25 de septiembre de 2022

Santiago Juega posa en el puerto coruñés con un ejemplar de su libro 'Periplo al Maluco. La Casa de Contratación de Especiería A Coruña 1522-1529'

Santiago Juega posa en el puerto coruñés con un ejemplar de su libro 'Periplo al Maluco. La Casa de Contratación de Especiería A Coruña 1522-1529'Novo

Entrevista

Santiago Juega: «España se anticipó cuatro siglos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos»

El autor de Periplo al Maluco. La Casa de Contratación de Especiería A Coruña 1522-1529 reivindica que fueron ocho españoles los que hicieron la segunda circunnavegación a la Tierra y no Drake, como sostienen los ingleses

Santiago Juega Puig (Pontevedra, 1952) acaba de publicar Periplo al Maluco. La Casa de Contratación de Especiería A Coruña 1522-1529 (Ediciones Boreal).
–¿Cuál es el origen del libro?
–En unos meses estaremos celebrando el quinto centenario de la concesión de Carlos I a la ciudad de La Coruña de la Casa de Contratación de Especiería, y eso es lo que hay que subrayar de entrada. Es una oportunidad única para recordar este hecho.
–Un hecho muy ligado al viaje de Elcano.
–Absolutamente. Elcano regresa a España el 6 de septiembre de 1522. El día de Nochebuena de ese mismo año, el Rey, Carlos I, crea la Casa de Contratación de Especiería. A pesar de lo lentísimos que eran todos los aparatos burocráticos, en este caso es fulminante. La expedición de Elcano, a pesar del coste terrible en vidas y en barcos, fue un gran negocio. El Rey lo comprendió, y entendió que había que trabajarlo urgentemente. Hay que pensar que por entonces contaba con unos buenos consejeros flamencos que estaban deseosos de entrar en negocios lucrativos.
–Había que ser rápido. España y Portugal se estaban disputando el Maluco.
–El Tratado de Tordesillas estableció una línea de demarcación a 370 leguas de Cabo Verde. Lo que estaba al este era portugués; lo que estaba al oeste, español. Es el reparto del mundo que hacen los que entonces eran las dos potencias navales de la época, y que ambos países respetan de forma escrupulosa. Además, tenía el visto bueno del Papa, y eso iba a misa. Pero el problema es que el Maluco, que es como se denominaba popularmente a las islas Molucas, no estaba en el Atlántico, estaba en el impreciso límite entre el Índico y el Pacífico. Hubo varias reuniones entre españoles y portugueses y no se llegó a ningún acuerdo, porque nadie estaba dispuesto a ceder. Y es por eso que empiezan las expediciones.

En ocasiones se ha dicho que la casa coruñesa era una filial de la sevillana. No es así. Existe una rivalidad brutal entre ellas

–¿Se trata de llegar primero?
–No exactamente. Porque los portugueses ya estaban. De hecho, cuando estuvo allí Elcano y cuando llegó la siguiente expedición española, Portugal ya tenía construida una fortaleza de piedra en una isla. Los españoles van allí a intentar derribar eso y hacerse con el control de las especias.
–Vamos a situarnos. La Casa de Contratación de Especiería es el equivalente coruñés a la Casa de Contratación sevillana. La primera, para el Maluco. La segunda, para América.
–Así es. En ocasiones se ha dicho que la casa coruñesa era una filial de la sevillana. No es así. Existe una rivalidad brutal entre ellas. De hecho, los sevillanos protestaron porque veían peligrar el negocio que se intuía que podía haber ahí, porque lo querían controlar ellos. Pero se le concede a Coruña.
–Por la presión de la nobleza gallega.
–También están los nobles flamencos que vienen acompañando a Carlos I en su viaje a Galicia. Quieren entrar en la Casa de Contratación de Indias, pero los sevillanos no les dejan. Es por ello que le sugieren al Rey que genere una nueva Casa de Contratación. Además, hay una lógica geográfica y estructural. El de Coruña era un puerto totalmente distinto al de Sevilla. Y el principal mercado de las especias era el Norte de Europa, y a esa gente le venía mucho mejor venir a Galicia que no pasar el terrorífico cabo Finisterre y después el de San Vicente para llegar a Sevilla.

