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Haley Joel Osment y Bruce Willis, en una escena de El sexto sentido

Haley Joel Osment y Bruce Willis, en una escena de El sexto sentido

Cine

La pista sobre el final de 'El sexto sentido' que nos dieron al principio de la película

La historia de Shyamalan siguen sorprendiendo 25 años después de su estreno

«En ocasiones, veo muertos». Una frase tan sencilla como esta se convirtió en el spoiler más famoso del mundo e impulsó El sexto sentido hasta convertirse en la auténtica sorpresa de 1999. A pesar de que contaba con un presupuesto de 35 millones de dólares, que el proyecto estuviese a cargo de un desconocido cineasta independiente no despertaba el entusiasmo de la crítica. Y menos aún con Bruce Willis como protagonista, más apegado a su personaje de héroe de acción que al típico papel de superación que suele premiar la Academia.

Sin embargo, M. Night Shyamlan pudo superar los prejuicios generados en torno a la película y no solo recaudó la friolera de 700 millones de dólares en todo el mundo, sino que se hizo con seis nominaciones al Oscar, incluyendo mejor película, dirección, actor y actriz de reparto, montaje y guion original. De todos ellos, no obtuvo un solo galardón, pero el éxito ya estaba asegurado de antemano.

Pero, como una estrella de cine estrechamente asociada a un papel icónico del que nunca podrá desprenderse, Shyamalan llegaría a definirse por el giro, especialmente porque siguió buscando finales igualmente magistrales en sus películas posteriores. Pero inevitablemente se producían resultados decrecientes, incluso en aquellos raros casos en los que el giro era convincente. «Recuerdo que alguien me pasó el guion de El protegido», reconoció en una ocasión Aditya Sood, asistente de producción, refiriéndose a la siguiente película de Shyamalan. «Fue una experiencia totalmente diferente porque estábamos esperando el giro».

Y es que su éxito, en mayor o menor medida, se debe a la compleja estructura narrativa que confunde a lo largo de los 107 minutos de metraje, la comprensión del espectador. A caballo entre el thriller, el drama y el terror, El sexto sentido es un viaje de autodescubrimiento, de aprendizaje para comunicarse, poniendo en tela de juicio la percepción y la aceptación de la realidad por parte del espectador, llevándolo a un final revelador que no se espera.

La trama sigue a un niño llamado Cole (Haley Osment), que puede ver y hablar con fantasmas, y su terapeuta, el Dr. Malcolm Crowe (Bruce Willis), quien lo ayuda a comprender y aceptar su habilidad. En su final se da cuenta de que ha estado muerto durante todo el tiempo. No lleva su anillo de bodas y su mujer no puede verle ni oírle, una revelación que cambia por completo la interpretación de todas sus interacciones con Cole. El único motivo por el que este puede verlo es porque es uno de sus fantasmas.

El sexto sentido

Fotograma de El sexto sentido

Este giro de guion le dio el estatus de clásico a la película y definió el estilo de Shyamalan en sus siguientes proyectos, caracterizados también por sus giros inesperados. Sin embargo, conocerlo no impide poder volver a disfrutar de El sexto sentido. Es más, sus siguientes visionados son tan gratificantes como el primero. Una vez que se conoce la sorpresa final, la repetición se convierte en un examen de lo bien que Shyamalan entreteje la historia.

Solo así vemos que el cineasta llena la película de pistas sobre el verdadero estado de Malcolm. Y no solo por la confesión del niño de ver a fallecidos, sino por la escena en la que el personaje de Bruce Willis no puede abrir la puerta, que solo interactúe verbalmente con Cole, que no cambie nunca de ropa. Shyamalan da la pista del final en los primeros minutos de metraje, en el momento en el que conocemos cómo se llama cada uno de los protagonistas. Sus apellidos funcionan como una pista sutil sobre su destino. Mientras Cole Sear se pronuncia en inglés /seer/, al igual que vidente, el apellido de Malcolm es Crowe, es decir, cuervo, un pájaro que, a menudo, se asocia con la muerte.

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