Pedro Infante
Historias de película
Seis estrellas de cine que murieron en accidentes aéreos
Las muertes de estos tres actores de Hollywood, un productor de cine y dos ídolos hispanos conmocionaron al mundo
La historia del Hollywood clásico tiene muchos capítulos trágicos. Uno de ellos, el de los accidentes de aviación. Y es que varios actores famosos, además de un exitoso productor, murieron en trágicas circunstancias mientras surcaban los cielos.
Uno de los casos más demoledores de esta triste historia es la del legendario cantante de tangos Carlos Gardel, que murió en Medellín en junio de 1935 durante una de sus giras americanas. El también actor y estrella cinematográfica de la Paramount en los primeros años del cine sonoro, falleció en el choque de dos aviones en la pista de aterrizaje de la ciudad colombiana durante una maniobra de despegue.
Carlos Gardel, en un retrato de 1923
El avión en que viajaba el famoso tanguista junto a su letrista y amigo Alfredo Le Pera y su guitarrista Guillermo Barbieri, fue presa de las llamas donde se abrasaron las 17 personas que iban a bordo lo que contribuyó de manera definitiva a transformarlo en un mito atemporal y casi religioso, pues su mausoleo, situado por supuesto en Buenos Aires, se convirtió en lugar de peregrinación constante durante años.
Igual de sonado fue el accidente que sufrió la excelente actriz de comedia, Carole Lombard, que acababa de estrenar la obra maestra de Ernst Lubistch, Ser o no ser, y que falleció cuando el avión comercial en el que viajaba se estrelló cerca de Las Vegas. Era 1942 y la muerte de la reina indiscutible de la screwball comedy desoló al mundo entero y por supuesto a su marido, Clark Gable que, devastado por la pérdida, regresó al rancho que compartían y cayó en una profunda depresión y alcoholismo. Y aunque se casó dos veces más, por deseo del propio actor, tras su muerte en 1960, fue enterrado al lado de Lombard en el cementerio de Forest Lawn de Los Ángeles.
No menos dramática fue la muerte del británico Leslie Howard, inolvidable Ashley Wilkes de Lo que el viento se llevó. Sucedió en junio de 1943 cuando el vuelo que realizaba entre Lisboa y Brístol fue interceptado y derribado por cazas de la Luftwaffe alemana frente a la costa coruñesa de Cedeira provocando la muerte de las 17 personas que iban a bordo. Alrededor de este trágico hecho siempre hubo teorías conspiratorias, unas apuntaron que los servicios secretos alemanes creían que en ese avión viajaba el primer ministro británico Winston Churchill y, otras, que el mismísimo actor era un espía británico y que poseía información valiosa sobre la posible entrada de España en la guerra.
Otra de las muertes más lloradas del cine clásico fue la Mike Todd en 1958, el célebre productor de cine y ganador del Oscar por La vuelta al mundo en 80 días. Aunque si a muchos no les suena por su nombre, quizá le ubiquen más como el entonces marido de Elizabeth Taylor que murió mientras ella rodaba La gata sobre el tejado de zinc cuando su avión privado, bautizado como 'The Lucky Liz', se estrelló en Nuevo México. Taylor se libró por los pelos de morir en el siniestro, pues un malestar estomacal de última hora le hizo no viajar con Todd aquella noche. Completamente destrozada, medicada y acosada por la prensa, la actriz permaneció alejada del rodaje durante unas tres semanas para incorporarse después notablemente más delgada como se aprecia perfectamente en el filme.
Audie Murphy, el soldado estadounidense más condecorado durante la Segunda Guerra Mundial, convertido a su vuelta en un prolífico actor de wésterns, falleció en 1971 cuando la pequeña avioneta privada en la que viajaba como pasajero se estrelló contra una montaña en Virginia debido a las pésimas condiciones climatológicas y la falta de visibilidad. Y aunque fue el líder indiscutible del wéstern de serie B de los años 50, a su muerte fue más llorado por su condición de veterano de guerra que por la de actor, pues hacía años que su estrella se había apagado.
Por último, si miramos al cine de habla hispana, no podemos olvidar la desgraciada muerte de Pedro Infante en abril de 1957. El máximo icono de la Época de Oro del cine mexicano y la hoy todavía inolvidable estrella de las rancheras fue un apasionado de la aviación lo que le llevó a morir pilotando un bombardero de la Segunda Guerra Mundial modificado que se desplomó poco después de despegar del aeropuerto de Mérida. Su muerte supuso una auténtica catástrofe emocional y un duelo colectivo sin precedentes para la población mexicana que provocó, literalmente, que se detuviera el país. Al Panteón Jardín de Ciudad de México donde fue enterrado acudieron más de 300.000 personas entre las que hubo varios miles de desmayos, ataques de pánico y desesperación. A su muerte, su legendaria figura cinematográfica de 'héroe del pueblo' quedó vacante para siempre.