Las especias solo se producían en origen en siete islas muy pequeñas y muy próximas, las islas Molucas. Era un producto extraordinariamente caro por ese motivo

–Esto de las especias cuesta entenderlo desde la perspectiva de hoy. Acabo de ir al supermercado y ahí están todas alineadas y a mi disposición, en sus tarritos…
–¡Y tan baratas! Las especias solo se producían en origen en siete islas muy pequeñas y muy próximas, las islas Molucas, y todos tenían que ir ahí inexorablemente. Tenían el monopolio de la producción. Y el que las compraba allí tenía el monopolio de la distribución. Era un producto extraordinariamente caro por ese motivo. Había mucha carne en la época, pero siempre era carne cocida, carne cocida, carne cocida… Pero si le echas un poquito de pimienta, cambia el sabor. Si le echas nuez moscada, también.
–Hablemos de las expediciones que partieron del puerto coruñés con motivo de la creación de esa Casa. La primera es la de Esteban Gómez.
–Era un gran marino portugués que acompañó a Magallanes, pero en el estrecho, vistas las dificultades, se convierte en desertor y regresa a España, donde lo juzgan y lo meten en la cárcel. En el juicio dijo que aquel paso era impracticable y que había que buscar otro por el norte.
–O sea, por Norteamérica.
–En un límite impreciso entre lo que hoy son Estados Unidos y Canadá. No se sabía muy bien qué había ahí. Cuando regresa Elcano y cuenta las dificultades que ha tenido le están dando la razón a Esteban Gómez. Entonces el Rey le dice: ‘Vale, coge una carabela y vete a ver qué encuentras por ahí arriba’. Evidentemente no encontró el paso. Es el único explorador, no obstante, que buscó el paso por el sur y por el norte. Llega a un punto en que es consciente de que aunque hubiese un paso no iba a ser realizable, así que regresa a Coruña. Para no venir con las manos vacías, captura un grupo grande de indios. Lo hace con la idea de venderlos. Llega al puerto coruñés con 58, pero el Rey dice que, según las leyes de Burgos de 1512, los indios son súbditos de Carlos I. Son ciudadanos libres, no son esclavos. Y ordena su inmediata liberación.

En 1545 se regula el trabajo que tenían que hacer las mujeres embarazadas, que a partir del cuarto mes de gestación no podían trabajar

–Los de la «leyenda negra» española van a fibrilar con esto que me cuenta.
–Esto es así porque fueron capturados en tierras que, según el Tratado de Tordesillas, pertenecían a España. En 1545, en una ampliación de las leyes de 1512, se regula incluso el trabajo que tenían que hacer los indios, el que tenían que hacer las mujeres embarazadas, que a partir del cuarto mes de gestación no podían trabajar, y que hasta que el niño cumplía tres años solo podían hacer trabajos domésticos. Los menores de 14 años también tenían regulados el tipo de trabajo que podían hacer. Esto no tiene antecedente en ninguna legislación mundial, no hay nada ni parecido. Tanto es así que estas leyes se consideran un antecedente de la legislación laboral actual y de la Declaración Universal de Derechos Humanos que firmó la ONU en París en 1948. España se anticipó cuatro siglos al espíritu de esa declaración.
–¿Qué fue de esos indios?
–Los recogieron particulares e instituciones religiosas. Entre los primeros, el gran cartógrafo Diego Ribeiro.
–Que elabora en la ciudad coruñesa un mapa fundamental.
–La expedición de Esteban Gómez tuvo dos grandes aportaciones, y una de ellas es que trae muy buena información cartográfica, que aprovecha Diego Ribeiro, que había sido cartógrafo de la Casa de Contratación sevillana pero está trabajando en la coruñesa de 1524 a 1528. En 1525, Ribeiro elabora el primer mapa del mundo que representa las islas Molucas en el extremo este y en el extremo oeste para mostrar la esfericidad de la tierra. Ahora se llama el Planisferio de Castiglioni porque posteriormente el Rey se lo regaló a un alto cargo vaticano que se apellidaba así. Se conserva en una biblioteca de Módena.

