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Los RamonesMichael Ochs Archives

Medio siglo de 'Ramones', el disco rudimentario que solo costó 6.000 dólares y cambió la historia del rock

Himnos raquíticos y memorables con títulos igualmente raquíticos y memorables como Blitzkrieg Bop, I Wanna Be Your Boyfriend o Judy is a Punk. Catorce canciones de los «hermanos» (no lo eran) Ramone: Johnny, Tommy, Joey y Dee Dee

Aunque no lo parezca es casi una historia típica de príncipes y princesas. En concreto de cuatro príncipes feos y enclenques y desarrapados, con las camisetas y los vaqueros rotos sobre sus canillas huesudas, sus zapatillas agujereadas, su flequillo de Los Beatles y las chupas de cuero idénticas.

Un buen cuadro que con el tiempo sería un clásico. Una fotografía de Los Ramones es como un cuadro impresionista. Una camiseta con su símbolo característico es «cool». Muchos de quienes la llevan ni siquiera han escuchado nunca una canción de los neoyorquinos. De feos a estéticos.

La cantante Avril Lavigne con una camiseta de Los RamonesGTRES

Hace cincuenta años que sacaron su primer disco, Ramones. Costó la irrisoria cantidad de 6.000 dólares en la sublimación de lo elemental. Casi parecía un chiste. Una guitarra, un bajo y una batería que parecía hecha de botes de Colón, el detergente, al que le cantaron Alaska y sus Pegamoides.

Los clásicos tres acordes «ramonianos» como si no supieran tocar o, mejor aún, como si no quisieran aprender empeñados en hacer aquel punk-rock paleolítico e irremediablemente pegadizo casi a base de golpear utensilios prehistóricos y cantar con melódicos gañidos.

Fue como si Gordon Lish, el temible editor de Raymond Carver, que redujo sus cuentos a impresiones míticas, también hubiera intervenido en las melodías de los Ramones para dejarlas en escuálidos testimonios que pasaron despercibidos y que a lo largo del tiempo, como los cuadros de Van Gogh, también se convirtieron en míticos.

Himnos raquíticos y memorables con títulos y letras y música igualmente raquíticos y memorables como Blitzkrieg Bop, I Wanna Be Your Boyfriend o Judy is a Punk. Así, catorce canciones de los «hermanos» (no lo eran) Ramone: Johnny, Tommy, Joey y Dee Dee. Han pasado cincuenta años y sus canciones valdrían hoy millones en subasta si fueran cuadros.

Lo más moderno en su crudeza, en su ruido antimoderno. No quisieron estar de moda y por eso consiguieron estar de moda para la eternidad. Y en su aparente machaconería y planicie musical hay melodías de valor incalculable, auténticas, sensibles, delicadas que crearon escuela: se podía hacer poesía bajo los golpes, poesía divertida como solo con un lápiz mordido y un pedazo rajado de papel.

El posterior rock de garaje que tantos grupos y fans a tenido en el punk-rock estadounidense se debe a Los Ramones, icono máximo que uno tuvo la suerte de ver y escuchar hace más de treinta años como teloneros de U2 en su gigantesca gira Zoo TV. Muchos habían comprado las entradas para verles a ellos y no a los irlandeses.

Estaban allí bajo aquella mastodóntica instalación con pantallas gigantes y coches Trabant colgados, con todos sus rudimentos, pequeños y al mismo tiempo grandes, resonando entre la parafernalia como en un sueño.

Eran Los Ramones, los de las canciones de dos minutos que siguen siendo jóvenes y que empezaban sin empezar y terminaban sin terminar y uno tarareaba y tararea emocionado por su grandiosa sencillez.