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José Mota, en su entrevista exclusiva para este periódicoEl Debate

Entrevista

José Mota: «Me rebelo contra la idea de tener miedo por hacer mi trabajo»​

El actor, humorista y, ahora también director, reivindica en su primera película el poder de la comedia como cura frente al miedo y la crispación actual

José Mota debuta como director en la gran pantalla con Arriba, Tutto, una comedia de aventuras que reivindica el humor como una herramienta para combatir el miedo. La película, que tuvo una acogida espectacular en el Festival de San Sebastián, es «un cuento, una fábula maravillosa» y el resultado del esfuerzo de muchas personas que han creído en el proyecto y que demuestran con su trabajo que la comedia es un ejercicio de salud social al que no hay que tener miedo. «Nos hace libres y tenemos que abrazarla siempre», sostiene el actor y humorista.

– ¿Qué se encontrará el espectador al ver Arriba, Tutto, disponible en cines a partir del viernes 23 de octubre?

– Es una comedia de aventuras. Puede haber caballos, tanques e incluso algún avión, pero, sobre todo, es un viaje maravilloso hacia el encuentro del niño que fuimos. También tiene que ver cómo, a veces, cuando nos hacemos adultos, perdemos esa esencia por miedo e inseguridad, con todas las caretas que nos ponemos para sobrevivir en este entorno.

Arriba, Tuto es eso: la comedia frente al miedo, frente a la crispación y frente a quienes medran con el miedo y la polarización. Es la comedia frente a quienes no creen en la libertad. Es una nariz de payaso delante de un carro de combate haciéndole frente.

También se habla de la importancia de los padres. Es una manera de devolver todo el cariño, toda la dignidad y valores con la que me educaron los míos. Además, es un homenaje a todos los referentes que he tenido desde niño. Un mago me sorprendía, pero un cómico me transmitía magia, porque tenía la sensación de que el humorista nada a contracorriente de lo establecido mientras arranca una sonrisa a la gente.

Me parece que el humor y la comedia son la gran revolución pendiente. A veces decimos, equivocadamente: «Vamos a hablar en serio, dejemos las bromas». Pero no hay nada más serio o curativo que el humor.

– Es tu debut como director. ¿Cuánto hay del José Mota persona, más allá del cómico?

– La película recoge la esencia de lo que he sido y de lo que soy. También han participado compañeros que se han dejado la piel escribiéndola: Fernando R. Claro García y Marta González de Vega, que han hecho un trabajo fantástico conmigo. Es muy importante que quienes participan en un proyecto crean en lo que están haciendo, porque entonces la complicidad es infinitamente mayor.

Esta historia nos la ha dictado un niño, el niño que fui. Si te digo que llevo unos doce años con esta idea, quizá no mienta. Tenía emociones encontradas, como si fueran fotografías desordenadas. Había que ponerlas en orden y colocarlas en el sitio adecuado, construyendo un relato que tuviera sentido.

Había miedos, pero me decía: «Hazla, tírate a la piscina. Cuenta lo que llevas dentro». Ese niño es el que cree que una nariz de payaso puede enfrentarse a un fusil y salir victoriosa. Hoy hay muchas personas cuyo negocio es fomentar el odio. La comedia se rebela frente a eso, planta cara y le enseña los dientes. Los cómicos tenemos el deber de utilizar esa herramienta en beneficio de todos.

Me rebelo contra la idea de tener miedo por hacer mi trabajo cuando sirve para unir a la gente

– ¿Hay que hacer ahora un ejercicio aún más fuerte para no ofender a través del humor? ¿Has tenido que autocensurarte?

– Procuro no caer en algo terrible, que es la autocensura. No quiero vivir con miedo ni hacer comedia con un barniz de miedo constantemente. Me rebelo contra eso. Los cómos son importantes, es decir, cómo planteas lo que quieres decir. Pero no me corto a la hora de expresar lo que pienso y siento. No quiero hacerlo, porque entonces no me merecería la pena.

– En ese sentido, ¿qué te molesta más: un chiste que no haga gracia o que alguien se enfade por ello?

– Con el humor no puedes evitar que una broma o una historia no agraden a todo el mundo por igual. Pero soy de los que piensan que, cuando una gota de humor cae en la arena, ese lugar se convierte en un sitio mejor, mucho más habitable. Lo creo de verdad.

Siempre puede haber gente que se sienta ofendida por algo. Es complicado y, además, creo que es imposible agradar a todo el mundo de la misma manera. Al fin y al cabo, tienes que hacer un trabajo lo más honesto posible. Luis Piedrahita decía que el humor es un arma de construcción masiva, y es verdad. Como así lo pienso y lo siento, me rebelo contra la idea de tener miedo por hacer mi trabajo cuando considero que sirve para unir a la gente. La comedia es el camino más corto entre dos personas y sigue siendo así. Por eso no puedes ejercerla desde el miedo. Es imposible.