La expedición de Loaísa tiene como piloto mayor a Elcano. Zarpan siete barcos del puerto coruñés. Llega más o menos bien hasta el estrecho de Magallanes, pero allí empiezan los problemas gordos

–¿Cuál es la otra aportación?
–No había paso al Maluco practicable, para hacer todos los días, ni por el sur ni por el norte. Es por ello que el Rey, Carlos I, manda que se haga un estudio para construir un canal. Es decir, el actual canal de Panamá ya está en la mente del monarca. Aunque por problemas técnicos después no se pudo construir. Como no se podía construir el canal, buscaron otro sistema: los barcos salen de España llegan hasta Veracruz, en la orilla atlántica. De Veracruz hasta Acapulco se habilitó un camino de 80 kilómetros de longitud y en esta última ciudad se reembarcaban tanto mercancías como personas a bordo de otros barcos que habían sido ya construidos en el Pacífico. Esto pasaba tanto a la ida como a la vuelta.
–La siguiente expedición es la de Loaísa, en 1525.
–Que lleva como piloto mayor a Elcano. Zarpan siete barcos del puerto coruñés. Llega más o menos bien hasta el estrecho de Magallanes, pero allí empiezan los problemas gordos: el mayor es que el barco capitaneado por Elcano se hunde. Hay dos deserciones: uno de los barcos pretende llevar al Maluco por el cabo de Buena Esperanza, lo que estaba prohibido por el Rey; nunca más se vuelve a saber de él. Otro pretende volver a España, y lo consigue tras muchos avatares; llega con 22 indios, que como habían sido capturados en Brasil pudieron ser vendidos como esclavos. Cuatro barcos sí cruzan el estrecho, pero a los cinco días de entrar en el Pacífico una terrible tormenta los separa y no se volvieron a encontrar nunca más.
–¿Qué es de ellos?
–El pequeño patache Santiago, que no tenía casi comida ni agua porque dependía de la nao capitana, Santa María de la Victoria, comprende que su misión es imposible y decide hacer una singladura increíble. De la América del Pacífico solo se conocía un puntito en Panamá, el que había descubierto Núñez de Balboa, y algo en México. Hacia ahí se encaminaron y lograron atravesarla hasta llegar a Acapulco, donde se encontraron con Hernán Cortés, que comprende, gracias a la hazaña del patache, que ese mar es navegable.

Cuando llegaron al Maluco se habían muerto 40 hombres. En el camino fallece Loaísa y lo sustituye Elcano, quien muere a los cinco días

