Juramento del futuro Fernando VII como príncipe de Asturias, por Luis Paret y Alcázar

Juramento del futuro Fernando VII como príncipe de Asturias, por Luis Paret y AlcázarWikimedia

Barcelona

Junts insiste en su revisionismo histórico y exige renombrar una calle de Barcelona por «monárquica»

Los de Carles Puigdemont reclaman que se cambie el nombre de la calle Ferran por el de Joan Fiveller

Junts, en su empeño de ser más republicanos y más contrarios a todo que ERC, ahora pretenden cambiar el nombre de una calle de Barcelona por su connotación «monárquica». Este viernes, llevarán al pleno del Consejo Municipal de Barcelona una iniciativa para renombrar la calle Ferran, en el centro de la ciudad, que lleva el nombre del rey Fernando VII.

Se trata de un monarca que, aunque muchas cosas hizo mal, hay que aplaudirle la idea que tuvo para con una Barcelona colapsada por las murallas y cuyo transito era cada vez más complicado por la densidad de población. Vamos a detallar la idea de Fernando VII, para que los políticos de Junts tengan un conocimiento histórico de lo que ocurrió en el siglo XIX.

Estamos ante un proyecto urbanístico que representó la transformación de Barcelona. La idea era crear un eje que rompiera con una asfixiada ciudad medieval y darle un toque de modernidad. Este eje es el que forman las calles Fernando, Jaime I y Princesa. Unía las Ramblas con la Explanada de la Ciudadela.

Nos tenemos que situar en aquella época. La ciudad era una olla a presión. En 202 hectáreas vivían unas 120.000 personas, superando los 50.000 habitantes por kilómetro cuadrado. La red de calles era muy estrecha y laberíntica, propia de la Edad Media. Esto dificultaba el comercio y la higiene. A esto hay que sumar el nulo crecimiento de la ciudad por culpa de las murallas.

A los carruajes les era prácticamente imposible ir desde las Ramblas a la Ciudadela. Por eso el proyecto. La primera sección del eje se inició durante el reinado de Fernando VII. La idea era facilitar el tránsito de mercancías y personas desde el puerto y las Ramblas hacia la carretera que iba al Vallés, Gerona y Francia.

Construir una calle ancha y recta permitía un mejor despliegue de las tropas en caso de revueltas populares, algo frecuente en la Barcelona de la época. Ese tramo en poco tiempo fue la calle más lujosa de la ciudad, instalándose joyerías y comercios exclusivos.

Vista de la calle Ferran, en la actualidad

Vista de la calle Ferran, en la actualidadWikimedia

La segunda fase es la calle Jaime I. Para llevarla a cabo se tuvo que reestructurar la actual Plaza San Jaime. Se remodelaron el Ayuntamiento y el Palacio de la Generalitat, se derrocó una iglesia y se amplió el ancho de la plaza. Con la apertura, el eje ya iba de las Ramblas a la actual Vía layetana, que no existía, pero sí la Plaza del Ángel, sede de la antigua cárcel.

El último tramo, llamado Princesa en honor a la futura Isabel II, completó la conexión hasta la Explanada de la Ciudadela. Este tramo fue fundamental para conectar el centro con el barrio de la Ribera y facilitar el acceso a los cuarteles militares. Este eje fue el primero que se realizó para modernizar y urbanizar una ciudad enclavada en la Edad Medieval. Luego vendría el Plan Cerdá y la Vía Layetana.

Barcelona aireada

¿Qué se ganó con ese eje? Por primera vez, el aire y la luz del sol penetraban de forma constante en una zona densamente poblada. Barcelona consolidó un centro comercial moderno, donde el escaparate y el paseo cobraron protagonismo frente al mercado tradicional. Como contrapartida la apertura del eje supuso la pérdida de numerosas casas señoriales y restos medievales que quedaron bajo la piqueta en favor de la línea recta.

Las obras del primer tramo se iniciaron en 1820, dándose por concluida en 1848. Participaron en el proyecto Josep Mas Vila, Francisco Vila y Francisco Daniel Molina, con un coste de 4 millones de reales de vellón. Se derribaron numerosas casas de origen medieval, muy estrechas y en mal estado, que se amontonaban en los límites de la antigua judería.

Se eliminaron o cortaron tramos de calles medievales como las calles de la Trinidad, Font de Sant Miquel, de l’Heura y de la Lleona. La Iglesia de San Jaime, que estaba en la plaza del mismo nombre, se trasladó a esta calle, conservándose como lugar de culto.

El segundo tramo se inició en 1849 y finalizó en 1853. Se encargaron de la obra Francisco Daniel Molina, Josep Oriol Maestras y Miquel Garriga Roca, con un coste de 1,2 millones de reales de vellón. Para ello, como hemos dicho, se transformó la plaza. Asimismo se demolieron 40 casas de viviendas particulares y pequeños talleres.

Miles de personas, desde humildes artesanos hasta pequeños comerciantes, se quedaron sin hogar ni sustento de la noche a la mañana. Desaparecieron las calles de la Cuchillería, de San Pedro, de San Martín, de la Virgen del Rosario y de la antigua Iglesia de San Jaime.

El último tramo se inició en 1852 y finalizó en 1853, inaugurándose el 19 de noviembre de ese año. Tuvo un coste de 3 millones de reales de vellón y la diseñaron los arquitectos Francisco Daniel Molina y Josep Oriol Maestras. Se derribaron más de 80 casas y varios palacios de origen medieval.

Desaparecieron fragmentos de la antigua Muralla de Mar y estructuras secundarias cercanas a la Ciudadela. Desaparecieron las calles de la Sombra, de la Esgrima y Volta d’Entex. Se seccionaron fincas y calles como Montcada. Al igual que con Jaime I, esta obra generó una enorme controversia porque rompió la unidad del barrio de la Ribera, creando una vía de lujo que contrastaba con la pobreza de los callejones supervivientes que la rodeaban.

La idea de Junts

La idea de Junts es que se vuelva a llamar, como de 1931 a 1939, Joan Fiveller, «conseller en cap» de Barcelona en el siglo XV. En 1416, como segundo conseller, encabezó una protesta ante el rey Fernando I de Antequera exigiendo que la casa real pagara el impuesto sobre el consumo de carne, el vectigal, del cual el monarca se consideraba exento.

Detalle de la estatua de Joan Fiveller, de Josep Bover, en el Ayuntamiento de Barcelona

Detalle de la estatua de Joan Fiveller, de Josep Bover, en el Ayuntamiento de BarcelonaWikimedia

La historiografía romántica de la Renaixença lo elevó a héroe nacional. Se llegó a decir que el disgusto por este enfrentamiento causó la muerte del rey, lo cual no es cierto. En definitiva, un héroe más de aquellos hombres de la Renaixença que se encargaron de reescribir la historia y ensalzaron a un personaje cuya trayectoria nada tiene que ver con el hombre que mató al rey de un disgusto.

Junts quiere cambiar su nombre para recuperar los valores republicanos de la ciudad y no dicen nada de su hija, la Princesa.

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