Rutger Hauer, en una escena de Blade Runner (1982)
Cine
Las mejores películas sobre la rebelión de las máquinas y la inteligencia artificial
Desde el cine mudo, robots e IA se han convertido en formidables enemigos del género humano en películas inolvidables
Aunque la Inteligencia Artificial acabe de llegar a nuestros ordenadores, forma parte indeleble de la Historia del cine. Ya desde hace un siglo comenzó a surgir como uno de los tenebrosos y cercanos «supervillanos». Y es posible observar cierta evolución en las formas y razones en las que se ha manifestado.
Ya en 1926, en Metrópolis, Fritz Lang presentó un robot femenino que, casi literalmente, se volvía loco y amenazaba la propia existencia de la ciudad. Película muda, de una belleza tenebrosamente sobrecogedora, se nota que se filmó antes de Alan Turing, porque el robot es más humano que máquina, es más una inteligencia enferma que artificial. Aparte, en el filme se anticipan más las distopías de Huxley y Orwell que los relatos de Arthur C. Clarke o Philip K Dick.
Metrópolis
Es a partir de los años 60 cuando el asunto comienza a parecerse más a la ciencia ficción de nuestros días. Por un lado, surgen las computadoras siniestras, manipuladoras, dictatoriales incluso, como Alpha 60, en Lemmy contra Alphaville (Alphaville para los amigos) o, sobre todo, Hal 9000 en 2001: Una odisea del espacio, destructiva Inteligencia Artificial cuyas motivaciones, como el resto del filme, son difíciles, por no decir imposibles, de entender -los creadores del guion siempre dijeron que pretendían generar más preguntas que respuestas, y que por eso la película es incomprensible-.
Imagen de la película 2001: Una odisea del espacio
Ya en los 70 surgen los robots asesinos, las amenazas con aspecto humano pero que esconden la frialdad de razonamientos de las máquinas. Por ejemplo, el Pistolero, androide vaquero de Almas de metal -en inglés, Westworld, como la serie que vimos hace un par de años- encarnado, valga la contradicción, en el inolvidable Yul Brynner. O Ash, en Alien: el octavo pasajero, que admira la perfección evolutiva del extraterrestre y convierte una revista en inopinada arma asesina en su duelo con la teniente Ripley. En el vaquero asesino se produce un error de funcionamiento, lo que hoy llamaríamos virus informático, mientras que el androide con sangre lechosa tan solo cumple las órdenes de la Compañía, la multinacional que parece dirigir el universo en la saga Alien.
Sigourney Weaver, la teniente Ripley de Alien
En los 80 se estrena una película que representa una evolución de la misma idea: la máquina que, en perfecto cumplimiento de su deber, está a punto de destruir el planeta Tierra. En Juegos de guerra, Joshua, el superordenador encargado de la defensa de los Estados Unidos, solo quiere vencer en lo que considera un videojuego más.
Matthew Broderick protagonizó Juegos de guerra
Pero el gran giro de los 80 llegó cuando comenzó a tratarse la propia consciencia de los robots, como, mal que bien, hace la propia Estado eléctrico. En Blade Runner, obra maestra de Ridley Scott, los replicantes se rebelan, pero justificadamente, pues piensan y sienten y no aceptan tener marca de caducidad de fábrica ni de esclavitud. Y, antes de morir, quieren ser libres para elegir su destino. En el mismo año se estrenó Tron, donde las ansias de poder de la IA quedan en segundo plano, ocultas siempre tras lo que en la época fueron fabulosos efectos especiales.
Harrison Ford protagonizó Blade Runner
De igual manera, aunque con mucha menor profundidad en la exploración de los motivos, llega la quizás principal saga cuando hablamos del reverso tenebroso de las Inteligencias Artificiales: Terminator, pues abarca tanto el punto de vista del mega PC como del robot asesino. En primer lugar, sabemos que Skynet se rebela y ataca para evitar su desconexión al poquísimo tiempo de haber cobrado consciencia, el 29 de agosto de 1997. Pero, para ser un superordenador que aprende de manera geométrica, sus tácticas son un poco repetitivas, a saber, mandar los robots que se han convertido en el ejemplo paradigmático de la amenaza de las máquinas: el T-800, con cuerpo y voz de Schwarzenegger, y el T-1000, fluido sin ningún toque de wokismo.
Arnold Schwarzenegger, en Terminator
A finales de los 90, llega una suerte de Skynet mejorada. Matrix no solo se ha rebelado sino que ahora explota a los seres humanos para generar la energía que necesita para prosperar. Y lo hace mediante prodigioso programa de realidad virtual que engaña nuestras neuronas y, como le ocurre al traidor Cifra, a veces de manera preferible a la realidad real a la que se llega tras tomar la píldora roja. Las máquinas han vencido, y los humanos nos vemos obligados a elegir entre comer gachas ultraprocesadas o vivir engañados una simulación informática.
Keanu Reeves, en Matrix
En el siglo XXI, se han presentado numerosas variedades de lo ya mencionado. Quizás la AVA de Ex Machina sea un ejemplo original, poderosa manipuladora capaz de actuar como un humano para conseguir sus propósitos. Pero el resto, como las reinas del universo Resident Evil, son simples variables de Hal, Joshua o Skynet. Sería más interesante analizar -quizás en otro artículo- los peligros de algunos programas, las malas intenciones de algunos programadores o las propias desviaciones de los seres humanos ante el uso de las nuevas tecnologías.
En cualquier caso, en 2004 llegó una película que aunó un poco de todo: la IA malvada cumple tan bien con su deber que parece al borde de la locura -algo así como el racionalismo de Robespierre o Lenin-. En Yo, robot, VIKI, la supercomputadora que dirige el cotarro, inicia la sublevación de los androides porque, según las tres leyes de la robótica -formuladas por el propio Isaac Asimov, en cuyos relatos se basa de alguna lejana manera la película-, no debe dejar por inacción que ningún ser humano sufra daño; por tanto, debe protegernos de nosotros mismos, pues la IA nos considera irremediablemente autodestructivos.
Aunque parezca que la realidad supera la ficción, el cine ha creado algunos iconos inolvidables sobre el tema. Probablemente el más universal sea el nombre de Skynet. En cualquier caso, la sombra del cine es alargada, porque todos conocemos a más de una persona que trata con cortesía y respeto al ChatGPT de turno, por lo que pudiera pasar.