Dora Diamantova
Esta mujer sabe cómo fue la muerte de Kafka porque murió en sus brazos
Dora Diamant fue el último amor de Frank Kafka y la persona que mantuvo en secreto muchos documentos del autor
La enfermera Anna vio morir a muchas personas, pero nunca olvidó la muerte del autor checo, Franz Kafka, un 3 de junio de 1924.
Muchos años después, la enfermera declaró a BBC lo que presenció en en el último suspiro de vida del extraordinario escritor de La Metamorfosis.
Kafka y su doctor, Robert Klopstock, habían acordado que en «la última hora» hiciera salir de la habitación a su compañera, Dora Diamant, para no verle agonizar. Pero al administrarle al paciente la morfina, empezó a llamar a Dora, que entró corriendo a la habitación. Todos pensaron que ya había muerto, excepto Dora, quien le susurró que oliera las flores que tenía para él. Y Kafka las olió para fallecer, instantes después.
Una presencia omitida
Sin embargo, los relatos oficiales omiten la presencia de esta mujer, que fue la última amante de Kafka y quien descubrió a un hombre distinto al de sus libros
Dora Diamant pertenecía en una familia jasídica polaca. Tras negarse a casarse con un hombre que su padre había escogido para ella, se fue de la casa y emigró a Alemania.
En Berlín fue voluntaria en un campamento para niños refugiados de Europa del Este que se organizó en el verano de 1923, en Graal-Müritz.
Allí, frente al mar Báltico, Dora vio a un hombre en la playa que estaba con una mujer–su hermana– y los hijos de ella de vacaciones.
Un día después, mientras estaba en la cocina, vio una sombra. Al darse la vuelta, descubrió que era el mismo hombre. La miró, le sonrió y sus primeras palabras para ella fueron: «Unas manos tan delicadas y tiene usted que hacer un trabajo tan cruento». Y comenzó la historia de amor
«Kafka, de 40 años y Dora, de 25, estuvieron juntos tres semanas.Pero ya sabían que se encontrarían en Berlín.
Un hombre feliz
Kafka, enamoradizo empedernido, no prosperaba en sus relaciones, fruto quizá de la inseguridad que le producía la negativa relación con su padre. Hasta que conoció a Dora
Como señaló a BBC , el biógrafo Michael Kumpfmüller, «ella no le exigió nada excepto su mera existencia y él se sintió libre con ella» y recuerda que «Kafka era tímido y de mente abierta al mismo tiempo. Creo que sintió que eran parecidos, perdidos y fuertes, dispuestos a correr los riesgos del amor».
En muchos sentidos, ella fue una inspiración para Kafka, «era una mujer única, independiente, que tenía bastante claro lo que quería en la vida».
Por su parte, Kafka aprendió mucho de Dora, de las historias que ella le contaba, de las tradiciones narrativas jasídicas que conocía. Incluso Max Brod, el mejor amigo de Kafka, dijo que Dora lo había perfeccionado.
Como recuerda Kumpfmüller, «Kafka siempre pensó que la vida y el arte eran antagónicos; que no podías tener ambos. Con Dora supo que estaba totalmente equivocado en esa suposición, que la vida y el arte son compatibles». La muchacha consiguió revertir el pensamiento de su amado.
Cambiar a Kafka
Para Dora, Kafka era un ser extraordinario, comprometido con su prójimo a un nivel existencial. Y eso fue lo que la enamoró, nada tuvo que ver su talento como escritor.
Al filósofo Felix Weltsch le confesó que «vivir con Franz un solo día valía más que toda su obra».
Tras la muerte de Kafka, Brod le preguntó si había conservado algo, pero ella mintió para honrar el deseo del escritor que no quería que dichos escritos fueran públicos aunque, secretamente, salvó decenas de cartas y 20 cuadernos.
En 1998, Kathi fundó el Kafka Project en la Universidad de San Diego (EE.UU.) con la misión de recuperar los textos perdidos del escritor centenario.
Tras la muerte de Kafka, Dora se dedicó a la actuación profesional, se unió al Partido Comunista alemán y se casó con Lutz Lask, con quien tuvo a su hija, Franziska Marianne.
Los nazis arrestaron a Lask, pero logró escapar a la Unión Soviética, donde se reunió la familia.
Después de ser acusado de ser un «saboteador trotskista», fue condenado y enviado a Siberia. Dora y su hija consiguieron huir y llegar a Inglaterra en 1939.
Murió a los 54 años en 1952. La lápida de su tumba, en un cementerio de Londres, tiene las palabras de Robert Klopstock, el médico de Kafka: «Solo quien conoce a Dora sabe lo que es el amor».