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Entrevista a Leticia Dolera

Entrevista a Leticia Dolera

Televisión

Leticia Dolera y su feminismo: «Un agresor sexual puede ser buena persona, hay que acabar con el patriarcado»

La última aparición de la actriz y directora en la televisión pública catalana, 3cat, ha vuelto a encender los ánimos de un debate que ella misma lleva años tratando de capitalizar a través de sus ficciones

La actriz, directora y guionista Leticia Dolera ha desatado una enorme polémica con sus últimas declaraciones en televisión. Al hablar de su nueva serie, Pubertat, la directora soltó una frase que ha indignado a las redes sociales y a gran parte del feminismo: «Un agresor sexual puede ser una buena persona, y esto es durísimo. Desde la mirada feminista, a veces cuesta aceptar esto». Con estas palabras, muchos consideran que Dolera está intentando justificar lo injustificable y que maquilla la gravedad del abuso con una compasión psicológica que no viene a cuento.

La idea que defiende es que las agresiones sexuales no siempre las comete un monstruo desconocido en un callejón oscuro, sino personas normales y de confianza que forman parte del día a día de las víctimas. El problema es que, al intentar humanizar a los agresores para buscar los «grises» de la conducta de los adolescentes en su serie, ha cruzado una línea muy peligrosa. Al centrar el debate en si el agresor es buena persona o qué intenciones tenía, quita el foco de lo que verdaderamente importa: el daño tan grave que ha sufrido la víctima.

La indignación social no se ha hecho esperar y ha cristalizado con fuerza en plataformas como X, en la que usuarios y colectivos han desmontado con rapidez el andamiaje retórico de la directora barcelonesa. La crítica mayoritaria apunta a que, en el preciso instante en que se comete una agresión sexual, el debate abstracto sobre si el perpetrador es o no una «buena persona» carece por completo de valor, convirtiéndose en un ejercicio dialéctico vacío e irrelevante frente al peso de las consecuencias psicológicas y judiciales del acto.

Las reacciones en redes han sido feroces, dejando comentarios como este: «El propósito del feminismo hegemónico no es la justicia o mejorar. Su propósito es satanizar al varón común, al hombre normal, para destruirlo legalmente por lo mínimo».

Además, se le reprocha a la actriz que esta insistencia en buscar las fisuras emocionales del agresor, justificándolo a veces bajo el paraguas de un «patriarcado» sistémico que supuestamente lo moldea, actúa como una pantalla de humo que disuelve la culpa individual de los hombres en una responsabilidad colectiva de la sociedad. Al colectivizar la culpa, el agresor real se desvanece detrás de las estructuras sociológicas, perdiendo el foco sobre lo verdaderamente crucial: la reparación de la víctima y la asunción penal del delito.

Leticia Dolera en la televisión pública catalana

Leticia Dolera en la televisión pública catalana

Esta aparente obsesión por empatizar con el entorno del presunto abusador, reflejada en el guion de su serie a través del personaje que ella misma interpreta, choca frontalmente con la contundencia punitiva y el rigor conceptual que el propio feminismo que abandera exige en otros escenarios públicos.

Este tipo de contradicciones no son una novedad en la trayectoria de Leticia Dolera, quien lleva años arrastrando el sambenito de practicar un «feminismo de escaparate» o de conveniencia que naufraga en cuanto se somete a las dinámicas del mundo real. El episodio más sangrante de su carrera ocurrió durante la preproducción de su serie Vida perfecta (entonces titulada Déjate llevar), cuando la actriz Aina Clotet fue despedida del proyecto tras comunicar que estaba embarazada, una decisión que fulminó instantáneamente el discurso de sororidad y de conciliación laboral que Dolera predicaba en los medios de comunicación.

El principal problema de Pubertat es que aborda el abuso sexual entre adolescentes desde una perspectiva tan teórica que acaba alejándose del dolor de la víctima. Al centrarse en cómo la acusación afecta a la familia del chico acusado y en los matices de su culpabilidad, la serie parece mostrar más interés por el entorno del presunto agresor que por el sufrimiento de la joven agredida.

Además, las declaraciones de su directora, Leticia Dolera, defendiendo que «no todo es un 'no es no'» o que a esas edades es difícil distinguir entre juego y delito, han generado polémica por el riesgo de relativizar conductas muy graves. La controversia resulta aún más llamativa teniendo en cuenta que la propia Dolera ha relatado públicamente haber sufrido abusos sexuales en dos ocasiones. Por eso sorprende que, pese a conocer de primera mano el impacto de estas experiencias, opte por un discurso que muchos consideran ambiguo y que puede debilitar el mensaje de apoyo claro que las víctimas necesitan.

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