Fundado en 1910

Hugo Ball en 1916Wikipedia

Hugo Ball, el fundador del dadaísmo que rompió con el nihilismo vanguardista para volver a la fe

El poeta alemán se convirtió al catolicismo en 1920, desencantado de las ideas que ayudó, en realidad, a germinar

El siglo pasado puede describirse fácilmente como convulso en todos los ámbitos, y el arte no fue una excepción. A principios del XX, Europa parecía sumergida en una espiral de violencia y desarraigo. Y de ese contexto son hijas las vanguardias, los movimientos artísticos que caracterizaron aquellos años.

Quizá las más célebres en España sean el surrealismo y el cubismo, por los grandes ejemplos de Dalí y Picasso. Pero hubo otra que triunfó por su radical ruptura estética y su gran crítica a la lógica y las estructuras sociales: el dadaísmo. Y el padre fundador de este movimiento fue un poeta alemán llamado Hugo Ball.

Ball asumió sus propios preceptos y abrazó el caos de lo absurdo. Fue figura central de la corriente rupturista y nihilista del dadaísmo. Pero el camino que recorrió a través de las ideas que fundó, de pensar su propio pensamiento, le llevó a la conversión al catolicismo.

El poeta fue el ejemplo de las contradicciones de su tiempo, que supo superar para llegar a la espiritualidad reflexionada. Es la síntesis de tradición y vanguardia, de rebelión y fe. A pesar de su burla inicial a cualquier forma de lógica, acabó encontrando la lógica de la creencia para guiar su vida.

De la ruptura lógica a la trascendencia

A Hugo Ball le gustaba vestirse de forma excéntrica para recitar poemas que no tenían sentido aparente. El dadaísmo para el fue la respuesta absurda al absurdo del mundo, al sinsentido del contexto violento de principios del siglo XX. Era la respuesta a la pregunta de por qué la civilización parecía haber perdido el alma.

Pero no hubo de pasar mucho tiempo sin que sus respuestas quedaran huecas. Ball se distanció del movimiento que ayudó a crear y se acercó de forma progresiva a la vida espiritual, impulsado por el desencanto que le acabaron inspirando los planteamientos nihilistas del dadaísmo.

Este camino de desapego hacia su criatura queda reflejado en sus diarios, publicados como La huida del tiempo. Y su camino le llevó, finalmente, a encontrar la fe. En 1920, únicamente cuatro años después de la eclosión de su vanguardia, se convirtió oficialmente al catolicismo e inició una etapa contemplativa que lo apartó de la vida pública para acercarle a la oración y al estudio.

La conversión del poeta alemán fue la culminación de su camino interior. Y su fe no era dogmática, sino intelectual, como se reflejaba en sus textos posteriores, como en Cristianismo bizantino: tres vidas de santos.

Ball rescató la espiritualidad y la tradición religiosa como una forma de resistencia cultural frente a la vorágine de acontecimientos que se vivieron en los primeros compases del siglo pasado. Y su mensaje se reviste de una actualidad ardiente en estos tiempos de relativismo líquido.

Su vida y su conversión son el testimonio vivo de que incluso dentro de una vanguardia nihilista y de ruptura, en su mismo corazón, de hecho, pueden brotar la fe y la búsqueda de la trascendencia.

A Hugo Ball lo hirieron su tiempo y sus circunstancias, y su forma de seguir adelante fue la religión. Fue un intelectual comprometido con sus creencias que se alejó de un absurdo que él creó como respuesta a sus inquietudes para abrazar la respuesta verdadera a su vida.