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El filósofo Arthur Schopenhauer, resfriadoImagen creada con IA

Filosofía para todos

Por qué pensar en la gripe te hará más feliz

La filosofía de Schopenhauer, profundamente pesimista, también puede servir como bálsamo

Como cada año, con la llegada del frío vuelve a nuestros hogares la gripe. La enfermedad suele hacer su aparición y, en el mejor de los casos, provoca unos cuantos días de fiebre, congestión nasal y un malestar general. Durante la convalecencia, lo único que se desea es recuperar la salud.

Este ejemplo de la gripe es perfecto para ilustrar la teoría de Arthur Schopenhauer sobre la felicidad. Según el filósofo alemán: «La satisfacción o la felicidad nunca pueden ser más que la liberación de un dolor, de una necesidad». Considerado el pensador pesimista por antonomasia, su concepción del deseo, la voluntad y el sufrimiento parte de la idea de que la vida está impulsada por una carencia constante.

En su obra El mundo como voluntad y representación explica que «toda satisfacción, o lo que normalmente se llama felicidad, siempre es propia y esencialmente negativa y nunca positiva». Volviendo a nuestro paciente griposo, Schopenhauer remarcaría cómo el padecimiento físico provoca un anhelo de salud que, al ser alcanzado, da paso a un breve estado temporal de alegría. Y pondría el foco en su brevedad puesto que, según su manera de concebir al hombre, «con la satisfacción cesa el deseo y, por lo tanto, el placer».

En su obra habla de cómo el sufrimiento se nos presenta de una manera inmediata. Sin embargo, el placer aparece al «recordar carencias anteriores» y el sentimiento que nos produjo su cese. Es decir, no reconocemos el valor de estar sanos hasta que la enfermedad llega a nosotros. Sin tanto entramado filosófico, el refrán castellano lo resumiría en: «Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde».

Así, es fácil alcanzar la respuesta a la pregunta con la que se inicia nuestro artículo: ¿por qué pensar en la gripe te hará más feliz? Schopenhauer, a pesar de su profundo pesimismo y el reconocimiento de que siempre aparecerán nuevos deseos o anhelos que impidan «una auténtica felicidad permanente», ofrece una posibilidad de «disfrutar los bienes presentes»: «El recuerdo de la necesidad, la enfermedad o la carencia vencidas».

Si al leer el primer párrafo de este texto has recordado aquel gripazo de hace un par de años, habrás sentido una ligera sensación de alivio que apunta en la dirección que señala el filósofo alemán. Si el artículo te pilla en cama y con la caja de ibuprofenos al lado, te queda el consuelo de pensar que, si Dios quiere, pronto experimentarás la felicidad de ver cómo la fiebre comienza a remitir.