–¿Y la nave capitana?
–Fue achicando agua noche y día gran parte del camino. Después aparece el escorbuto y, por tanto, la muerte. Cuando llegan a Guam, se encuentran a un desertor de la expedición de Magallanes, Gonzalo a Vigo, que incorporan a la expedición por su gran conocimiento de aquellas islas. Cuando llegan al Maluco, los portugueses ya estaban establecidos en otra isla, y empieza entonces la pugna directa, que se prolonga durante varios años. Para entonces, los españoles ya estaban muy mermados: al entrar en el Pacífico, la nave capitana transportaba a 145 hombres. Cuando llegaron al Maluco se habían muerto 40. En el camino fallece Loaísa y lo sustituye Elcano, quien muere a los cinco días. Se van quedando sin hombres, sin pólvora, sin ropa.
–¿Cómo se resuelve el conflicto?
–En 1529, el Rey portugués y el Rey español arreglan sus asuntos, pero no se le comunica a esta gente que estaba allí luchando y muriendo.
–Son unos «últimos de Filipinas».
–Exactamente, solo que 360 años antes, y en un paraje muy próximo, porque estas islas están al sur de las Filipinas. La lucha cesa cuando un capitán portugués le entrega unos documentos al capitán español donde dice que los Reyes han arreglado. A los dos años se confirma.
–¿Por qué cedió España?
–La decisión fue muy criticada. Carlos I tenía guerras con Francia y con Italia, y estando en esta situación aparece Lutero, y entonces los nobles alemanes se convierten casi todos al luteranismo. Para completar el cuadro, todas las ciudades del Norte de África estaban en armas contra España. Eran gastos enormes, y por eso vende sus presuntos derechos sobre el Maluco a los portugueses a cambio de una cantidad de dinero. Además, el Rey portugués estaba casado con una hermana de Carlos I, y Carlos I estaba casado con una hermana del monarca portugués. Por si fuese poco, eran primos carnales.
–Nos queda hablar de la San Lesmes.
–Cruzó el Pacífico y no se supo nada más de ella. A finales del XVIII, apareció en una isla de la Polinesia francesa una gran cruz de madera muy antigua. Se investigó y se concluyó que el único barco que pudo haber puesto esa cruz era la San Lesmes. Ahí quedó el asunto hasta que a principios del siglo XX aparecieron unos cañones de bronce del siglo XVI que se atribuyeron a esa misma carabela. Un profesor australiano, Robert Landon, empieza a investigar y concluye que la San Lesmes estuvo allí y que tuvo una influencia total y absoluta en muchísimas islas de la zona.

Los ingleses dicen que la segunda circunnavegación a la Tierra la hizo Drake, pero es mentira: fue española

–Es un buen final.
–Puedo poner otro epílogo fantástico.
–Cuente, cuente.
–Cuando se comprueba que España y Portugal están en paz, los portugueses deciden repatriar a los españoles. Solo quedaban 17. Dos decidieron quedarse allá. En el viaje hubo muertos y a Lisboa en 1536 solo llegaron ocho, entre ellos el capitán Hernando de la Torre, y el segundo de a bordo, Urdaneta, que se trajo a una niñita que había tenido con una indígena. Los ingleses dicen que la segunda circunnavegación a la Tierra la hizo Drake, pero es mentira: fue española. Estos ocho hombres fueron los que hicieron la segunda circunnavegación a la Tierra.
–¿Es ese el epílogo fantástico?
–Hay más. Andrés de Urdaneta volvió a España, después de pasar por Lisboa, y se fue a Guipúzcoa con su niña, Gracia, y regresó a la vida de emociones intensas. Tuvo cargos importantísimos sobre todo en México. Pero cuando se enteró que su hija se había casado se metió monje agustino. Estaba en ese período de tranquilidad cuando recibió una carta de Felipe II en la que éste le pedía que localizase el camino de vuelta entre Filipinas y México. Era relativamente fácil ir de América a Asia, pero hasta entonces nadie hacía conseguido volver de Asia a América. En 1564 sale de América la expedición de Legazpi, que iba allá a fundar ciudades en Filipinas, y lo acompaña Urdaneta. La misión de éste no era el viaje de ida, sino el de vuelta. Regresó en un galeón, el San Pedro, capitaneado por un nieto de Legazpi, Felipe de Salcedo, de 18 años. El piloto era Urdaneta, que prácticamente todo el conocimiento que tenía de los vientos y de las corrientes lo aprendió en los once años que permaneció en la expedición coruñesa de Loaísa, de 1525 a 1536. Consigue llevar el San Pedro hasta Acapulco, y así se inaugura la conexión entre Asia y América, hay empezaba la gran pasión de El Galeón de Manila, la primera globalización del mundo, la ruta que conectaba tres continentes (Asia, América y Europa) a través de dos océanos.
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