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Daisy Edgar-Jones y George MacKay, en un fotograma de Sentido y sensibilidad

Crítica de cine

'Sentido y sensibilidad', una nueva versión de Jane Austen que se convertirá en clásico

La directora Georgia Oakley aporta un espíritu rebelde y naturalista a la ya de por sí mordaz sátira social de Jane Austen

Sé lo que estáis pensando. ¿De verdad era necesaria otra adaptación de Sentido y sensibilidad? La respuesta corta sería sí. Y la larga... también. Lo cierto es que han pasado más de tres décadas desde que Ang Lee realizó la que muchos consideran la versión cinematográfica definitiva de la primera novela de Jane Austen –protagonizada por Emma Thompson y Kate Winslet como las hermanas Dashwood, cuya inesperada pobreza se entrelaza con la ambición romántica y social– y el ritmo de las adaptaciones de la escritora sugiere que no es tan descabellado traer de vuelta la historia.

Parece que el mundo está falto de romance, así que debemos volver a la fuente original, la reina del anhelo, la añoranza, los diálogos ingeniosos y las dramáticas confesiones de amor. Siempre está ahí recordándonos que creó un modelo romántico que siempre es bueno revisitar. Aunque Georgia Oakley tenía el listón alto con su predecesora en su película consigue una versión exuberante, terrenal y llena de vida que enfatiza la rebeldía juvenil de las hermanas Dashwood, con el rostro al natural, el cabello despeinado y las texturas del mundo que habitan.

Y es que dejando de lado la fantasía y la ironía que han caracterizado muchas de las películas de Austen en los últimos años, el enfoque de esta es profundamente serio, con un sentido de naturalismo sutil, casi conmovedor. Y partiendo de la misma base: las hermanas Elinor (Daisy Edgar-Jones), Marianne (Esmé Creed-Miles) y Margaret (Bodhi Rae Breathnach), que, junto con su madre (Caitríona Balfe), se encuentran en una situación desesperada tras la muerte de su padre.

Sorprendentemente, la nueva Sentido y sensibilidad no es tanto una reinterpretación para el siglo XXI –como lo fue Cumbres borrascosas de Emerald Fennell con Margot Robbie y Jacob Elordi– si no una visión sólida y fiel, realizada con delicadeza y un temperamento clásico. Visualmente, de hecho, se asemeja más a películas como Barry Lyndon, de Kubrick, con su predilección por la luz natural y los detalles de época sin adornos, que a los remakes modernizados que van directos a las plataformas de streaming.

Lo que más llama la atención, sin duda, es su arriesgada puesta en escena. La yuxtaposición del mundo salvaje y desaliñado que irrumpe en la civilidad de estas refinadas mujeres georgianas es una obsesión para la cámara de Oakley y el diseño de producción pastoral, casi primigenio, de Francesca Di Mottola.

Sin duda, se refleja en la mirada vivaz y decidida de la joven Esmé Creed-Miles. Recién llegada a la pantalla, la interpretación de Marianne por parte de Creed-Miles se presenta en el extremo opuesto al de Kate Winslet, pero no por ello equivocado. Prácticamente descalza y salvaje, pero nunca del todo desaliñada, corre por un bosque que se ajusta a esta concepción más estoica de las Dashwood y demuestra esa pasión desmedida con la que desea vivir.

En el extremo opuesto, Daisy Edgar-Jones interpreta a Elinor –otrora Emma Thompson– la hermana práctica, con la dosis justa de fuego contenido. Siempre ajusta sus expectativas a la realidad, y por mucho que ame a Edward Ferrars (un George Mackay sobresaliente), no se resiste demasiado cuando se entera de que tal vez tenga que renunciar a él. Edgar-Jones, ya con esa estela de joven delicada, vulnerable y melancólica que demostró en Normal People o La chica salvaje, nos da pistas sobre el anhelo reprimido, pero solo en destellos. «Yo no oculto nada, tú no muestras nada», le llega a decir Marianne.

Fotograma de Sentido y Sensibilidad

Edgar-Jones consigue hacer a Elinor reservada sin mostrarla retraída; podemos ver cómo anhela desear más. En una época de expectativas reducidas —para el cine, para el romance, para casi todo—, tal vez sea la heroína de Austen que necesitamos, lista para liberarse de la caja que se ha construido a sí misma tal y como hizo Keira Knightley con la versión de Orgullo y prejuicio de Joe Wright. Austen sabía de lo que hablaba, y el tiempo no ha mermado su sabiduría.

Si bien la última versión de Sentido y sensibilidad necesita el paso del tiempo para demostrar su vigencia frente a la emblemática película de Ang Lee de 1995, los fans de Austen quedarán satisfechos. Al igual que, con suerte, quienes descubran por primera vez sus personajes y ambientación meticulosamente retratados, que pueden reflejar nuestras propias concepciones contemporáneas del amor verdadero y el cortejo armonioso.