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Ingrid Bergman y Roberto Rossellini, en 1953GTRES

Historias de película

El romance entre Roberto Rossellini e Ingrid Bergman que escandalizó a Hollywood

La conmoción pública fue tal, que Estados Unidos la declaró persona non grata

En 1948, Ingrid Bergman se hallaba en la cúspide de su carrera. Sólo en los años 40 había protagonizado Casablanca, Por quién doblan las campanas, Las campanas de Santa María, Encadenados o Juana de Arco y había ganado un Oscar por Luz que agoniza. De reputación intachable, estaba casada con el neurocirujano sueco Petter Lindström y tenían una hija de diez años.

En aquel momento, la actriz vio en un programa doble en un cine de Los Ángeles dos películas del cineasta italiano Roberto Rossellini que generaron en ella un tremendo impacto. Al regresar a su casa, fascinada todavía, le escribió una carta que decía: «He visto sus películas [...] Si necesita una actriz sueca que habla inglés muy bien, que no ha olvidado su alemán, a la que se le entiende bien en francés y que en italiano solo sabe decir «ti amo», estoy dispuesta a ir a Italia a hacer una película con usted». Y, Rossellini que acababa de terminar Francisco, juglar de Dios y estaba embarcado en su siguiente proyecto, Stromboli: tierra de Dios, no lo dudó un momento y le contestó a vuelta de correo ofreciéndole el papel protagonista.

Pero cuando la actriz llegó a la remota isla italiana para interpretar a una mujer huida de un campo de concentración que aceptaba casarse por conveniencia con un marinero local, ocurrió algo que no esperaba: Y es que, nada más empezar a trabajar con su director, se enamoró de él perdidamente. Roberto Rossellini, por su parte, estaba casado y separado hacía años y mantenía una relación con la actriz Anna Magnani a la que acababa de dirigir en El amor. Y él, al igual que Bergman, se volvió loco por ella.

Pero lejos del romanticismo cinematográfico, la noticia acabó llenando los diarios de todo el mundo y desató toda clase de histerias morales en la sociedad norteamericana cuando se supo que la actriz, que aún no estaba divorciada, se había quedado embarazada del director europeo. A partir de entonces, todo se fue de madre. El senador Edwin C. Johnson pronunció un discurso incendiario en el Senado de Estados Unidos denunciado a Bergman como una «poderosa fuerza para el mal», calificando a Rossellini de «decapitador de almas» y proponiendo leyes que censuraran a los actores por motivos de moralidad.

La película que realizaron juntos, Stromboli: tierra de Dios, sufrió un boicot multitudinario en las salas de todo el país y, poco después de volver a Los Angeles, Bergman recibió cartas amenazadoras y reprobaciones públicas de la iglesia luterana de Suecia y la iglesia católica de Estados Unidos hasta el punto de, desesperada, verse forzada a dejar Estados Unidos huyendo del acoso de la prensa. Esta, además, empezó a cuestionarla como madre y, una vez tramitado su divorcio, estuvo años sin poder ver a su hija Pía.

Finalmente, Rossellini y Bergman se casaron en 1950 y de su matrimonio nacieron su hijo Roberto y, dos años después, las gemelas Isotta e Isabella, ésta última, también actriz. Juntos trabajarían de manera incansable en cinco ocasiones más: Europa '51 (1952), Nosotras las mujeres (1953), Te querré siempre (1954), Juana de Arco (1954) y Yo no creo en el amor (1954), pero aunque entre ellas hay magníficas películas como la primera y la tercera, en su momento fueron enormemente vapuleadas por la crítica e ignoradas por el público.

Estos fracasos profesionales llevaron al matrimonio a una crisis personal que terminaría en divorcio. Gracias a ello y al éxito que en 1956 tuvieron en Europa y Estados Unidos, respectivamente, sus dos siguientes películas, Elena y los hombres y Anastasia, Ingrid Bergman logró restituir su imagen pública. No en vano, por este drama histórico en que da vida a la Gran Duquesa Anastasia ganaría el segundo Oscar de su carrera que recogió en su nombre su íntimo amigo Cary Grant.

La actriz empezó de nuevo a trabajar en Hollywood en títulos como El albergue de la sexta felicidad o Indiscreta, pero no volvió a aparecer en público hasta 1959 cuando fue invitada a entregar el Oscar a la mejor película. Los presentes la recibieron entonces con una gran ovación dándose por cerrada la reaccionaria manera en que había sido tratada por la sociedad y la industria diez años antes. Uno de los capítulos más oscuros sobre la doble moral con que se ha conducido Hollywood desde sus inicios.