Detalle de 'La última comunión de San José de Calasanz', de Francisco de Goya.

Detalle de 'La última comunión de San José de Calasanz', de Francisco de Goya.Wikimedia

Barcelona

Una campaña quiere impedir que Barcelona sustituya por tortugas a un santo español admirado por León XIV

El Ayuntamiento de Barcelona prevé eliminar del callejero el nombre de san José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías

Hace dos meses, el Consejo de Distrito de Sant Martí, en Barcelona, aprobó una proposición del PSC para cambiar el nombre de la Plaza de San José de Calasanz por «Plaza de las Tortugas». Todos los grupos parlamentarios –excepto Vox, que votó en contra, y el PP, que se abstuvo– votaron a favor de instar a la Ponencia del Nomenclátor a iniciar los trámites para ello.

Se trata de una reivindicación de los vecinos del Camp de l’Arpa del Clot, que hace referencia a unos juegos infantiles con forma de tortuga que estuvieron en esta plaza hasta que se remodeló en los años 80. Hoy solo los recuerdan los veteranos y una escultura de acero instalada posteriormente, obra de Joan Bennassar.

La Plaza de San José de Calasanz, futura Plaza de las Tortugas

La Plaza de San José de Calasanz, futura Plaza de las TortugasGoogle Maps

Aunque el cambio de nombre no es firme –la última palabra la tiene la Ponencia del Nomenclátor, un órgano formado por cargos electos, técnicos municipales y representantes del tejido social–, el hecho de que haya sido el propio PSC, el partido que gobierna en Barcelona, quien haya propuesto el cambio de nombre apunta a que este se llevará a cabo en algún momento.

Como respuesta, el Observatorio para la libertad religiosa y de conciencia (OLRC) ha lanzado una campaña de recogida de firmas para impedir esta nueva «reescritura» del callejero. «Firma esta petición para solicitar al alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, que no siga eliminando las referencias cristianas del callejero», invitan desde el OLRC, criticando la «agenda laicista» del alcalde socialista.

La entidad advierte que Collboni acumula un historial en este sentido, y que no sería la primera vez durante esta legislatura que se eliminan nombres de santos de las calles de Barcelona. Ocurrió con las calles de Santa Magdalena, Santa Ana, Santa Rosa y Santa Ágata, en el barrio de Gracia, y también con los Jardines de Mossèn Cinto Verdaguer, rebautizados en 2025 como «Jardines de Jacint Verdaguer», eliminando la referencia a que era sacerdote: mossèn es «monseñor» en catalán.

Desde el OLRC recuerdan también la lucha de Junts por cambiar el nombre de la Plaza Urquinaona –dedicada a José María Urquinaona, conocido como el «obispo de los obreros»– por el de Francesc Ferrer i Guàrdia, un destacado pedagogo anarquista y masón. La entidad, además, trae a colación la lucha de los vecinos del Turó de la Peira por conservar su cruz o la retirada de la misa del programa de las fiestas de la Mercè.

Un santo admirado por el Papa

«Todo esto tiene un objetivo laicista radical que busca eliminar la religión, en especial la cristiana, del ámbito público», aseguran los impulsores de la campaña para que no se elimine el nombre de san José de Calasanz, el sacerdote aragonés que vivió entre los siglos XVI y XVII, fundó las Escuelas Pías y fue declarado patrono universal de las escuelas cristianas por Pío XII.

El Papa León XIV –que visitará Barcelona los días 9 y 10 de junio para bendecir la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, situada a unas pocas manzanas de la Plaza de San José de Calasanz– le dedicó a este santo un párrafo especialmente entrañable en su primera exhortación apostólica, Dilexi Te.

Retrato de san José de Calasanz, por Francisco Jover y Casanova

Retrato de san José de Calasanz, por Francisco Jover y CasanovaWikimedia

El santo aragonés, impresionado por la falta de instrucción y formación de los jóvenes pobres, abrió en el barrio del Trastévere de Roma la primera escuela pública y gratuita de Europa, germen de las Escuelas Pías. León XIV dice que Calasanz quiso «transmitir a los jóvenes la ciencia profana, al igual que la sabiduría del Evangelio, enseñándoles a descubrir en sus vidas la acción amorosa de Dios creador y redentor».

El Papa lo presenta como «el verdadero fundador de la escuela católica moderna», abierta a todos y centrada en la formación integral de la persona. Un legado que ahora podría desaparecer del callejero de Barcelona y ser sustituido por unos reptiles con caparazón.

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