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Los investigadores analizaron datos genómicos con el objetivo de reconstruir la presencia de insectos en la dieta humana entre hace 9.000 y más de 102.000 añosCSIC/ JUAN MANUEL CALVO MARTÍN

El secreto más inquietante de los neandertales: comían insectos mejor que nosotros y la ciencia acaba de descubrir por qué

El Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y la Universidad Pompeu Fabra han reconstruido la presencia de insectos en la alimentación humana a partir del análisis genómico de muestras antiguas de sarro dental

El consumo de insectos no habría tenido la misma importancia en todas las poblaciones humanas del pasado. Mientras que en Europa y en Asia central y oriental su ingesta parece haber sido ocasional y, en muchos casos, accidental, en las regiones tropicales y entre los neandertales pudo formar parte de la dieta con mayor frecuencia.

Esta es una de las principales conclusiones de un estudio del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra, que ha reconstruido la presencia de insectos en la alimentación humana a partir del análisis genómico de muestras antiguas de sarro dental, informa Ep.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó datos genómicos con el objetivo de reconstruir la presencia de insectos en la dieta humana entre hace 9.000 y más de 102.000 años. En total, se estudiaron 745 muestras de cálculo dental, es decir, sarro, pertenecientes a individuos de hasta 33.000 años de antigüedad.

De acuerdo con el CSIC, el sarro puede conservar restos de ADN de especies consumidas con cierta frecuencia. En este caso, los resultados indican que los humanos modernos del norte de Eurasia no practicaban la entomofagia de manera habitual. Además, los insectos detectados en las muestras sugieren que su ingesta pudo producirse de forma involuntaria, por ejemplo, a través de agua o alimentos contaminados.

En cambio, el análisis de 18 muestras de cálculo dental de neandertales reveló una mayor presencia de ADN de insectos que en los humanos anatómicamente modernos. Según el CSIC, esta cantidad es similar a la observada en chimpancés occidentales, que consumen insectos como complemento alimenticio en la sabana, especialmente durante periodos de sequía.

Los investigadores señalan que los restos de ADN más abundantes hallados en el sarro neandertal pertenecen a los dípteros, grupo que incluye moscas y mosquitos. La presencia destacada de estos insectos apoyaría la hipótesis de que los neandertales pudieron consumir con regularidad restos de animales infestados con larvas de mosca.

Pablo Librado, investigador principal del IBE y responsable del estudio, explicó que la abundancia de restos de mosquitos podría indicar que los cadáveres de las presas permanecían en charcas o zonas pantanosas, lugares favorables para que estos insectos depositaran sus huevos.

Los neandertales habrían digerido mejor los insectos

El equipo también estudió genes humanos relacionados con la digestión de la quitina, un polisacárido presente en el exoesqueleto de los insectos. Los resultados muestran que las poblaciones humanas del norte de Eurasia presentan mutaciones en los genes de la quitinasa, enzima encargada de descomponer la quitina en el estómago, que reducen la capacidad de digerir este componente. Este rasgo se habría mantenido durante los últimos 9.000 años, desde la expansión de la agricultura.

Por el contrario, los neandertales contaban con variantes genéticas que favorecían la digestión de insectos. Además, los investigadores identificaron variantes asociadas a una mayor expresión de estas enzimas en poblaciones cercanas al trópico. Según el CSIC, dicha expresión disminuye progresivamente conforme las poblaciones se alejan hacia latitudes más altas.

Uno de los investigadores explicó que, para que el consumo de insectos resulte rentable desde el punto de vista energético, es necesario ingerir grandes cantidades. En las regiones tropicales existe una mayor disponibilidad de insectos sociales, como termitas y hormigas, cuya biomasa y diversidad permiten aprovecharlos de forma sostenida durante todo el año e incluso contribuir al control de plagas.

La escasez de insectos fuera del trópico

Más allá de factores culturales o religiosos, la menor disponibilidad de insectos en regiones alejadas del trópico pudo influir en el abandono de la entomofagia en las poblaciones europeas. Esto habría derivado, con el tiempo, en una menor capacidad para digerir el exoesqueleto de los insectos.

Sin embargo, actualmente el procesado industrial permite aprovechar el valor nutricional de los insectos sin necesidad de digerir directamente la quitina, además de facilitar su producción a gran escala en granjas destinadas al consumo humano o animal.

En esta línea, el grupo de Genómica de Poblaciones Antiguas del IBE, liderado por Librado, estudia los procesos de domesticación utilizando insectos como modelo. Para ello, compara los genomas de especies recientemente autorizadas para consumo humano con ejemplares conservados en colecciones entomológicas.

Según los investigadores, comprender cómo evoluciona la domesticación animal también puede aportar información útil para mejorar el uso de insectos tanto en la alimentación del ganado como en la dieta humana.