28 años después (2025)
Cine
La pequeña película que asombró al mundo y ahora es una saga que llena los cines
De un Londres desierto en 28 días después, a llenar las salas en los cinco continentes con 28 años después
En 2002 una película de 8 millones de dólares de presupuesto sorprendió a espectadores de todo el mundo. Sobre todo, por su comienzo: un paciente despierta de un coma y, sin encontrarse a nadie, sale del hospital, camina por calles desiertas de Londres, incluidos los aledaños del Parlamento de Westminster y el Big Ben, unos escasos minutos de metraje que causaron perplejidad y asombro en el público —¡qué lejos quedaba el covid!—. Aquel comienzo fue costosísimo de rodar porque, con escaso presupuesto, hubo que tirar de ingenio, como en el resto de la producción, por lo que se recurrió al maquillaje, la banda sonora y, sobre todo, el montaje para angustiar al respetable.
La escena de Jim caminando por Londres forma parte de la iconografía cinematográfica del siglo XXI. Y no solo porque el actor, hasta entonces poco o nada conocido, fuese Cillian Murphy, ahora estrella universal, gracias entre otras cosas a su papel como Tommy Shelby en Peaky Blinders. La película, dirigida por Danny Boyle y con guion de Alex Garland, es 28 días después, una de las sorpresas de la temporada gracias a sus 80 millones de taquilla.
28 días después contribuyó decisivamente al resurgir de la temática de los apocalipsis zombi, aunque aquí los infectados fuesen mucho más rápidos y rabiosos. Por eso, era inevitable que surgiese una secuela, que se tituló 28 semanas después (2007) y dirigió —y coescribió— el español Juan Carlos Fresnadillo, pues Boyle estaba embarcado en otros proyectos, entre ellos Slumdog Millionaire.
Tras una primera entrega que exploraba más los comportamientos humanos en situaciones extremas, esta segunda mostraba ya un espectáculo más al uso, con mucho de acción y varios giros respecto a cómo funcionaba el virus. Porque, en pleno siglo XXI, la coherencia interna de una trama ya no es esencial. Y, aunque ganó menos dinero que la anterior, multiplicó por 5 los 15 millones de presupuesto.
Desde entonces, se ha comentado en un sinfín de ocasiones que Danny Boyle tenía intención de rodar una tercera parte. Pero pasaban los años y el proyecto no llegaba a buen puerto.
Hasta 2025, cuando se ha estrenado 28 años después —el pasado 20 de junio—, de nuevo con la dirección de Boyle y guion de Garland. Este filme recupera el montaje entrecortado, con brevísimos primeros planos de los zombis, para aumentar la sensación de angustia y terror, o mezclando escenas para incrementar la tensión narrativa. Y, durante la primera media hora, con algo de mala leche, mostrando escenas del pasado —documentales o cinematográficas— para ironizar sobre el Reino Unido. Por fin, destaca el magistral uso de la banda sonora, una de las señas de identidad del director.
Pero, sobre todo, 28 años después muestra cómo funciona actualmente el negocio cinematográfico. Gracias a su estreno, en las plataformas se ha disparado el visionado de la primera parte. Por otro lado, en esta nueva entrega se ignoran por completo los giros de guion de la segunda, y el Reino Unido vuelve a estar completamente aislado del resto del globo, confinado en su propia geografía insular.
Además, esta nueva película es, evidentemente, una primera parte de una nueva trilogía. Las escenas de apertura y de cierre presentan a un personaje que no aparece en el resto del largometraje, pero que obviamente tendrá importancia en entregas posteriores. Asimismo, no hay un final propiamente dicho, sino que quedan varias tramas en el aire. Es un filme de presentación de personajes, algunos tan interesantes como el doctor encarnado en Ralph Fiennes.
Por otro lado, menos luminoso, menudean las trampas de guion, tanto en relación con los dos primeros filmes, como con la propia coherencia interna de la película. Da la impresión de que al público y a la crítica ya no le importa nada la solidez narrativa de una historia.
Después de todo, esta película, que ha costado 60 millones de dólares, ya lleva recaudados más de 100 en todo el mundo. Con muchos más medios, y aunque se vendan menos entradas en sala, el negocio está asegurado porque luego viene el mercado de las plataformas.
De ahí que, desde el comienzo, Boyle y Garland hayan anunciado que esta es tan solo la primera de tres películas.
La siguiente, 28 años después: The Bone Temple, se estrenará en 2026 y, en principio, desarrollará la trama que ha quedado a medio contar. Aunque el guionista sea el mismo, la directora Nia DaCosta —porque, así lo han dicho, quieren una mirada femenina dentro de un universo creativo tan masculino— es la encargada de rodar la película, a la que volverá el personaje de Cillian Murphy, desde siempre interesado en regresar al universo que le llevó a la fama.
Mientras tanto, Boyle se encargará de dirigir la tercera entrega, cuya fecha de estreno se desconoce. Así, ahora las historias se cuentan en tres películas en lugar de en una —había un viejo aforismo que decía «entra en una escena lo más tarde posible, y sal de ella lo antes posible», que supongo habrá quedado obsoleto—. Después de todo, así se hace más negocio, aunque quedemos lejos del filme redondo y, en ocasiones, memorable.