Fundado en 1910

Fachada del Museo Nacional del Prado, en MadridEuropa Press

Más allá de Velázquez y Goya: cinco artistas menos conocidos que alberga el Museo del Prado

La pinacoteca madrileña es hogar de las obras de pintores y escultores a los que, quizá, la historia del arte haya pasado por alto

El Museo del Prado es una de las pinacotecas más importantes del mundo. Sus muros albergan, tanto en exposición al público como ocultas, algunas de las obras más prestigiosas de los autores más famosos de la historia del arte, de Rafael a Durero, de Velázquez a El Bosco, de Goya a Rubens.

Es fácil perderse en las galerías y los pasillos de la inabarcable colección del Prado y dejarse llevar entre los colores de Tiziano y la oscuridad de Caravaggio, entre el dolor que representó Rogier van der Weyden y el misterio del caballero del Greco.

Los altos techos del museo cobijan auténticos tesoros, y las esculturas de Velázquez, Goya y Murillo franquean las entradas a una pinacoteca que es patrimonio de la humanidad.

Pero los grandes nombres de artistas no son solo lo único de lo que se nutre el Prado. La pinacoteca es hogar, además, de otras obras de autores que, quizá, la brillantez y el esplendor de piezas como Las Meninas haya eclipsado.

Antonio de Pereda

A pesar de su corta vida, Antonio de Pereda fue un pintor prolijo que empezó desde bien pronto a manejar los pinceles. La maestría le venía de familia, pues su padre fue un pintor vallisoletano modesto que falleció, igualmente, pronto.

Tras la muerte de uno de sus mecenas, Pereda se alejó de los ambientes cortesanos y enfocó su pintura principalmente en dos áreas: la religiosa, «tanto de pequeño tamaño para oratorios privados como de altar para diferentes órdenes», destacan desde el Museo del Prado, y las naturalezas muertas.

Algunas de sus obras más destacadas son San Jerónimo, Cristo, Varón de Dolores o La Anunciación.

Juan Carreño de Miranda

Quizá el nombre no sea tan conocido como otros, pero fue el pintor de un rey. En concreto, de Carlos II desde 1669. Desde entonces dedicó gran parte de su carrera a retratar a la familia real.

Carreño de Miranda fue autor de frescos, dibujos y un prolijo pintor sobre lienzo, especializado en temática religiosa y en retratos de la corte. «Aunque de origen hidalgo, su imbricación familiar con el medio artístico fue siempre fuerte, como demuestra el hecho de que fuera sobrino y yerno de sendos pintores», destaca el Prado.

Sus cuadros más reseñables son Judit y Holofernes, Mariana de Austria, reina regente o el retrato de Carlos II.

Luis Salvador Carmona

La técnica escultórica de Salvador Carmona fue descubierta por un canónigo segoviano, que facilitó el traslado del joven a Madrid para su enseñanza. Tras concluir su etapa de aprendizaje, a lo largo de su carrera llegó a producir unas 500 piezas, según datos del Prado.

Trabajó en el Palacio Real de Madrid o en el Real Sitio de La Granja. Y él, y su taller, llegó a ser «el escultor de imágenes devotas para las iglesias de Madrid». Su gran producción «le llevó a un estado tal de agotamiento que la junta de la Academia de San Fernando solicitó su jubilación en 1766, por imposibilidad física para seguir trabajando».

San Isidro Labrador, San Dámaso y San Jerónimo o Cristo crucificado son algunas de sus piezas más célebres.

Francisco Antolínez y Sarabia

Antolínez fue un pintor que no firmaba porque se presentaba como abogado, que era su profesión principal. No obstante, su gran curiosidad intelectual le llevó a iniciarse en la pintura, campo en el que destacó con cuadros de pequeño formato.

Vivía de sus pinceles, y, aun así, la única obra que firmó fue La Adoración de los pastores, que se encuentra en la catedral de Sevilla. «A partir de esta obra, se le han atribuido otras semejantes, generalmente de reducido tamaño y acusado sentido decorativo, que forman series de temática religiosa», señala el museo.

Además de esta, otras piezas que se le atribuyen son La Presentación de la Virgen, La Anunciación o La Natividad.

Vicente López Portaña

Destacado pintor de obras de temática histórica y religiosa. Ganó un primer premio de la Academia de San Fernando con Los Reyes Católicos recibiendo una embajada del rey de Fez. Dedicó buena parte de su carrera a desarrollar la pintora histórica española, con obras como Fernando VII con el hábito de la orden del Toisón de Oro.

«Hasta su vejez, conserva inalterables sus excepcionales dotes técnicas, que le permiten continuar su incansable actividad de pintor y dibujante hasta pocos días antes de su muerte», destacan desde el Prado.

Además de sus contribuciones a la pintura histórica, López Portaña es recordado por su retrato de Goya, titulado El pintor Francisco de Goya.