Clint Eastwood, en una imagen de archivo
Cine
Clint Eastwood revela las tres películas que más le han influido
No es la más romántica ni la más citada, pero sí la que, según él, le enseñó cómo interpretar a un hombre duro
Hay películas que se ven y se olvidan. Y hay otras que se quedan dentro. Cuando Clint Eastwood habla de cine, no lo hace como un espectador cualquiera, sino como alguien que aprendió a mirar, a moverse y a callar observando a los grandes del Hollywood clásico. Entre todos ellos, hay uno que siempre aparece como referencia absoluta: Humphrey Bogart.
Lo curioso es que, para Eastwood, el legado de aquel icono no se entiende solo a través de los títulos más famosos. Al contrario, cree que su filmografía suele resumirse demasiado rápido, como si bastara con nombrar un par de películas para explicarlo todo. «Normalmente, a una persona se la recuerda por una gran obra o por una o dos cosas realmente grandes», explicó en una entrevista recogida en Conversaciones con Clint. Y ese tipo de simplificación, reconoce, no le resulta ajena.
Una de sus elecciones clave es El tesoro de Sierra Madre, la historia de dos estadounidenses sin suerte que, en el México de los años veinte, se unen a un viejo buscador de oro para probar fortuna en las montañas. Lo que empieza como una aventura termina convirtiéndose en un retrato incómodo de la ambición y la desconfianza. Aquí no hay héroes clásicos ni redenciones fáciles, solo una caída moral que avanza casi sin avisar. Ese tipo de personaje, áspero y poco complaciente, fue una lección fundamental para Eastwood.
Otra de las películas que siempre menciona es La reina de África, una aventura ambientada en plena Primera Guerra Mundial en la que un marinero rudo y una misionera británica emprenden un viaje imposible por un río africano. La dureza del protagonista convive con el humor, el cansancio y una humanidad torpe que acaba conquistando al espectador. Es la prueba de que un personaje fuerte no necesita imponerse a gritos.
La tercera pieza esencial de este recorrido es El halcón maltés, un clásico del cine negro centrado en un detective privado atrapado en una red de engaños, traiciones y codicia alrededor de una valiosa estatuilla. El protagonista no explica lo que siente ni busca caer bien: observa, aguanta y decide. Esa economía de gestos y palabras, esa manera de estar en escena sin subrayar nada, es uno de los rasgos que más influyeron en el estilo interpretativo que Eastwood desarrollaría años después.
Fotograma de El tesoro de Sierra Madre
Más allá de estos títulos, el actor también reivindica películas menos recordadas, esas que rara vez aparecen en las listas de imprescindibles. Producciones del final de su carrera, como La mano izquierda de Dios, donde interpreta a un antiguo delincuente que se hace pasar por sacerdote en una comunidad aislada. No fue una de sus obras más celebradas, pero ayuda a entender la evolución de un intérprete que nunca se acomodó en una sola imagen.
Vistas en conjunto, las películas favoritas de Eastwood no funcionan como un ranking al uso. Son, más bien, un manual no escrito sobre cómo construir personajes sin explicarlo todo, cómo sugerir más de lo que se muestra y cómo convertir la contención en identidad. Y ahí está la clave: no se trata de imitar a un mito, sino de aprender de él lo justo para acabar encontrando una voz propia. Al examinar las interpretaciones de Bogart en estas obras, no es difícil encontrar paralelismos con el estilo que el propio Eastwood desarrollaría posteriormente, especialmente en los inicios de su carrera.