Aitor Albizua y Lalachus, en Telepasión
La Semana de la Tele
Miró, Intxaurrondo y Pepa Bueno se «borran» de una politizada Telepasión
Es la oferta de una pública que lleva 35 años con la misma cantinela
Los refritos en las privadas Antena 3, Telecinco y un show politizado en La 1 de TVE fueron los condimentos que adornaron la Nochebuena en los hogares españoles que dejaron el mando conectado a pesar de la baja calidad del producto. Telepasión: Mi gran noche es la oferta de una pública que lleva 35 años con la misma cantinela.
Esta vez con la participación de 130 profesionales de la casa que, con las ausencias muy comentadas de Silvia Intxaurrondo (nunca ha participado. ¿Será demasiado cutre para ella?), Pepa Bueno que sí participó en 1998 cuando presentaba Gente y Gonzalo Miró (¿no estaba incluido en su contrato bailar en nochevieja), se entregaron a la coreografía y la música que les prepararon y que fue lo único que no desentonó durante esa larga hora.
Telepasión la presentaron Lalachus, ya sólo falta que salga a dar el Tiempo o los informativos, y Aitor Albizua que resumió su actuación días antes: «Mola hacer el ridículo y sentirme por un día mocatriz». Según la RAE, mocatriz es: «modelo, cantante y actriz», todo a la vez. Un año más era cuestión de sacar a los escenarios de sus programas a las caras más conocidas, los presentadores de programas de televisión, radio etc., y que se disfrazaran de algo, cantaran y bailaran. Iba a ser un programa de máxima audiencia como cada año. El arrastre del discurso del Rey permitió a Telepasión aguantar los dos millones de espectadores y un share del 23,6 %.
Entre los dirigentes de RTVE persiste un síndrome de persecución. Creen que sus subidas de audiencia producen envidias y se niegan a aceptar la «absoluta politización a favor del Gobierno». Algo claramente demostrado a lo largo de las 24 horas diarias. Por eso, aprovecharon los directivos para destrozar Telepasión, un programa de entretenimiento, y transformarlo en una extraña reivindicación política que no encajaba ni con calzador y que confirmó el refrán: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces». No se citó ni una sola vez la palabra Navidad, ni se dijo Feliz Navidad, esa palabra, al parecer, en el manual a seguir está prohibida.
Cuando ya sólo restaban 20 minutos para finalizar una Telepasión correcta y de advertir en un comentario Albizua: «que esto es la pública, que no nos podemos pasar ni un céntimo»… No se lo cree ni el presidente del ente, que compra programas y eventos, casi al peso. Aparecieron en escena Inés Hernand, otra Lalachus que hay que colar en todos los programas, junto con el inconfundible hooligan del sanchismo, Jesús Cintora.
Dialogan así. Hernand: «Tienes una lengua viperina». Y Cintora responde: «La lengua es viperina, pero que no me la corten». «Conectamos –dice– con los exteriores de Prado el Rey donde las trabajadoras y trabajadores de RTVE se están manifestando en defensa de la pública». Y conectan con los trabajadores que llevan una pancarta que reza: «Quien quiera pararme no podrá». Y suenan de fondo voces que gritan: «Tengo el poder, quien eres tú para cogerlo». El esperpento cierra con una frase en pantalla: «Imparables».
Telepasión. Mi gran noche quiso ser un espectáculo festivo. entretenido, relajante, alegre y lo destrozaron plantando en cada comedor de los espectadores , entre pularda o merluza y mariscos, una manifestación a favor de la televisión pública. No es ninguna sorpresa que ante este ilógico final, la audiencia de Dani Fernández y Abraham Mateo escapara sorprendida y echando pestes por ese politiqueo innecesario al final de Telepasión. Es una pena que Antena 3 y Telecinco no presentan batalla a este teleshow politizado y que es incapaz de despedirse diciendo: «Feliz Navidad».