La pintora Nuria de Bofarull
Arte
La pintora de Barcelona que envía obras de arte en carta por todo el mundo: «Como una newsletter, pero a mano»
Nuria de Bofarull lanza un proyecto de «resistencia poética» para recuperar la humanidad en un mundo despersonalizado
En una era marcada por la omnipresencia de pantallas y donde la comunicación entre personas a menudo avanza al ritmo frenético del pling de las notificaciones de WhatsApp, una pintora ha lanzado un proyecto revolucionario. O contrarrevolucionario: se trata de la artista de Barcelona Nuria de Bofarull, que ha impulsado una red de «cartas artísticas» por todo el mundo.
Según explica la autora del proyecto a El Debate, se trata de un «club» de personas que apoyan su trabajo y reciben, a cambio, cartas con pinturas únicas. «Es como una newsletter pero hecha a mano», ironiza Bofarull, señalando que la fisicidad del asunto –bautizado como Art Mail Club– hace que el intercambio «se vuelva algo íntimo».
«Hoy en día que todo está repetido y todo está hecho en serie, la gente lo valora mucho y las acaba enmarcando», explica la pintora. Sus sobres con pequeñas obras de arte llegan ya a más de diez países, entre los que se cuentan EEUU, Italia, Austria, Alemania, El Salvador, Colombia, Argentina o Chile, además de España. Se trata, señala, de recuperar «una forma de belleza pausada en medio de la inmediatez digital».
Cada mes, Bofarull envía desde Sabadell (Barcelona) decenas de cartas, que incluyen obras únicas e irrepetibles. «No es sólo arte, es una experiencia: un momento de conexión, de espera y de sorpresa», señala la pintora, que busca recuperar con este proyecto una noción a menudo olvidada de lo que «en definitiva» es lo que nos hace humanos. «Es una pequeña resistencia poética», dice, en un contexto marcado por los algoritmos, la automatización y la frialdad de la pantalla.
Nuria de Bofarull, junto a dos de sus obras
Los pequeños cuadros que Bofarull envía por correo responden a su proceso creativo, marcado por la búsqueda de un estilo personal que, en los últimos años, la ha llevado a explorar la abstracción. Según explica, tras una época vendiendo retratos por encargo, se «liberó» de prejuicios y se adentró en este campo, un arte no figurativo, basado en el ritmo, el color y la forma, en el que ella es «un instrumento en manos del ahora», dice.
Apuntarse a Art Mail Club cuesta 11 euros al mes, y las cartas se envían los primeros días del mes. «Cada pieza es distinta: una pincelada, un juego de pigmento, una textura nueva», señala la artista en la presentación del proyecto, apuntando que las obras están pensadas como «fragmentos de proceso» y como «pequeños gestos que nacen de la escucha y la contemplación». Dos palabras, de nuevo, a menudo demasiado revolucionarias para escucharlas en 2026.