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Imagen de archivo de Diana Morant y Pedro Sánchez

Imagen de archivo de Diana Morant y Pedro SánchezEuropa Press

Ciencia

De la crisis del CNIO a la precariedad investigadora: las grietas de Sánchez y Morant con la ciencia española

Más allá de los datos promulgados tanto por el presidente del gobierno como la titular en Ciencia, los investigadores españoles han recalcado a lo largo de la legislatura los problemas de precariedad, burocracia y cuestionable gestión que siguen sufriendo

Para definir el balance de la gestión científica del Ejecutivo español durante la última legislatura, representado por Pedro Sánchez y Diana Morant, basta con señalar una realidad incuestionable: nuestro país nunca había dedicado tantos recursos a la investigación y, sin embargo, la comunidad científica nunca había estado tan descontenta.

Independientemente de los datos promulgados constantemente tanto por el presidente del Gobierno como por la titular en Ciencia –con un gasto en I+D que llegó a rozar en 2024 los 24.000 millones de euros–, los científicos españoles han recalcado a lo largo de la legislatura que los grandes problemas siguen siendo la precariedad, la burocracia y la cuestionable gestión a la que se siguen enfrentando. Esto demuestra que una mayor inversión no ha conseguido poner fin a las grietas de un sistema que, lamentablemente, arrastra problemas desde hace muchos años.

La contradicción comienza con la Ley de Ciencia, reformada en el año 2022. En esta publicación se reconocía que nuestro país perdió entre 2011 y 2016 más de 5.000 puestos de investigadores. Esta ley buscó solucionar la masiva fuga de cerebros mediante nuevos contratos, aunque con sueldos realmente precarios en comparación con potencias como Estados Unidos o Reino Unido.

La ministra de Universidades, Ciencia e Innovación, Diana Morant y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

La ministra de Universidades, Ciencia e Innovación, Diana Morant y el presidente del Gobierno, Pedro SánchezEuropa Press

A esto hay que sumar que, según las estimaciones de la Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior (Raicex), actualmente hay más de 40.000 científicos fuera de nuestras fronteras a falta de estadísticas oficiales. Esta cifra ha ido creciendo de manera exponencial en los últimos años. De hecho, solo en esta plataforma hay adscritos 4.500 expertos e investigadores de las Ciencias de la Salud. Y es que, desde que Sánchez llegara a la Moncloa en el año 2018, más de 1.000 investigadores han abandonado el territorio español y se han unido a esta red de asociaciones.

Junto a la fuga de cerebros, entra en juego otro de los grandes deberes de la ciencia española: la burocracia.

Independientemente de que España haya anunciado miles de millones de inversión para investigación, la realidad es que a lo largo de las dos últimas legislaturas no se ha podido solucionar el gran problema administrativo, provocando dificultades para desarrollar una carrera investigadora.

Precisamente, hace escasas semanas la Confederación de Sociedades Científicas Españolas (Cosce) reclamó un aumento de la financiación, una simplificación de la burocracia y un impulso a la coordinación entre los distintos agentes para mejorar el sistema científico y tecnológico español.

La presidenta de Cosce, Perla Wahnón, señaló que la ciencia española necesita mucho margen de mejora, e insistió en la necesidad de contar con más financiación o de «desburocratizar» el sistema. Por su parte, la presidenta del CSIC, Eloísa del Pino, apuntó la necesidad de ser muy «cuidadoso» cuando se están manejando fondos públicos.

El gran escándalo de la ciencia española

Desde que Diana Morant llegara al ministerio en julio de 2021 –ampliando sus competencias dos años después–, a las distintas demandas del personal investigador se ha sumado uno de los presuntos casos de corrupción más importantes de la ciencia española. El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), uno de los grandes centros de investigación de España, sigue en una profunda crisis interna que ha provocado el sucesivo cambio de sus dirigentes –tanto en el área científica como en la económica–. Durante meses se han ido sucediendo las denuncias sobre conflictos internos, problemas de gestión, deterioro de infraestructuras y pérdida de capacidad científica, dando paso a un caldo de cultivo impropio de una institución de este calibre.

La ministra de Ciencia, Diana Morant, junto a los distintos cargos que han pasado por el CNIO en los últimos 16 meses

La ministra de Ciencia, Diana Morant, junto a los distintos cargos que han pasado por el CNIO en los últimos 16 mesesEl Debate

Para más inri, posteriormente la Fiscalía Anticorrupción abrió una investigación sobre las posibles irregularidades en la contratación del centro, con una trama que habría derivado –presuntamente– más de 20 millones de euros del presupuesto del centro contra el cáncer.

Y, por si fuera poco, a todo esto hay que sumar la dedicación de la propia Diana Morant a la política valenciana mientras ocupa la cartera de Ciencia, ignorando sus funciones al frente de un ministerio cada vez más cuestionado.

Por este motivo, aunque es cierto que la ciencia española cuenta a día de hoy con un gran número de recursos, una mayor inversión no es suficiente por si sola para garantizar menos burocracia, mejores condiciones laborales, mayor estabilidad y una gestión eficaz de sus centros, poniendo en entredicho la inversión millonaria del Gobierno español durante años.

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