– Llevas una trayectoria inimaginable, con más de veinte años de carrera. ¿Qué consejo le darías al José Mota que empezaba en televisión?

– Le diría que tendría que haberse desprendido mucho antes de las inseguridades y de los miedos, porque casi nada es para tanto. Y que el fin no justifica los medios. Lo importante es el camino en sí mismo, pero es algo que aprendes con la edad. El proceso que he vivido al escribir la película constituye, en sí mismo, la finalidad. Me ha dado tanta felicidad y satisfacción que es impagable.

He disfrutado mucho de mi trabajo y he tratado de vivir con conciencia lo bonito que era cada día, pero le diría que lo disfrutara. Si hoy pudiera volver atrás, con la perspectiva que te da la edad, eliminaría muchas inseguridades y miedos. No habría sido tan obsesivo con repetir tomas. Habría hecho dos y me habría quedado con la impronta del momento y la imperfección. La comedia se nutre de la imperfección y del ser humano que la está haciendo. Cuando quieres que todo salga exactamente como en el guion, pierdes vitalidad por el camino.

La comedia nos ayuda a digerir, de alguna manera, el monstruito que todos llevamos dentro

– Ahora que has trabajado en televisión y vas a hacerlo en el cine, ¿qué te queda por cumplir?

– No considero que haya conseguido nada definitivo ni me gusta fijarme metas como si fueran casillas que vas tachando. Estamos aquí para aprender constantemente. Me interesa lo pequeño, lo cotidiano, como salir de aquí, visitar a un amigo y charlar con él. A veces nos obsesionamos con alcanzar objetivos y nos olvidamos de que lo importante es el camino. Lo cotidiano, lo pequeño, es lo grande.

A todos nos gusta que reconozcan nuestro trabajo y que nos quieran, pero no quiero perderme lo más importante por perseguir ese reconocimiento. La esencia de la vida está en los sueños, en perseguirlos y en levantarte una mañana con ilusión, pensando: «¿Y por qué no?». Creo que estamos vivos, para soñar y estar ilusionados. La vida es un regalo.

– Y, en lo cotidiano, ¿qué te hace reír?

La vida, la gente, los amigos… y las miserias propias cuando las vemos reflejadas en los demás. Nos reímos cuando reconocemos una miseria propia en un cómico que nos la cuenta a través de un monólogo. Nos reímos y eso es sanador.

Cuando hay una risa, estás reconociendo algo. Creo que la comedia nos ayuda a digerir, de alguna manera, el monstruito que todos llevamos dentro. Por eso me parece milagrosa.

– Durante años, la comedia en el cine ha estado denostada en comparación con el drama y ahora es la que triunfa en taquilla…

– Sí, y me parece una gran noticia. Recuerdo que en el colegio siempre estaba haciendo el bobo. Me daban dos reglazos en las manos y aquello parecía lo correcto. Me decían que acabaría en un circo. Y yo pensaba: «Ojalá, ojalá termine allí». Desde muy pequeño, me di cuenta de que el humor era mi sitio.

No podemos tomarnos todo tan en serio. Evidentemente, hay grandes problemas: el paro, las enfermedades y muchas otras situaciones de las que tenemos que ocuparnos como corresponde, pero también hay momentos que son como el recreo. Y, cuando llega, tienes que salir a jugar. Por eso Arriba, Tutto me parece una reivindicación del niño que fuimos, pero también una metáfora de la importancia de vivir el momento. Carpe diem, como decían en El club de los poetas muertos, la película de Robin Williams.

Arriba Tutto es una nariz de payaso delante de un carro de combate haciéndole frente

– A propósito de El club de los poetas muertos, ¿qué otras referencias cinematográficas tienes?

– Creo que Arriba, Tutto tiene referentes claros, como Viaje a ninguna parte, Ser o no ser, de Lubitsch, La vida es bella y Charlie Chaplin con El gran dictador. De hecho, en la película hay un homenaje claro a esta. Me parece que los cómicos deberían estar permanentemente en la marquesina de lo importante, con letras de neón luminosas que dijeran «comedia». Dime un solo político que haya hecho por la humanidad la mitad de lo que han hecho Buster Keaton o Chaplin. Lo que ocurre es que la comedia siempre camina sin zapatos, sin calzado. No se la oye, pero nos hace muchísimo bien. Por eso quiero reivindicarla.