Hugáceo Crujiente en una imagen de archivo
La drag queen que te muestra el Thyssen, presume de ignorancia pero subraya lo divertido que es su espectáculo
La visita guiada del drag queen Hugáceo Crujiente es una de las iniciativas más estrafalarias de un Thyssen rendido a lo woke
Se hace llamar Hugáceo Crujiente y es la drag queen con la que el Museo Thyssen ameniza algunas de sus visitas guiadas por sus colecciones.
El Debate ya se había hecho eco en octubre de 2024 de esta iniciativa de LabThyssen, sin embargo, el espectáculo de Hugáceo Crujiente vuelve a estar de actualidad por las declaraciones ofrecidas al diario El País.
Describe el país cómo Hugo Díaz (nombre real del actor que se encuentra detrás de Hugáceo Crujiente) ofrece una experiencia diferente a los visitantes que tienen la fortuna de lograr una plaza en su periplo guiado llena de color, ropajes estrafalarios, maquillaje imposible, abanicos, tacones corsés y plumas de faisán (o del pájaro que sea).
Y, sin embargo, las declaraciones recogidas por El País que más llaman la atención son en las que Hugáceo Crujiente reconoce su absoluta ignorancia de los cuadros que muestra al público, lo que revela su falta de formación para desempeñar el papel.
Y también confirma la sospecha de que poner a una drag queen con toda su parafernalia a explicar a obra de Picasso (autor que reconoce detestar) y demás maestros del Thyssen responde más a una cuestión ideológica que a una labor de divulgación cultural al servicio del visitante.
Cierto es que el visitante que se apunta a esta especie de circo sabe bien a lo que va. Aquí no hay ni trampa ni cartón.
Quizás por eso Hugáceo Crujiente no se atraganta cuando afirma en El País que «por mi mala memoria siempre voy con mis apuntes por si se me escapa alguna fecha», justo después de reconocer que no es historiador del arte y que ha aprendido de forma autodidacta.
También afirma con cierta amargura que «quería hacer una visita leyendo cuatro cosas, pero no, había que estudiar», un descubrimiento que compara con «darse contra la pared».
Esa falta de formación le lleva a identificar a Zeus con «todo lo malo que puede ser el patriarcado» al comentar El rapto de Europa, de Simon Vouet.
También trata de convencer a los visitantes de que los cuadros del Thyssen están llenos de «historias queer que no estaban contadas», motivo por el que decidió centrar su espectáculo «en visibilizarlas e ilustrarlas».
Con todo el actor se justifica: la falta de formación se compensa con la amenidad de su visita: «No suena aburrido, institucional, como una audioguía», sentencia.