El melodrama de Olivier Dahan explota una metáfora de cuento de hadas para explicar cómo una melancólica Grace Kelly, tras su paso por Hollywood, recuperó su encanto de princesa y, en el proceso, preservó el estatus de paraíso fiscal de su pequeño principado. Grace de Mónaco comienza con una advertencia cuidadosamente redactada que indica que lo que sigue será «un relato ficticio inspirado en hechos reales». Es probable que este gesto no sirva para calmar a los enfadados hijos de los Grimaldi, pero al menos ayuda a gestionar las expectativas con respecto a la historia, que, aunque algo ficticia, convence como biopic.