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Fred MacMurray y Barbara Stanwyck, en un fotograma de Perdición

Historias de película

El actor que, de no ser por Billy Wilder, hoy estaría olvidado

El cineasta europeo logró sacarle de sus registros habituales para dar vida a dos de sus mejores villanos

A Billy Wilder le encantaba repetir con sus actores. Trabajó con Jack Lemmon en siete ocasiones, con William Holden, en cuatro y en dos ocasiones con Walter Matthau, Audrey Hpeburn, Marilyn Monroe, Marlene Dietrich, Ray Miland, Erich von Stroheim, Shirley MacLaine y Fred MacMurray. Pero, seguramente, fueron las dos colaboraciones de este último con el director europeo las que de manera más drástica transformaron la percepción que el público y la industria tenían de él.

La primera de las dos películas que hicieron fue Perdición en 1944. Antes de eso, el actor estaba asociado a la imagen de chico bueno, atlético y amigable que triunfaba en comedias románticas. En esta línea había trabajado con Madeleine Carroll, Paulette Godard, Rosalind Russell, Joan Crawford, Caludette Colbert y Dorothy Lamour en películas entrañables, pero hoy consideradas menores.

Por eso, cuando Billy Wilder le llamó para interpretar a Walter Neff, un agente de seguros que era seducido por una mujer para asesinar a su marido, MacMurray se negó en el acto. Su principal argumento fue que era un actor de comedia y que el público rechazaría ese cambio de registro hasta el punto de hundir su carrera. Y así lo explicó toda su vida: «Estaba verdaderamente asustado de interpretar a un asesino a sangre fría después de años haciendo de héroe simpático».

Pero Wilder insistió e insistió hasta persuadirle y el resultado no pudo ser mejor ya que Perdición no es sólo una de las obras cumbre del cine negro, sino que supuso la mejor interpretación de MacMurray hasta la fecha y que no pasó inadvertida ante la crítica que empezaría a considerarle un actor de carácter. La revista Time destacó en el momento de su estreno: «Fred MacMurray abandona su habitual sonrisa de chico bueno de Hollywood para encarnar con una convicción escalofriante a un hombre corriente devorado por su propia debilidad. Su Walter Neff es una lección de cómo la respetabilidad puede pudrirse en cuestión de segundos ante el señuelo adecuado».

Su carrera no dio un giro en el acto porque el actor tenía firmadas media docena más de películas para lo que quedaba de década, pero tras finalizarlas decidió cambiar de registro y empezó a protagonizar wésterns, cine de aventuras y cine bélico entre las que sobresale la importante El motín del Caine de 1954 de Edward Dmytryck. En los 50, MacMurray era un actor nuevo y trabajó con Jean Negulesco, George Marshall, Douglas Sirk y Rudolph Maté logrando cambiar del amigable y encantador actor de la década de los 40, al tipo duro de las de los 50.

Perdición, de Billy Wilder

Por eso, cuando en 1959 Billy Wilder volvió a llamar a su puerta, MacMurray volvió a decirle que no. El papel que le ofrecía era aún más «peligroso» que el de Perdición, pues se trataba del atractivo y adúltero director de una compañía de seguros. Habían pasado quince años desde que trabajaran juntos en Perdición y MacMurray, consciente de la influencia que trabajar con Wilder podía tener con su carrera, lo dudó durante semanas.

Además, a sus 50 años, acababa de firmar un contrato con Disney para hacer tres películas (Un sabio en las nubes, Los conflictos de papá y El sabio en apuros) y meterse en la piel se Jeff Sheldrake suponía encarnar a un villano mucho más sutil y cínico que el de Perdición porque su realismo ponía en entredicho la sacrosanta moralidad americana.

Fotograma de Perdición

Sin embargo, Wilder volvió a insistir, infatigable, hasta que logró convencerle y MacMurray aportó a su personaje el contrapunto preciso a esta inclasificable película, demasiado divertida para ser un drama y demasiado triste para ser una comedia. Y es que Wilder, inteligente como pocos directores a la hora de dirigir actores, supo subvertir la apariencia de MacMurray de tipo honrado y honorable y le regaló uno de los mejores secundarios de toda su filmografía que, una vez más, volvió a entusiasmar a la crítica.

Y así lo destacó la revista Variety: «Fred MacMurray resulta perfectamente repulsivo en su papel de ejecutivo casado y sin escrúpulos. Actuando completamente contra su registro habitual de hombre simpático, compone un villano de oficina absolutamente creíble, cuya frialdad equilibra la calidez del romance central».

El actor siempre se mostró agradecido por la oportunidad y la insistencia de Wilder. Sobre su papel en la primera diría: «Hacer Perdición cambió por completo el curso de mi carrera, me demostró a mí mismo y a la industria que podía hacer algo totalmente distinto a la comedia». Mientras que, sobre la segunda, apuntó que Wilder «provocó que me odiaran todas las madres de América». Y es que Fred MacMurray siempre otorgó a Billy Wilder el mérito de haber extraído de él las mejores interpretaciones de toda su carrera.