Fundado en 1910

Daniele LucchettiGTRES

Fiesta del Cine de Roma

Dos películas de historias humanas rompen la racha de decepciones en la Fiesta del Cine de Roma

Interrumpiendo una serie de decepciones, hoy en la sexta jornada de la 21a. Fiesta del Cine de Roma se presentaron dos películas que consiguen atrapar al espectador con historias de gente normal con la que podemos identificarnos y hasta vernos reflejados, objetivo que de alguna manera se ha propuesto el cine desde su principio.

Una es la italiana «Noi, un pò meglio» de Daniele Lucchetti que cuenta la historia de una pareja profundamente enamorada que quiere adoptar un hijo superando no solo barreras burocráticas sino también las que levantan ellos mismos ante esta decisión. La otra es la francesa «Voilà, c’est fini», primer film como director autónomo de Gustave Kervern sin la ayuda de su cómplice desde hace 20 años Benoît Delèpine, con quien había realizado ocho películas singulares y anticonformistas pero de gran impacto comercial, y que muestra ese mundo concentracionario del turismo de masa con sus diversiones obligatorias, donde se juntan pero no se mezclan quien sirve y quien es servido.

«Noi, un pò meglio» (Nosotros, un poco mejor) es un título anodino que tal vez desvíe la atención del espectador hacia una película que es un prodigio de sensibilidad al afrontar los problemas de una pareja que busca adoptar a un hijo sin que este deseo no totalmente compartido destruya la relación. Exhibida en primicia mundial en la sección fuera de concurso «Grand Public» dedicado a ese cine destinado a las familias y de probable aceptación comercial, «Noi, un pò meglio» irá directamente a Netflix por lo que tarde o temprano llegará a la plataforma española.

Simone y Lucia se encuentran fortuitamente en la más extraña circunstancia, cuando ella queda atrapada en su auto tras volcarse en una playa y es rescatada por un joven bombero. La atracción física es inmediata y hasta perdurable porque después de cuatro años aún siguen juntos, enamorados como siempre.

Pero hay un problema, por una malformación congénita Lucia es incapaz de tener hijos mientras Simone proviene de una familia multitudinaria con hijos, nietos, sobrinos, cuñados y cuñadas que viven en perpetua comunicación. Y cuando al fin, después de un laborioso y procrastinado acuerdo, deciden adoptar uno el laborioso trámite pondrá en peligro su hasta ahora armoniosa relación.

Sobre un guión profundamente calibrado de Enrico Audenino, Davide Lantieri, Serena Patrignanelli, capaz de crear personajes y ambientes perfectamente dibujados, creíbles y con los que cualquiera puede identificarse, sea o no en la misma situación, Lucchetti con la colaboración de actores en estado de gracia como Elio Germano, Maria Chiara Giannetta y Anna Bonaiuto crea un entrañable mundo del que el espectador tardará en desprenderse.

En concurso, en cambio, estaba el hasta ahora mejor candidato al premio final de esta Fiesta del Cine de Roma que tardaba en encontrar al film que lo marcaría en la historia. Kervern es nativo de las Islas Mauricius y parisino de adopción pero nunca había ambientado una historia en este archipiélago del océano Indico de apenas 2.040 kilómetros de extensión, paraíso para turistas de todo el mundo, que se pasan la breve vida de sus soñadas vacaciones cruzándose pero sin interferir en la población local, ocupada exclusivamente en atenderlos.

En un hotel de relativo lujo, se hospeda un matrimonio con varios problemas que incluyen a una hija anoréxica que no sale de la habitación y que vomita prontamente cualquier bocado que logra meterse a la boca. Intrigado por esta adolescente esquelética, que contrasta que está habituado a convivir por su trabajo, el mauriciano Pierre trata de sacarla de su encierro obligándola a acompañarlo para visitar la verdadera vida de la isla.

Pero la madre y el padre adoptivo, aún reconociendo el cambio que esta nueva amistad ha provocado en la hija, deciden partir imprevistamente ante el posible peligro de un yerno de color. Kervern muestra un espejo despiadado y cruel de ese mundo dividido de turistas y locales que se cruzan sin tocarse, donde el respeto, la afabilidad y la educación son obligatorios pero sin dejar de marcar la insuperable barrera entre gente que sirve y es servida en una experiencia que todos hemos experimentado en la vida de todos los días pero no alcanzamos a reconocer como propia.

Y el mérito de Kervern es haber sostenido sin desfallecimiento ese espejo en el que no queremos vernos reflejados. La jornada de hoy se concluyó con la esperada y concurrida clase magistral de Rodrigo Sorogoyen que hablo de su oficio y de la visión del mundo que ofrece su obra