Tomates cherry en un mercado, en Marruecos
Tomate, el mejor ejemplo del desgaste en el campo español por el acuerdo preferencial de la UE con Marruecos
Los agrarios nacionales denuncian desde hace años el efecto perjudicial de la avalancha de frutas y hortalizas del país magrebí
El debate por la ratificación acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y Marruecos aplicado provisionalmente por la Comisión Europea ha hecho relucir las diferencias productivas a un lado y al otro del Estrecho de Gibraltar.
La invasión de Ceuta, con decenas de miles de inmigrantes llegados desde Marruecos, ha desatado la tensión en España por las acciones del vecino del sur, al que se le presume como partícipe del asalto a la ciudad autónoma; mientras, se agota el plazo de la aplicación provisional del trato de asociación, por lo que próximamente se producirá la votación definitiva en el Parlamento de Estrasburgo que tanto condenan los agricultores españoles y será con la situación de Ceuta de fondo.
Los agricultores españoles sitúan a Marruecos detrás de la avalancha migratoria en Ceuta y sostienen que forma parte de la guerra híbrida de Mohamed VI para forzar a la UE a mantener el acuerdo. Esta alianza se antoja fundamental para Marruecos y al mismo tiempo letal para el campo español, que reclama desde hace años su suspensión por competencia desleal.
Los agrarios nacionales denuncian desde hace años el efecto perjudicial de las frutas y hortalizas marroquíes, ya que se producen bajo una normativa laboral y de aplicación de fitosanitarios más laxa que la que rige en la UE, lo que permite a Marruecos alcanzar una productividad imposible en España.
Según los datos ofrecidos por Comtrade, la División de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Marruecos ha levantado sus exportaciones de tomate un 34,81 % desde 2016, de las 524.907 toneladas vendidas entonces a las 707.621 comercializadas al mundo en 2025.
Esta evolución es directamente inversa en España, que ya ha sido adelantado por Marruecos como segundo mayor exportador de tomate la UE –Países Bajos mantiene el liderato–. Las exportaciones de tomate de España se han hundido un 36,16 % entre 2016 y 2025, de 910.663 toneladas a 581.361 toneladas. La región española más afectada por este desplome es Almería, la reina de la producción tomatera en el país al acaparar un 67,49 % del total, que cae de las 538.111 toneladas de 2016 a las 392.362 toneladas en 2025, un 27,09 % menos.
El coste de la mano de obra resulta clave para el producto marroquí. Los agricultores españoles señalan que, mientras en la Península Ibérica el coste por trabajador en una explotación tomatera ronda los 10 euros la hora, en Marruecos esa es la cantidad que se paga por todo un jornal. Esta desigualdad se traslada posteriormente al precio de venta, por lo que la industria satisface su demanda con tomates de terceros países y obliga a bajar el precio en origen en las explotaciones españolas hasta que, en muchos casos, los agricultores decidan tirar su producto.
«Es muy complicado luchar con un tomate que es mucho más barato, que no cumple ninguna ningún requisito medioambiental y pone en riesgo la salud del consumidor», indicó recientemente Luis Miguel Fernández, gerente de Coexphal (Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de la provincia de Almería), en declaraciones a Europa Press.
Uno de los pilares que sostiene el desarrollo hortofrutícola de Marruecos es la ocupación del Sáhara Occidental. El reino alauí expolia los recursos naturales del territorio desde su llegada mediante la Marcha Verde en 1975. Marruecos ha construido una importante y moderna infraestructura en el Sáhara Occidental que, pese a ser un territorio no autónomo pendiente de descolonización, es aprovechado por el país magrebí en su preferencia comercial con la UE.
El tomate cultivado por Marruecos en el Sáhara accede a la UE como marroquí, en contra de la sentencia del 4 de octubre del 2024 del TJUE que declaraba ilegal esta práctica, y aumenta la presión sobre los agricultores españoles. Desde Coexphal consideran que se sacrifica a «un sector estratégico como es la alimentación» a la hora de plantear las relaciones con países terceros como Marruecos desde la UE. «Hay productos que ya no se producen en Europa en los meses de invierno», ha dicho para poner como ejemplo la caída de la judía verde así como la «drástica» reducción que ha habido en el cultivo de tomate.
«Si vamos avanzando en esta estrategia de quedarnos sin poder producir y ser competitivos desde el punto de vista agroalimentario, pues el año que viene nos quedaremos sin pepino o calabacín», ha avisado Fernández, para quien «debe ser una estrategia fundamental en la UE proteger la producción agroalimentaria».