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Portada de 'Entrada libre', de Jose Luis García MartínEdiciones Bajamar

El Barbero del Rey de Suecia

Ejercicios de Babel y más

En los mentideros literarios se habla sin cesar del poeta José Luis García Martín, pero casi nunca de su poesía. Su labor de crítico y antólogo opaca su labor literaria. Es lógico e injusto.

Se trata de la maldición del crítico, sobre todo en poesía, donde los otros críticos también son poetas. Si él habló bien de ti (y no te parece poco —que esa es otra—) y hablas bien de él en una reseña, te da miedo pasar por estómago agradecido. Si tienes que hablar regular, pareces displicente. Si el crítico habló mal de ti, pero lo tienes que poner bien, pareces sumiso; y si lo pones mal, vengativo. Si nunca te reseñó y lo pones bien, das la impresión de ser interesado o calculador; si lo pones mal, tienes la aprensión de cortejar el suicidio. El resultado es que, por prudencia o por pereza moral, se opta por no hablar nunca de la poesía del crítico. García Martín apenas se queja, pero es epigramáticamente consciente: «¿Te metí en mi antología / y en la tuya falto yo? / Una injusticia muy grande / pagas con otra mayor».

A pesar de todo, en la medida de mis posibilidades, no dejaré pasar desapercibido el último libro de García Martín: Entrada libre (Canciones, oraciones, iluminaciones y otras breverías) (Bajamar, 2025). Y eso, aunque el libro, además, no lo pone fácil. García Martín aprovecha su oficio (indiscutible) para coquetear —en este acarreo de textos breves, desde las coplas hasta el haiku, pasando por el aforismo— con la improvisación, para escribir trampantojos, para impostar la voz al modo de otros o para crear apócrifos. Se recrea a ratos en un tono a lo Campoamor de humoradas («De niño yo no sabía/ muchas cosas que ahora sé,/ pero sabía otras cosas/ que hace tiempo que olvidé») y de humorismos («Con qué poco me conformo: / casa, jardín, cinco hijos y una mujer que me quiera. / A Dios nada más le pido»). Su primera revista se llamó Jugar con fuego. Y sin duda que juega.

Pero también lo hace con fuego, esto es, con inspiración de verdad y un entusiasmo candente. Sólo que el crítico literario quiere que su lector sea también crítico y rebusque y encuentre. Esconde, a medias tímido y a medias orgulloso, su talento con su talento, proponiéndonos adivinanzas: «Quién habla cuando yo hablo / me gustaría saber, / a veces soy yo y a veces / quien no creo conocer […] que pone en mi boca cosas / que no acierto a comprender, / enigmas y trampantojos, / ejercicios de Babel […] y rompimientos de gloria». Asombra, cuando uno se fija, la presencia recurrente de Dios en un autor que presume de increyente. De modo análogo al aforista Ramón Eder, que ha apostado explícitamente por incluir en sus libros aforismos de diverso voltaje para que el lector tenga que andar atento, García Martín nos invita a rebuscar sus rompimientos de gloria. Yo escojo éstos:

***
He dañado a quien quise,
me dañan los que quiero,
hoy quisiera estar muerto.
*
…y añorar amores que no tuve.
*
En este café el tiempo
se sienta a pasar el rato
y yo le acaricio el lomo
como se acaricia un gato.
*
Sin prisa voy, y bien sé yo hacia dónde,
hacia el No Ser en donde el Ser se esconde.
*
La literatura, ese nombre que algunos le dan a la vida.
*
De lo que no existe conviene no hablar demasiado no vaya a ser que acabe existiendo.
*
Quien pierde el gusto por la comida suele perder también el gusto por la poesía.
*
Sin unas gotas de tedio de vez en cuando es imposible disfrutar de la vida.
*
Las alegrías son más
que las penas o son menos
según el día y la hora
en que hacemos el recuento.
*
Razonar es un deporte de élite.
*
¿Pero qué le voy a hacer
si la vida aún me quiere,
sino dejarme querer?
*
Como él [don Quijote], también confundo
lo vivido y lo leído;
como lo suyo, mi vida
es un sueño compartido.
*
Desde el fondo de una sima, todo es cima.
*
Yo ya no sé lo que quiero
ni si te quiero querer.
Si me muero, pues qué bueno.
Y si vivo, pues qué bien.
*
En la noche caminamos
sin miedo a lo que vendrá,
y entre las ramas Dios mismo
se asoma a vernos pasar.
*
Abracadabra.
¿Qué puerta se resiste
si tú sonríes?
*
Digo que no me quisiste
y que me quieres aún.
Me gusta contradecirme.
*
La llamita de la vela
tiembla como tiemblo yo
cuando despacio te acercas.
*
Me quieras o no me quieras
a mí me basta saber
que existes sobre la tierra.
*
Guardo un secreto
que nunca diré a nadie,
ni a mí siquiera.
*
Quien nos admira de verdad no puede ser mala persona.
*
Es bueno ser bueno, pero no es elegante que se note demasiado.
*
Le gustaba mentir, pero procuraba que se notase para no engañar a nadie.
*
Me encantaría ser un genio y no ser reconocido.
*
Ya no me quieres
y el amor que me tuve
se fue contigo.
*
Las cosas, en cuanto se pierden, aumentan de valor.
*
Hay un cuento que somos incapaces de contar hasta el final: el de la propia vida.
*
El pasado sólo importa si sigue siendo presente.
*
El tiempo y yo somos dos
buenos y malos amigos.
*
Pasa, tiempo, pasa, pasa
sin robarme lo que es mío,
dale cien vueltas al mundo
y a mí déjame en mi sitio.
*
¿Miente quien dice que miente?
Sólo si dice verdad
porque si miente no miente.
*
Tener yo no tengo nada,
querer yo lo quiero todo,
pero me conformaría
con que me quieran un poco.
*
Lo que digo no es mentira,
pero tampoco es verdad,
es otra cosa intermedia
que no sé cómo llamar.
*
Todos los poetas que amaste
y que te amaron
han vivido su vida,
casi toda su vida
lo mejor de su vida,

después de muertos.
*
…y esta extraña ventura
de envejecer sin prisa
año tras año.
*
No puedo morir dos veces,
sí puedo resucitar.