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Este solvente equipo lleva a cabo con Naza un espeluznante ejercicio de revisión histórica

Crítica de cine

'Naza', el documental que muestra desde dentro las operaciones militares de Israel en la franja de Gaza

Un documental de entrevistas a soldados de élite israelíes que explican, sin remilgos, cómo planearon y ejecutaron operaciones de exterminio en la franja de Gaza en 2023

Este documental viene avalado por la ejecutoria de los profesionales que lo han hecho posible. Sus directores, el matrimonio israelí Yuval Abraham y Rachel Szor, ya habían codirigido No other land, sobre la situación de los palestinos en Cisjordania, que ganó el Oscar al mejor documental en 2024. El productor, el británico Jonathan Glazer, dirigió la impactante La zona de interés, que obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera en 2023.

Este solvente equipo lleva a cabo con Naza un espeluznante ejercicio de revisión histórica. Se trata de un documental de entrevistas a soldados de élite israelíes que explican, sin remilgos, cómo planearon y ejecutaron operaciones de exterminio en la Franja de Gaza en 2023. Las entrevistas están filmadas de noche y en lo alto de azoteas de Tel Aviv, sin luz, y los entrevistados han sido editados en imagen y sonido para que no puedan ser reconocidos.

Uno de los militares, por ejemplo, tenía la misión de ir destruyendo edificios, uno a uno, independientemente de cuántos habitantes hubiera dentro, frecuentemente familias con niños. Eran los NAZA, daños colaterales. Anónimos, enemigos potenciales, sin rostro, pura estadística. Otro de los militares, francotirador, cuenta cómo su tarea era disparar a los que se separaban mínimamente de la cola de entrega de alimentos, a donde acudían presurosos y hambrientos centenares de civiles que lo habían perdido todo.

«Maté a miles», confiesa. «¿Cree usted que aquello fue un genocidio?» «Sí», contesta fríamente. «¿No le remordía la conciencia?» «Soy un técnico; no se nos permiten las consideraciones morales». Es imposible no recordar la escena de La lista de Schindler en la que el nazi interpretado por Ralph Fiennes dispara al azar desde su terraza a judíos del gueto. Qué ironía de la historia: los judíos aplicando los métodos de exterminio que ellos mismos sufrieron en la Shoah.

Porque los militares entrevistados lo dejan claro: el objetivo marcado desde arriba era vaciar Gaza de palestinos para siempre y conseguir que nunca más volvieran a ella. Algo parecido a lo que los nazis llamaron «la solución final». Hay que decir que alguno de los entrevistados muestra su arrepentimiento, y confiesa que el furor del momento y el subidón de adrenalina de aquellas semanas le cegaron.

Las declaraciones de los entrevistados se alternan con los dibujos que van haciendo en un cuaderno y con los que explican fríamente cómo se estudiaban los edificios que había que destruir cada jornada, y cómo se calculaba estadísticamente cuántas familias había dentro. En los momentos de silencio, la cámara nos muestra los edificios que rodean el ático elegido como plató. Es de noche y vemos a los vecinos mirar la televisión, hacer ejercicio, prepararse la cena… acciones rutinarias y cotidianas que contrastan cruelmente con los hechos que acabamos de escuchar, y que sucedieron solo a sesenta kilómetros de allí.

La película termina con unas imágenes grabadas con móvil en las que vemos a un padre buscando a su mujer y a sus hijos bajo unos escombros en los que ya no queda esperanza de vida. También se nos muestra un montón de cuerpos aplastados bajo un techo de hormigón desplomado.

El documental solo dura ochenta minutos. No necesitamos más. El puñetazo en el estómago ya está propinado. Uno sale del cine, no solo pensando en Gaza y Netanyahu, sino reflexionando sobre el mal y la condición humana, incapaz de aprender de sus errores; sobre quienes usan el nombre de Dios en vano, y sobre tantos llamamientos que hizo el Papa en aquel momento y que, como siempre, nadie quiso escuchar.