Fundado en 1910

Paul SchraderEFE

Cine

Los dos maestros que han dado luz al día en el Festival de Venecia

Tsukamoto y Schrader protagonizan la tercera jornada del certamen

Films con mensaje son los que poblaron la tercera jornada del 83º Festival Internacional de Cine de Venecia, el antibélico Mr. Nelson, did you kill people?” (Mr. Nelson, ¿mató usted gente?) del maestro japonés Shinya Tsukamoto y el informativo «15/18 A place to heal» (15/18, un lugar para curarse) del joven pero afirmado realizador francés Cédric Kahn, sin olvidar, fuera de concurso, al filosófico Las bases de la filosofía del veterano norteamericano Paul Schrader. Puede parecer extraño que un film como «Mr. Nelson…» sobre un exinfante de Marina, veterano de la guerra de Vietnam, ocurrida por los años en los que él nacía, y que recorre el mundo denunciando los horrores de ese conflicto, haya interesado a un realizador típicamente japonés de 66 años, con una extensa filmografía comenzada a la temprana edad de 14, hasta el punto de impulsarlo a dirigir un largometraje en inglés con actores predominantemente negros.

Pero lo que ocurre es que Tsukamoto, famoso por su cine que explora cuerpos, violencia y alienación con una energía física inconfundible, rinde homenaje en su film a un verdadero Allen Nelson, quien, tras haber pasado gran parte de su vida denunciando los horrores de la guerra, vividos en primera persona, con miles de conferencias antibélicas en toda Asia, y especialmente en Japón, pidió ser sepultado en este país y es hoy una figura legendaria de la cultura nipona. Esa guerra, hoy en parte olvidada en «beneficio» de otras guerras más cercanas y peligrosas, es revivida en imágenes impactantes por Tsukamoto e interpretadas por Rodney Hicks, un actor de una discreta carrera sobre todo televisiva, en una de sus más sentidas actuaciones. Inspirado en el libro de memorias del mismo Nelson y escrito y fotografiado por Tsukamoto, que ama trabajar en total libertad con un equipo reducido al mínimo, el film retrata la progresiva concienciación del exmarine quien, con la ayuda de un psicólogo (Geoffrey Rush), logra superar el trauma bélico y transmitir un mensaje importante para las nuevas generaciones.

Cédric Kahn, actor, director, productor y guionista francés, descubre al espectador un experimento de reeducación de adolescentes (víctimas de drogas y tendencias autodestructivas) por parte de una clínica neuropsiquiátrica que admite, como dice el título, pacientes de entre 15 y 18 años. Retratando la vida en común de adolescentes desesperados y abnegados médicos, psicólogos y enfermeros, el film es sobre todo la ocasión para que una serie de jovencísimos actores, casi debutantes, interpretando casos clínicos y humanos resaltados por una indulgente dirección, demuestren su valía actoral, exhibiendo los más variados excesos histriónicos de los que son capaces.

Más que un film, 15/18 es una vidriera para el lucimiento de una nueva generación de actores. De la mano de su viejo amigo y compinche Martin Scorsese, que le produce el film (ambos habían casi debutado juntos en 1976 con Taxi Driver), Paul Schrader vuelve a Venecia, que le entregó el León de Oro a la carrera en 2022, con una especie de policial filosófico que habla de la posibilidad de cambio y arrepentimiento. John Jorissen, respetado profesor de filosofía, con una vida bien regulada pero que oculta un secreto que podría arruinar su carrera, dicta un curso de introducción a la filosofía, inspirado en un libro que está escribiendo dedicado al judío converso Baruch Spinoza y a su concepto de la responsabilidad, el arrepentimiento y la posibilidad de cambiar de vida. Después de haber tenido fortuitas relaciones sexuales con un adolescente de 14 años, hijo del jardinero de su casa, John confiesa todo a su padre, el cual, para silenciar el posible escándalo, decide hacerse cargo de la educación de la víctima, bajo la promesa de que su hijo no vuelva a caer en la misma situación. John tiene ahora 40 años, vive con una colega profesora con un hijo adolescente a su cargo, pero la presencia de su antigua víctima en el funeral de su padre despierta en él antiguos deseos. Schrader vuelve a nimbar de calvinismo una historia suya y, aunque la extraña mezcla de sexo, religión y filosofía no predecía tan saludable combinación, la verdad es que el talento y el oficio del director han dado como resultado una película bastante potable.