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Charlton Heston como Ben-Hur

Cine

Por qué Ben-Hur sigue siendo la gran película de Semana Santa

Tan espectacular como profunda, en ella se dan cita lo mejor de los géneros que miraron a la Antigua Roma

No hay Semana Santa en que alguna cadena no emita la película más grande de todos los tiempos. Pero, lejos de resultarnos repetitiva, en ella se dan cita todos los aciertos de un montón de géneros circunscritos a la Antigüedad de manera tan equilibrada, que siempre resulta novedosa y su visionado es una parada obligatoria de estas fechas.

Ben-Hur cuenta la historia de un príncipe judío caído en desgracia víctima de la ira de un tribuno romano, amigo de la infancia, que ahora le odia por haber rechazado unirse a él en los intereses del imperio. Deseoso de vengarse después de pasar años en galeras, la entrada en la vida de Judah Ben-Hur de Jesús de Nazareth le marcará profundamente y para siempre.

Son muchas las razones del éxito de Ben-Hur que van desde los once Oscar que ganó (la película más premiada de la historia hasta que en 1997 llegó Titanic) hasta la épica e irrepetible carrera de cuadrigas, homenajeada, cuando no copiada, por George Lucas en Star Wars: La amenaza fantasma. Pero lo cierto es que la cinta es un compendio de tramas y géneros que funcionan a la perfección y que hacen de ella una rara avis irrepetible.

Para empezar, Ben-Hur es un filme que, sin ser exclusivamente un peplum, ni una película de sandalia y arena, ni una de romanos, ni cine épico-histórico, ni una película bíblica… Es todas al mismo tiempo, pues compendia las claves de todos esos géneros tan relacionados que a menudo se solapan, pero que tienen diferente origen, temática y estilo.

Ben-Hur es un peplum al más puro estilo Los últimos días de Pompeya porque está producida en Italia, ambientada en la Antigüedad, tiene un héroe hercúleo como protagonista y, como todos los peplums, una trama muy sencilla, en este caso, la de una venganza. Pero Ben-Hur es también una película de sandalia y arena porque está ambientada en la Roma clásica, pero lejos de las cantidades exiguas con que se realizaban los peplums, es una superproducción de gran presupuesto donde el despliegue de extras y la ampulosidad de los decorados convierte la película en cine espectáculo como lo es, por ejemplo, Espartaco.

Charlton Heston ganó su único Oscar por Ben-Hur

Ben-Hur es, por supuesto, una película de romanos como lo es La caída del Imperio Romano y que se diferencia del de sandalia y arena porque, a la espectacularidad que va ligada a su naturaleza, se une un desarrollo dramático de personajes y unas intrigas políticas e incluso trágicas, que la hacen mucho más profunda que los géneros ya citados. Ben-Hur es también cine épico-histórico porque narra un momento del pasado a gran escala, con batallas, grandes masas de extras y decorados enormes rindiéndose a las exigencias del puro espectáculo como lo es Cleopatra o la propia Gladiator.

Y Ben-Hur es, por supuesto, cine bíblico porque tiene un contenido claramente religioso con referencias a hechos concretos de la Biblia, que está narrado de manera solemne, moral y espiritual, y que muestra un interés en lo doctrinal totalmente evidente. Como le pasa a Quo Vadis? o La túnica sagrada.

La cinta es un compendio de tramas y géneros que funcionan a la perfección

Todos estos géneros y subgéneros (que también se tocan y se entremezclan en muchas de las películas citadas) gozaron de una enorme popularidad y éxito durante la década de los 50 y 60 y Ben-Hur aglutina a lo largo de sus 212 minutos todos los aciertos del peplum, del cine de sandalia y arena, del de romanos, del épico-histórico y del bíblico al mismo tiempo, contando, además, una historia absolutamente poderosa que empieza en una primaria venganza y acaba en una profunda conversión.

Y es que el verdadero acierto del filme, su verdadera grandeza radica en que la espectacularidad de cada batalla y cada carrera, cada plano del desierto, de Roma o de Jerusalén, está sometido a la profundidad de una historia de redención como pocas se han visto en la historia del cine. Y el verdadero mérito de su director, William Wyler, que jamás volvió a realizar una producción tan enorme como ésta, fue que hizo de Ben-Hur una película íntima que trascendía el puro espectáculo para convertirse en una historia de amor. La de un judío que conoció a Cristo.