Un día de una gran nevada, Fosse, quedó atrapado en medio de la nevada y tuvo la sensación de estar en ningún sitio. El gruñido sordo de la nieve al pisarla rompía el denso silencio y causaba una sensación vaga y confusa que, con lazos indefinibles, lo unía todo. Una especie de poder mágico producía un silencio sombrío, denso, abrumador, que lo vaciaba de cosas y dejaba ver una realidad fantasmal. En esto, Fosse quedo deslumbrado por una visión que relucía más que la nieve. Eran sus padres a los pies de Jesús que hablaba con ellos. «Blancura» es la transfiguración de Jesús, tal cual nos da ha hecho llegar San Mateo (17, 1-9). En su día, los críticos hablaron de fantasmas, de un mundo kafkiano porque no entendieron que Fosse, como buen celta, y cristiano, cree que sus padres siguen vivos, están con Jesús y, dado el caso, pueden aparecérsele. Los cristianos no hablan con muertos sino con vivos que se han ido.