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Fotograma de El fotógrafo del pánico

Cine

La película que habría marcado el cine de terror de no haber existido 'Psicosis'

Vapuleada en su momento, cineastas como Martin Scorsese o Quentin Tarantino hoy la alaban como la fundacional del thriller psicológico moderno

En 1960, Alfred Hitchcok, para muchos, debía batirse en retirada, pues era «mayor», había ganado fama, dinero y éxito suficiente durante los años 50 como para no necesitar trabajar nunca más y además se había plegado al artefacto aquel tan alejado del arte llamado televisión con su serie Alfred Hitchcock presenta. Pero ese año, el maestro de maestros hizo una de sus obras maestras más rotundas, Psicosis, y con ella cambió la historia del cine dando el pistoletazo de salida al cine de terror moderno alejado del cine de monstruos y de sustos y abrió las puertas a otro tipo de películas, como el slasher, que no tardaría mucho en llegar.

Por eso, cuando hablamos del cine de terror de esa época, casi siempre se nos olvida hablar de una cinta contemporánea a Psicosis, moderna y radical como ella y que, de no haberse estrenado casi a la vez, hoy sería inolvidable. Pero la sombra de Norman Bates es alargada y muchos no se acuerdan de otro psicópata guapo e inquietante, el Mark Lewis de El fotógrafo del pánico.

La cinta apareció en un momento de transformación fundamental dentro del cine británico y de la carrera de su director, Michael Powell. Después de la disolverse la fructífera y bellísima alianza que había tenido con Emeric Pressburger con el que había hecho Las zapatillas rojas, Narciso negro o Corazón salvaje, Powell ansiaba reinventarse y enfocar su carrera hacia lugares más oscuros y películas menos amables.

Fue el guionista Leo Marks el que propició que ocurriera al ofrecerle el guion de una película audaz en la que un cameraman vivía obsesionado con la idea de fotografiar el terror puro, primero, desde el vouyerismo y, después, desde el asesinato de mujeres a las que obligaba a contemplar su propio rostro mientras él las degollaba. Además, el criminal era un hombre atractivo y tímido que había desarrollado una cruel personalidad a consecuencia de los abusos y crueles experimentos psicológicos que su propio padre había realizado con él durante su infancia.

Powell se quedó entusiasmado con la idea porque la cinta se alejaba totalmente del auge del horror gótico de las producciones de la Hammer, por un lado, y del realismo social del Free Cinema y de los Kitchen Sink Dramas, por el otro. Y es que la propuesta de situar el horror en lo cotidiano (idéntica a la de Psicosis) le fascinó desde el primero momento.

Fotograma de El fotógrafo del pánico

La película, producida por Amalgamated Productions y el propio Powell contó con un presupuesto modesto debido a su arriesgadísima propuesta y el director, además, contrató como protagonista al actor alemán Karlheinz Böhm, conocido en todo el mundo por haber hecho de emperador Francisco José de Austria en la trilogía encantadora de Sissi. Guapo y de aspecto encantador, como el Norman Bates de Psicosis.

El tema del fondo del filme era el vouyerismo llevado hasta las máximas consecuencias, pero de él se sustraía una reflexión profunda sobre la obsesión por mirar la vida de los demás casi metalingüística, pues el psicópata asesino trabajaba como cámara de cine y fotógrafo ocasional. El punto de vista adoptado por Powell (que interviene en el filme unos segundos haciendo de padre del asesino) era también muy radical, pues obligaba al espectador a ponerse en los ojos de la cámara y contemplar los crímenes desde el punto de vista de ésta. No en vano, el filme empieza con un asesinato visto desde el objetivo de Mark Lewis que después, y de manera obsesiva, contempla una y otra vez a oscuras en su casa.

Está protagonizada por Karlheinz Böhm, conocido por interpretar a Francisco José en Sissi

La cinta, además, fue muy valiente al abordar el conflicto psicológico de sus personajes. Al igual que en Psicosis, el trauma por el que pasa Mark se nos es explicado –en esta ocasión, casi desde el principio del filme–, con lo que sus tormentos quedan nítidos para el espectador que le mira con miedo, sin duda, pero también con piedad. Lewis no es un malo que mata y punto, sino un hombre atormentado por sus crímenes que se excita ante el terror que despierta en sus víctimas, algo completamente alejado de la forma maniquea en que el crimen era mostrado hasta entonces en el cine británico.

La película fue atacada ferozmente por la crítica. En The Spectator dijeron que era «horriblemente morbosa, una mezcla de perversión clínica y voyeurismo grotesco que no tiene lugar en el cine público» y en The Tribune que habría que «recogerla con una pala y arrojarla rápidamente por el alcantarillado más cercano». La tildaron de «repulsiva», «ofensiva» y «depravada» hasta el punto la carrera de Powell se vio lastrada por ella durante años y hundió su reputación. Todo lo contrario que la de Hitchcock, que creció más aún a raíz del éxito de Psicosis.

Con el tiempo, sin embargo, la película fue reparada y cineastas como Martin Scorsese o Quentin Tarantino la han reivindicado como una obra maestra visionaria y fundacional del thriller psicológico moderno. Una película única para los fans del terror.