne. Holden se unió a Julian McKead, un antiguo guarda de caza, pensaron en crear un refugio para la caza que estaban dejando arrasada los furtivos.

El Bongo de montaña , salvado de la extinción
El Bongo de montaña , salvado de la extinción

El Bongo de montaña , salvado de la extinciónWilliam Holden

En la misma finca que estaba su maravilloso hotel, destinaron unas 1.000 hectareas para crear el Mount Kenya Game Ranch. Los primeros esfuerzos se centraron en salvar el antílope Bongo de montaña. Crearon un orfanato para las crías de Bongo, cuyas madres habían sido masacradas por su carne en una imparable escalada del furtivismo que asolaba el país desde la independencia. Además idearon un sistema de reintroducción de Bongos en zonas muy protegidas. Enviaron numerosos ejemplares a EE.UU. para que sobrevivieran en cautividad, en caso de que los furtivos consiguieran exterminar la especie en estado salvaje.

El principio del fin de la fauna de Kenya

En Kenya en 1977 ocurrió lo peor que podía pasar para su fauna. Se prohibió la caza deportiva y los safaris. En esos años se venían realizando unos 200 safaris de caza. En ellos se cobraban unos 200 elefantes al año. Solo se tiraban machos muy viejos, que ya habían cumplido su ciclo vital y reproductor. Como el marfil sigue creciendo a lo largo de toda la vida del elefante, se buscaban animales de 50 o más años, porque eran los que tenían los colmillos más pesados.

Un elefante vive unos 60 o 70 años. Al final cuando gastan su séptimo par de muelas, están destinados a una muerte horrorosa, por hambre y desnutrición. Animales debilitados que por imposibilidad de comer, caían al suelo. Entonces se los comían vivos las hienas. Digo vivos, porque las hienas entran por «el trasero» que es la parte más blanda de un elefante. Y se van comiendo los intestinos y estomago hasta que llegan al diafragma y se comen los pulmones. Entonces ese pobre animal muere, después de una de las agonías más duras que puede sufrir un animal.

Los safaris deportivos buscaban esos viejos animales para cazarlos 5 o 10 años antes de esa muerte horrible. Solo se cobraban unos 200 machos al año y las hembras y jóvenes se cuidaban, protegían y respetaban.

Con la salida de los safaris de caza de los «Blocks» de caza keniata, salieron los cazadores profesionales y muchos de los guardas de caza, pues ya no tenían nada que guardar ahí.

Salieron los cazadores y entraron los furtivos

Dada la baja vigilancia que produjo la prohibición de la caza, los furtivos entraron en los santuarios de fauna que habían creado los británicos. Su sistema de masacrar elefantes solía ser entrar en dos Toyota en una manada, tirando cartuchos de dinamita. Esto producía animales desembrados y despanzurrados, sin diferenciar entre hembras, jóvenes y crías.

Una vez inmovilizados por las explosiones, los furtivos arrancaban los colmillos de toda la manada. Algunos ejemplares grandes se remataban de un tiro, pero muchas crías llamadas «Totos» se les sacaban los colmillos aun estando vivas. Colmillos de tal vez 5 kilos de peso, que se labraban y esculpían para venderse como objetos de decoración a precio de oro en los mercados negros del sudeste asiático. Donde antes se cobraban 200 viejos machos con la caza deportiva se pasó a masacrar por los furtivos unos 20.000 por los furtivos.

Y William Holden siguió protegiéndolos

En sus últimos años Holden, puso en el grito en el cielo en EE.UU. y Europa para que se parase de alguna manera esa masacre de animales. Amplió la protección en sus ranchos del monte Kenya. Creo el «Mount Kenya Wildlife Conservancy». Salvó al bongo de montaña de la extinción. Su perseverancia colaboró a la creación del Convenio CITES. (Convención sobre el comercio de especies amenazadas de Fauna Silvestre).

Hoy CITES protege de la matanza ilegal unas 40.000 especies y lo firman 184 países. Sin duda los elefantes de Kenya y los bongos de montaña recuerdan con afecto y agradecimiento, a ese gran actor de cine y viejo cazador. Pues saben que con sus esfuerzos los salvó de la extinción.

  • Roque Armada es director de Armada Expediciones y de la Escuela de Tiro de Trofeo e Iberalia TV

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